Alexandria Ocasio-Cortez revela la triste verdad sobre ser pobre en Estados Unidos

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La representante electa Alexandria Ocasio-Cortez, demócrata por Nueva York, escucha durante una conferencia de prensa con miembros del Caucus Progresista, el 12 de noviembre de 2018. (Foto AP/Susan Walsh)
La representante electa Alexandria Ocasio-Cortez, demócrata por Nueva York, escucha durante una conferencia de prensa con miembros del Caucus Progresista, el 12 de noviembre de 2018. (Foto AP/Susan Walsh)

La representante electa por Nueva York, Alexandria Ocasio-Cortez, ha ocupado los titulares por su postura política socialista y su pasado de clase trabajadora, así como por la forma en que ambos factores han hecho mella en las mentes de los comentaristas y medios de comunicación conservadores.

Los escasos recursos de Ocasio-Cortez, quien era camarera antes de postularse para el cargo, han sido la mecha que ha prendido una historia tras otra en las que se analizan sus finanzas. El punto más bajo de este escrutinio llegó a mediados de noviembre, cuando el reportero del Washington Examiner, Eddie Scarry, escribió un tuit infame sobre el atuendo de Ocasio-Cortez.

“El equipo de Hill me envió esta foto de Ocasio-Cortez que han acabado de tomar”, escribió junto a la foto ofensiva de la recién elegida representante, de espaldas, mientras caminaba por los pasillos del poder en Washington. “Te diré algo: esa chaqueta y ese abrigo no son de una luchadora”.

Más tarde, Scarry afirmó algo bastante improbable: que solo había elogiado el atuendo de Ocasio-Cortez. Sin embargo, su verdadera intención había quedado clara: cuestionó las afirmaciones sobre su pasado y su lucha por pagar el alquiler de un piso en Washington, D.C.

El comentario de Scarry fue un ejemplo más de los prejuicios y la discriminación que sufren las personas pobres. La pobreza coloca a las personas en una posición de desventaja desde diferentes puntos de vista evidentes: cuando no tienes dinero, no puedes pagar la vivienda, la comida, el transporte y otras necesidades básicas. Sin embargo, la pobreza y los pobres también son estigmatizados. Los pobres son diana de la intolerancia y el odio, y ese prejuicio contra ellos se utiliza para justificar su pobreza y las enormes desigualdades económicas que lo hacen posible.

Los pobres son diana de la intolerancia y el odio, y ese prejuicio contra ellos se utiliza para justificar su pobreza.

La estigmatización de la pobreza en Estados Unidos no es un fenómeno nuevo. Estados Unidos siempre ha estado muy comprometido con el mito de la meritocracia: la idea de que si tienes virtudes, te convertirás en alguien exitoso; es decir, rico. Por tanto, si tienes éxito, debe ser porque tienes virtudes y lo mereces. La consecuencia de esta creencia tan apreciada pero evidentemente falsa es que aquellos que no son ricos carecen de virtudes y, por tanto, merecen ser pobres.

El desprecio por los pobres en Estados Unidos se ha visto agravado por el racismo ya que muchas de las personas que viven en la pobreza en Estados Unidos son en su gran mayoría afroamericanas o de piel oscura. En el sur, antes de la guerra, los blancos creían que los esclavos eran perezosos, aunque eran los blancos quienes los obligaban a trabajar para ellos. En la década de 1970, Ronald Reagan criticó a la “reina del bienestar”, una mujer afroamericana que supuestamente pretendía ser pobre para obtener beneficios del gobierno. Y hace poco, Trump se hizo eco de Reagan al afirmar, falsamente, que los inmigrantes indocumentados van a Estados Unidos para beneficiarse de la asistencia social y no tener que trabajar.

Al igual que con el tuit de Scarry sobre Ocasio-Cortez, Reagan y Trump también pusieron en entredicho la pobreza de las personas que han dicho no tener dinero, pensando que estaban mintiendo. Si quieres pedir ayuda en Estados Unidos, estas críticas parecen insistir en que es mejor que seas realmente muy pobre y necesitado, y que representes ese papel a favor de los más afortunados.

Si quieres pedir ayuda en Estados Unidos, será mejor que sea muy pobre y necesitado, y que representes ese papel.

Mientras se ataca a los pobres por no ser lo suficientemente pobres, se les avergüenza por no ser más ricos. Después de que Ocasio-Cortez reveló que tenía menos de 7 000 dólares en el banco, la CNBC publicó un artículo en el que señaló que “en base a sus ganancias anteriores, los expertos le recomiendan que tenga ahorrado entre 8 750 y 30 000 dólares para afrontar una crisis”.

Esto recuerda la recomendación de la columnista del Washington Post, Megan McArdle, quien afirmaba que todos deberían ahorrar el 25 % de sus ingresos. A las personas relativamente ricas les resulta fácil ahorrar, pero es mucho más difícil si vives de cheque a cheque. Es mejor que le digas a la gente: “¡sé más rico, así no serás pobre!”.

