Espirulina: quiénes no deben tomar esta cianobacteria

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En el aspecto nutritivo, existen pocas dudas de su valor como alimento. Otra cosa es que sus partidarios la consideren prácticamente un remedio milagro para una enorme cantidad de enfermedades, algunas de ellas muy graves. (Foto: Getty)
En el aspecto nutritivo, existen pocas dudas de su valor como alimento. Otra cosa es que sus partidarios la consideren prácticamente un remedio milagro para una enorme cantidad de enfermedades, algunas de ellas muy graves. (Foto: Getty)

La espirulina no debe verse como la 'respuesta mágica' para equilibrar una dieta poco saludable. Aunque a priori puede parecer un alga muy beneficiosa, y la OMS la catalogara como un superalimento, no deja de ser un complemento para cuyo consumo conviene consultar al médico si se tiene algún tipo de enfermedad.

Un producto natural, por ser natural, no quiere decir que sea inocuo. Si algo produce efectos secundarios es porque está teniendo un efecto real en el organismo, positivo o negativo. Así que no te lances a las estanterías de Mercadona sin saber lo que estás comprando y sobre todo, de si a ti te viene bien tomarlo.

Además, según los expertos, no se debe aplicar el término 'superalimento', sino que lo que hay que saber es que existen alimentos con mayor o menor densidad nutricional.

Este alga microscópica es una de las formas de vida más antiguas de nuestro planeta, aporta cerca de 100 nutrientes y toma su nombre de su forma de espiral o hélice. Es un alga verdiazul, cultivada de forma natural en aguas cálidas alcalinas en climas subtropicales, que destaca por sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias.

El 65-70 por ciento de la espirulina es proteína y contiene los ocho aminoácidos esenciales, lo que la convierte en una proteína completa. También contiene cobre, tiamina, riboflavina, hierro, ácidos grasos omega-3 y omega-6, magnesio, potasio y manganeso

La atención actual en torno a la espirulina afirma que es beneficiosa para la salud intestinal, además de ser capaz de mejorar el metabolismo, proteger el corazón, mejorar la inmunidad y mejorar los síntomas y efectos de virus, enfermedades e incluso cáncer. Pero estas afirmaciones, y su eficacia, están respaldadas por evidencia científica bastante débil y requieren más investigación.

El asunto es que no existen estudios in vivo en humanos que confirmen, por ejemplo, los posibles efectos antioxidantes de la espirulina. Solamente hay evidencia de su efecto positivo en la rinitis alérgica y algunos estudios positivos sobre los efectos reductores del colesterol de la espirulina, pero en ambos casos se requieren estudios más amplios antes de que se puedan sacar conclusiones definitivas. Tampoco existen ensayos de evidencia de alto nivel sobre el papel que juega la espirulina en fatiga crónica y en aplicaciones antivirales. 

Por tanto, lo que sugiere la literatura es que la espirulina es un complemento alimenticio seguro y sin efectos secundarios significativos, pero su papel como fármaco aún está por verse.

La espirulina en sí no representa un riesgo para la salud de la mayoría de las personas; sin embargo, puede estar contaminada con cosas que sí pueden ser dañinas si no se tiene cuidado. A veces, puede absorber metales pesados ​​del agua en la que crece y, como resultado, contaminarse con sustancias tóxicas como las microcistinas, que dan lugar a alteraciones gastrointestinales, reacciones alérgicas o irritación. Cuando se consumen en grandes cantidades son tóxicas para el hígado.

No es un suplemento nocivo pero en ciertas situaciones conviene que el médico valore todo el conjunto de circunstancias que lo rodea y prescriba o no este suplemento. Por ejemplo, la espirulina no está indicada en niños, y está contraindicada en mujeres embarazadas o en período lactancia. Además, puede producir sensibilidad a personas con alergia al pescado.

La espirulina y otras algas también contienen fenilalanina, un compuesto que las personas con fenilcetonuria (PKU), una enfermedad hereditaria poco común, deben evitar estrictamente. Y es que la fenilalanina puede producir discapacidad intelectual, daño cerebral, convulsiones y otros problemas en personas con fenilcetonuria. La fenilalanina se encuentra de forma natural en muchos alimentos ricos en proteínas, como la leche, los huevos, la carne y la espirulina.

Tampoco deben tomar espirulina quienes tengan problemas de tiroides ya que aunque su contenido en yodo puede afectar a las personas que padecen de hiper o hipotiroidismo. Esto ocurre cuando la glándula del tiroides produce demasiada hormona tiroidea, lo que genera insomnio, ritmo cardiaco elevado, pérdida de peso y ansiedad. De esta manera, las personas que han pasado la mayor parte de su vida con una dieta baja en yodo, pueden llegar a desarrollar hipertiroidismo inducido debido a un consumo inusual de los niveles yodo.

Por otro lado, la espirulina no es aconsejable en personas que tengan lupus, artritis o esclerosis múltiple. Se cree que el consumo de espirulina podrían aumentar la actividad del sistema inmunológico y aumentar los síntomas de estos trastornos agravándolos y causando brotes. Los suplementos de espirulina también se han relacionado con respuestas autoinmunes graves que afectan la piel y los músculos, aunque este efecto secundario parece ser muy raro.

Las personas que tienen gota y aquellas que padecen de fenilcetonuria, enfermedad genética que impide el metabolismo del aminoácido tirosina, tampoco deberían tomar espirulina. En el caso de tener hipotiroidismo o hipertiroidismo también conviene consultar con el médico, ya que aunque no cuenta con una gran cantidad de yodo al ser de agua dulce, sí tiene un cierto porcentaje que conviene evaluar.

Al mismo tiempo, es posible que reduzca la coagulación, de modo que en personas con trastornos sanguíneos su consumo podría incrementar el riesgo de hematomas y sangrado. Algunas investigaciones también indican que podría interactuar con fármacos anticoagulantes, antiplaquetarios e inmunosupresores. Así que si estás tomando algún medicamento de forma continua o sigues un tratamiento específico, consulte a tu médico para ver si el consumo de espirulina puede afectar a su eficacia.

La espirulina está contraindicada para personas con gota o ácido úrico alto. Tampoco deben consumir alga espirulina personas con piedras en los riñones.

La alergia es otro motivo para evitar la espirulina. Se ha comprobado que los alérgicos a cualquier producto son más susceptibles de sufrir reacciones a esta cianobacteria. Si al tomarla te dan dolores de cabeza, náuseas, insomnio y otros síntomas molestos, es preferible dejarla. 

Es importante recordar que la espirulina no es un medicamento, pero su aporte en una dosis superior a la que el cuerpo pueda tolerar puede producir los siguientes efectos secundarios en algunas personas:

  • Sed y estreñimiento

  • Fiebre

  • Un ligero mareo

  • Dolor de estómago

  • Picazón o erupción en la piel

  • Dolores de cabeza

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