Almacenamiento de residuos peligrosos: el legado envenenado del caso Stocamine en Francia

Adam PLOWRIGHT
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An employee walks in a mining gallery of the Stocamine project in Wittelsheim, eastern France.

Jean-Pierre Hecht, un minero del este de Francia, recuerda lo atractiva que sonó la idea cuando la escuchó por primera vez: convertir a una mina de potasa abandonada en algo útil y hasta ecológico.

En los años 1990, el grupo minero estatal MDPA llegó a Wittelsheim, en Alsacia, con la idea de almacenar residuos peligrosos en una mina de potasa de la zona.

"La idea consistía en almacenar los residuos, con la esperanza de que algún día algún instituto de investigación encontrara la forma de neutralizarlos permanentemente", explica Hecht a la AFP.

Pero el proyecto, conocido como Stocamine, acabó envenenando la vida local durante décadas.

Hecht, ya jubilado, se arrepiente de haber trabajado como supervisor de las obras.

"Se trata no sólo de poder mirarse al espejo, sino también de poder mirar a los ojos a los niños", dice.

Para él, como para el alcalde y buena parte de los 10.000 habitantes de Wittelsheim, la decisión del gobierno francés a finales de enero de confinar definitivamente allí los residuos dejó un sabor amargo.

"Nos han dado definitivamente el título de 'la ciudad menos glamurosa de toda Alsacia'", se lamenta el alcalde Yves Goepfert.

- Promesas engañosas -

En esta antigua ciudad minera con excavaciones en desuso, Stocamine dio la esperanza de crear empleos en un momento en que la desindustrialización golpeaba con fuerza a la región.

La época dorada de la potasa, una industria que llegó a emplear a 15.000 personas en su apogeo en la región, hacía tiempo que había pasado cuando empezaron a circular en la década de 1990 en Wittelsheim los folletos que promocionaban el proyecto.

Prometían puestos de trabajo y una "mina al servicio del medio ambiente" que utilizaría las gruesas capas de sal locales como mantas protectoras alrededor de los residuos.

La instalación obtuvo la autorización en 1997 por 30 años con la condición de que fuera "reversible", lo que para muchos significaba que las 320.000 toneladas de residuos previstas podrían trasladarse algún día.

En los tres años siguientes a su apertura, en 1999, se vertieron un total de 44.000 toneladas de residuos en galerías recién excavadas a 550 metros de profundidad.

- Sellar la mina -

Los residuos de la discordia son los residuos de las incineradoras, los subproductos de los laboratorios, las plantas de cromado o galvanizado, algunos de los cuales contienen amianto o mercurio.

Rápidamente comenzaron a surgir problemas. En 2002 se produjo un incendio en el subsuelo, probablemente causado por la fermentación de residuos orgánicos inestables, que los bomberos tardaron dos meses en extinguir.

El director del proyecto Stocamine y la empresa encargada de la obra fueron condenados en 2007 por "exponer directamente a un centenar de empleados a un riesgo de muerte o lesiones" mediante una "violación manifiestamente deliberada de las medidas de seguridad".

Abogados y activistas locales hacen campaña para que se limpie por completo el emplazamiento, que ha sido clausurado, ya que las sustancias tóxicas podrían contaminar la capa freática de Alsacia, una de las mayores de Europa.

Aunque la mina está muy por debajo del curso de agua, preocupan las infiltraciones y las inundaciones en las galerías.

"Hay que sacar todo", dice Yann Flory, portavoz del colectivo de defensa del medio ambiente Destocamine.

Desde 2014 se retiraron unas 2.000 toneladas de residuos contaminados con mercurio, considerados de especial riesgo, pero la ministra de Medio Ambiente, Barbara Pompelii, desechó recientemente las esperanzas de realizar más extracciones.

Se decidió sellar la mina y poner en marcha un sistema de control de la contaminación.

"Es lo más seguro para el medio ambiente y los trabajadores", estimó la ministra.

- Generaciones futuras -

Desde el incendio de 2002, Francia no tiene ningún lugar donde almacenar sus "residuos finales", por lo que se envían al otro lado de la frontera para ser depositados en minas alemanas, algunas de las cuales también podrían plantear problemas de contaminación, explica el geólogo suizo Marcos Buser.

Buser también plantea la cuestión de la responsabilidad hacia las generaciones futuras. "Si nos remontamos en la historia, en los años 1940 y 1960, los residuos especiales simplemente se hundían en el mar. Y nadie pensó que fuera a ser un problema", explica.

"Creo que ocurrirá exactamente lo mismo con los depósitos de las minas de sal. A casi nadie le interesa, pero esperemos 50 años. O quizás menos", advierte.

adp/meb/mar