Alma Reville, la gran mujer a la sombra de Alfred Hitchcock

Alfred Hitchcock y su esposa Alma Reville trabajaron mano a mano en sus grandes películas (Photo by James Andanson/Sygma via Getty Images)


La esposa del aclamado director fue, en realidad, su mejor asesora cinematográfica, montadora, guionista y directora en la sombra.

Si hablamos de Alfred Hitchcock todo el mundo que tenga unas mínimas nociones sobre cine le identifica. Su elegancia, su mirada y, por qué no decirlo, su prominente tripa son parte del ideario cultural de los cinéfilos así (y sobre todo) como sus películas.

Sin embargo si pronuncio el nombre de Alma Reville son muchos menos los aficionados al séptimo arte que la pueden reconocer y es que la esposa de Hitchcock eligió que así fuese. Talentosa y sofisticada, Alma quiso vivir alejada de la fama, detrás de la cámara y de su marido.

Sesenta años estuvieron casados Alfred y Alma y se amaron hasta el último de sus días. Su relación fue discreta (quitando los líos de faldas con las rubias de sus películas) y leal desde el inicio, cuando se casaron allá por 1926.

Pero la historia de Alma y su formación cinematográfica inicia mucho antes de conocer al renombrado director y es que ella, desde los 16 años, sabía que quería dedicarse a hacer cine. Y digo ‘a hacer’ porqué ella no soñaba con ser una de las actrices de moda sino la directora que grababa sus escenas.

El caso es que sus padres no veían claras las aspiraciones profesionales de la Reville adolescente e, intentando disuadirla, la metieron a trabajar como montadora en una productora. Allí no había ni fama, ni glamour, ni reconocimiento alguno más allá de las bobinas de celuloide y las duras horas de trabajo de edición… le encantó.

Fascinada por el montaje se convirtió en un nombre de peso a la hora de montar y empezó a ganar notoriedad ascendiendo hasta asistente de dirección. Al cambiar de empresa ya con este cargo, conoció a su futuro marido, Alfred Hitchcock.

Trabajaron en varios proyectos durante un par de años pero sus trabajos no iban mano a mano ya que Alfred no era director sino el chico que sostenía los tarjetones de las tomas a la hora de rodar. Pero, un día, Hitchcock se embarcó a dirigir su primera película y quiso a Alma como asistente.

Ella aceptó no sin antes pedirle una subida de sueldo a la que él accedió sin rechistes y, desde ahí, volaron a Alemania a rodar el film que acabaría en enamoramiento y boda. Desde aquel instante era inconcebible que Alfred rodara una sola toma o leyera un guión sin las anotaciones de su esposa y es que su visión del cine siempre le era inspiradora.

Juntos crearon grandes películas como ‘Sabotaje’, ‘Rebeca’ o ‘La sombra de la duda’ y, mientras Alfred ganaba notoriedad en Hollywood, Alma renunció a su carrera ‘pública’ por cuidar a su hija Patricia y estar en casa, eso sí, siempre ayudando a Alfred en la sombra.

Patricia recuerda como sus padres discutían amablemente sobre guiones, tomas, secuencias e incluso casting y, si Alma no quería a un actor, Alfred lo despedía de inmediato. Cabe destacar la fuerte influencia de Alma en una escena cumbre para el cine: la ducha en ‘Psicosis’.

Alfred Hitchcock apostaba por los gritos de la actriz mientras Alma insistió en que la estridente música de violines de Bernard Hermann era indispensable… ¡y afortunadamente Alfred cedió dando pie a la joya!



Hitchcock nunca ocultó el enorme talento y la admiración que sentía hacia Alma Reville, de hecho, explicaba que era ella la verdadera directora de sus películas y, aunque el director se llevó la fama a la tumba en 1980, meses antes tuvo un discurso que dejaba claros sus sentimientos:

“Pido permiso para mencionar por su nombre únicamente a cuatro personas que me han dado todo su cariño, su reconocimiento, sus ánimos y su constante colaboración. La primera de las cuatro es una montadora cinematográfica, la segunda es una guionista, la tercera es la madre de mi hija Pat, y la cuarta es la cocinera más excelente que haya obrado milagros en una cocina doméstica, y el nombre de las cuatro es Alma Reville. Si la hermosa señorita Reville no hubiera aceptado hace 53 años un contrato vitalicio sin opciones para convertirse en la señora de Alfred Hitchcock, es posible que el señor Alfred Hitchcock se encontrara en esta sala esta noche. Sin embargo, no estaría en esta mesa, sino que sería uno de los camareros más lentos de la sala. Quiero compartir este premio, como he compartido mi vida, con ella”.



Este discurso emocionante y sincero tuvo lugar meses antes de fallecer, cuando recogió el premio Logro Lifetime otorgado por el American Film Institute.

La historia de esta pareja personal y profesional es poco conocida y Alma Reville merece que más personas conozcan su fuerte influencia en un cine que a muchos nos ha marcado para siempre. ¿Conocías la figura de Alma Reville? ¿Crees que al recordar a Hitchcock ella tiene el lugar que merece en sus obras?


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