Parece una contradicción: avergonzar a los más necesitados por ser demasiado pobres y a la vez por no ser lo suficientemente pobres. Sin embargo, como la crítica y autora Julia Serano ha explicado, este tipo de paradoja forma parte del propio estigma. Serano sostiene que las personas marginadas o quienes son víctimas de prejuicios están marcadas. A alguien marcado se le señala como diferente, equivocado o defectuoso. Y una vez que alguien está marcado, todo lo que hace está sujeto a un mayor escrutinio y censura.

Las personas con dinero se consideran normales, no están marcadas. Cuando una persona que tiene dinero va a la oficina vistiendo un traje bonito, simplemente se está vistiendo de manera adecuada para ir a trabajar. En cambio, cuando una persona pobre usa el mismo traje, se toma como una muestra de hipocresía y engaño. Una persona acomodada, como Donald Trump, puede llevar a la quiebra numerosos negocios y aun así ser elogiado por sus habilidades empresariales. Sin embargo, una persona con escasos recursos que admite tener que luchar para pagar el alquiler es un fracaso y una lección práctica para los demás.

La representante electa Alexandria Ocasio-Cortez, demócrata por Nueva York, sonríe después de una foto grupal con el 116° Congreso, fuera del Capitolio de los Estados Unidos, el 14 de noviembre de 2018. (Bloomberg vía Getty Images)
La representante electa Alexandria Ocasio-Cortez, demócrata por Nueva York, sonríe después de una foto grupal con el 116° Congreso, fuera del Capitolio de los Estados Unidos, el 14 de noviembre de 2018. (Bloomberg vía Getty Images)

En resumen, el estigma crea un doble rasero que sirve a su vez para justificar el estigma. El doble rasero dirigido a los pobres se utiliza, en primer lugar, para obligarlos a salir de la esfera pública y deslegitimar su testimonio sobre su vida y necesidades. Al hablar sobre su lucha para pagar el alquiler o ahorrar para los días malos, Ocasio-Cortez estaba recurriendo a sus experiencias como mujer de clase trabajadora para resaltar cómo la mayoría de los políticos están aislados de la gente promedio. El tuit de Scarry estaba destinado a socavar su testimonio al “probar” que en realidad ella no forma parte de ese promedio.

Podemos tomar en cuenta un ejemplo menos partidista en esa misma línea de ataque. En 2013, la cocinera de frituras Linda Tirado escribió un artículo muy compartido basado en su experiencia personal en el que explicaba por qué las personas pobres no pueden ahorrar y vivir de manera más virtuosa. Después de que su publicación se volviera viral, un artículo poco documentado del New York Times la acusó de falsedad y, en general, la avergonzó y vilipendió por el delito de hablar siendo pobre. Incluso la amenazaron de muerte. Tirado, al igual que Ocasio-Cortez, llamó la atención sobre las dificultades que enfrentan las personas pobres desde la perspectiva de alguien que tiene que lidiar con esos problemas día tras día. Y al igual que Ocasio-Cortez, los guardianes de las grandes plataformas intentaron callarla.

“Sinceramente, creo que la gente se siente incómoda con la idea de que tal vez exista algún mérito en la base”, me comentó Tirado en un mensaje de texto el fin de semana pasado. Luego agregó: “también era un tema político. Si yo realmente soy una persona promedio, quiero decir, alguien que se queda atascado para siempre en el comercio minorista, y puedo defenderme en un foro como Harvard, donde luego de que su artículo se volviera viral dio una conferencia, entonces quizá muchas de nuestras políticas son más punitivas que productivas”.

El estigma y los prejuicios vinculados a la pobreza crean el supuesto de que las personas pobres no pueden ser inteligentes, por lo que cualquier persona inteligente no puede ser pobre. Es un círculo perfecto que asegura que ninguna persona pobre que habla sobre su experiencia sea creíble. A menos que, como J.D. Vance en sus memorias “Hillbilly Elegy”, esas personas de clase trabajadora se posicionen como excepcionalmente meritorias y denuncien la inmoralidad y la pobre ética de sus iguales. Se elogia a los pobres que confirman los prejuicios contra los pobres. Todos los demás son desestimados.

El estigma y los prejuicios asociados a la pobreza crean el supuesto de que las personas pobres no pueden ser inteligentes, por lo que cualquier persona inteligente no puede ser pobre.

Ocasio-Cortez ha explicado los motivos políticos que se encuentran detrás de los ataques que ha sufrido. “El miedo real ha dirigido los ataques a mi ropa, mi cuenta corriente, mi alquiler, no es que estas personas tengan miedo de que no represente a las personas en el Congreso”, escribió en Twitter. “Temen que hayan permitido que sus riquezas, privilegios y prejuicios los llevaran a un punto que no merecen”.

Si la gente de la clase trabajadora es completamente humana y puede gobernarse a sí misma, entonces es difícil justificar el dominio político de los ricos y su desprecio por los que tienen menos. El dinero es poder, pero ese poder se sustenta en la ideología. Los ataques a Ocasio-Cortez son un recordatorio inusualmente flagrante de que los prejuicios perpetúan la desigualdad. Si no odiáramos a los pobres, los pobres no existirían.

Noah Berlatsky es el autor de Nazi Dreams: Films About Fascism (Sueños Nazi: Películas sobre el Fascismo).

Noah Berlatsky

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