Alumnos y profesores boicotean la reapertura de los colegios en Birmania

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Cientos de miles de estudiantes y profesores birmanos boicotearon este martes la reapertura de los colegios para protestar contra la junta militar y su sangrienta represión.

Desde hace más de un año, la escuela primaria donde enseñaba Shwe Nadi en Rangún, la capital económica, ha permanecido cerrada debido a la pandemia de coronavirus.

Esta profesora no puede trabajar tras haber sido despedida por haberse sumado a la campaña de desobediencia civil contra el régimen militar.

El centro reabrió el martes, cuatro meses después del golpe de Estado que derrocó al gobierno de Aung San Suu Kyi, pero las clases corren el riesgo de quedar vacías.

"No tengo miedo de que me detengan o torturen", declara Shwe Nadi, quien habla con un nombre ficticio. Bajo ningún concepto iba a "enseñar propaganda a los alumnos".

La junta despidió a unos 150.000 profesores que entraron en la resistencia, es decir casi un tercio del total, según la prensa local.

Algunos han sido arrestados y acusados en virtud de una ley que prohíbe fomentar los motines o el incumplimiento del deber en las fuerzas armadas.

Birmania ha estado en crisis desde el golpe de Estado del 1 de febrero que puso fin a un paréntesis democrático de diez años. Se suceden las manifestaciones y los enfrentamientos entre los militares y las milicias ciudadanas y resurge la violencia en zonas de minorías étnicas.

El personal docente, con uniformes verdes y blancos, fue uno de los primeros en manifestarse contra la junta.

Muchos profesores secundaron el llamamiento a la huelga de trabajadores ferroviarios, médicos, ingenieros y obreros que paraliza sectores enteros de la economía.

Al menos, "mi alma permanece pura", subraya una profesora del estado Môn (sureste), que pidió el anonimato.

La joven lleva meses sin salario pero se niega a volver a dar clases después del derramamiento de sangre de las fuerzas de seguridad que han matado en los últimos meses a por lo menos 840 civiles, incluidos adolescentes y niños.

- "Traidores" -

Muchos estudiantes también participan en el boicot.

A finales de mayo, dos días antes del cierre de las inscripciones, el 90% de ellos no estaban registrados en un establecimiento, según el medio de comunicación Myanmar Now. Muchos padres temen que sus hijos sean adoctrinados.

En la ciudad de Sittwe (oeste), Htay Htay San es una de las pocas madres que llevó a sus hijos a la escuela, entre fuertes medidas de seguridad.

"Está abierto, entonces van, pero qué pasará (...) nadie está seguro", admite.

En todo el país tuvieron lugar manifestaciones para desalentar a las familias a ir a los establecimientos.

"¡No vayan a la escuela! ¡Dejen la escuela!", gritaban un grupo de manifestantes en Rangún, haciendo el saludo con tres dedos, símbolo de la resistencia.

También aparecieron mensajes en las fachadas de los establecimientos: "No queremos profesores que sirvan a los militares esclavistas", "no queremos traidores", se leía en el muro de un centro de secundaria en el centro de Birmania.

El lunes, un profesor que se había negado a sumarse a la campaña de desobediencia civil, fue asesinado por unos atacantes desconocidos, según el medio independiente DVB.

Algunas universidades reabrieron a principios de mayo pero las aulas permanecen vacías.

"Ningún amigo mío va a clase", afirma un joven birmano en Mawlamyine (sur), escenario de una brutal represión de las fuerzas de seguridad en febrero.

- "Generación amenazada" -

"Más de 12 millones de niños y jóvenes birmanos no han tenido acceso a un aprendizaje organizado desde hace más de un año", lamentaron UNICEF, la UNESCO y la oenegé Save The Children a finales de mayo en una declaración conjunta.

"La falta de acceso a una educación segura y de calidad amenaza con crear una generación entera que no tendrá la oportunidad de aprender".

El gobierno de unidad nacional, formado por opositores al régimen que se han pasado a la clandestinidad, busca una solución. En mayo anunció que trabaja en la creación de un sistema educativo paralelo.

Frente a esta crisis, la junta da una de cal y otra de arena.

Por un lado, la prensa oficial asegura que la semana de inscripción en las aulas en mayo transcurrió sin problemas.

Por otro, el régimen amenaza: "Alterar la apertura de establecimientos (escolares) es un acto que equivale a la destrucción del país".

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