¿Quién es Alexander Lukashenko, el conocido como "último dictador" de Europa?

La crisis migratoria, las sanciones por la represión a opositores o las denuncias de fraude electoral han alimentado el enfrentamiento entre el presidente bielorruso, Alexander Lukashenko y la Unión Europea en los últimos meses, pero este controvertido político lleva más de cuarto de siglo gobernando con mano de hierro Belarús. Heredero político de la Unión Soviética, Lukashenko lleva desde 1994 adaptando el estado bielorruso a su figura y reprimiendo cualquier tipo de oposición política.

Belarús es una nación que ha sido históricamente puente de unión entre Rusia y Europa Occidental y un paso clave de gasoductos hacia el corazón del continente. Su unión con Rusia ha sido siempre muy fuerte, hasta el punto de haber sido parte de este país durante siglos. Pero en 1991, la desintegración de la Unión Soviética dio paso a la formación de una joven república que cayó de forma temprana bajo el control de Lukashenko.

Este mandatario, de origines humildes, es un hijopolítico de la Unión Soviética. Se postuló, desde un principio, en defensa del ala más conservadora del Partido Comunista de la extinta nación y en contra de la Perestroika lanzada por Mijaíl Gorbachov para abrir políticamente al país socialista.

Su figura empezó a cobrar relevancia tres años después de la separación de Belarús del resto de la URSS, cuando se presentó como candidato en las primeras elecciones libres en la historia del país con dos puntos clave como ejes de su campaña: la lucha contra la corrupción y la nostalgia hacia lo que representaba la Unión Soviética. Su campaña fue un completo éxito ya que obtuvo una victoria con el 80% de los votos en lo que serían las últimas elecciones democráticas de Belarús.

Tras esta victoria, Lukashenko comenzó a forjar el joven estado bielorruso a su imagen y semejanza con dos referendos políticos en 1995 y 1996 que aumentaron su poder ejecutivo y que trajeron a Belarús de vuelta simbología desechada tras la disolución del bloque soviético.

La alianza con Rusia ha sido clave para Lukashenko

Pero su fortaleza en Belarúsno se puede entender sin el respaldo determinante de Moscú. Su alianza con Rusia se fraguó durante el gobierno de Boris Yeltsin y ha perdurado en la era de Vladimir Putin. Lukashenko ha priorizado el uso del ruso en Belarús y el acercamiento hacia el Kremlin con el objetivo de alejarse de lo que consideraba "la amenaza extranjera" occidental. Salvo puntuales desencuentros durante el gobierno de Putin, Rusia ha ofrecido a Belarús un apoyo económico y militar fundamental que ha ayudado a Lukashenko a perpetuarse en el poder hasta el momento.

Algo importante, ya que desde principios de la década de los 2000 comenzaron a resonar las primeras voces de alarma con respecto a lo que se estaba convirtiendo Belarús. En 2001, se dieron las primeras elecciones consideradas por la comunidad internacional como manipuladas. Lukashenko obtuvo el 75% de los votos y su poder siguió consolidándose con la eliminación del límite de mandatos en 2004, una nueva norma votada también vía referendo. Esto le permitió ser reelegido en 2006 con el 83% de los votos.

Al fraude se sumaron las denuncias de represión a opositores. Numerosas organizaciones y activistas intentaron, desde los primeros años del siglo XXI, apartar del poder a Lukashenko sin éxito. Las victorias del mandatario bielorruso fueron más aplastantes aún para las elecciones de 2010 y de 2015, donde un número importante de los candidatos rivales fueron perseguidos, encarcelados o tuvieron que marchar al exilio. Pero a pesar de la controversia, sus acciones represivas pasaban relativamente desapercibidas en el panorama internacional.

Las protestas de 2020 tambalearon el poder de Lukashenko

Esto cambió en agosto de 2020. La oposición acudió a los comicios organizada en torno a la figura de Svetlana Tikhanovskaya, la última de todos los candidatos opositores que no había sido encarcelada, y demostró su fuerza en la calle. Lukashenko volvió a hacerse con la victoria, pero el fraude fue muy evidente ante la opinión pública. Algo que desató unas protestas históricas en todo el país que hicieron, por primera vez, sentir amenazado al mandatario.

Esto ocasionó que la represión aumentaray que miles de personas fueran detenidas en las manifestaciones. Las cifras hablan por sí mismas. Se estima que más de 20.000 manifestantes fueron arrestados por las autoridades en los primeros meses de protesta. Detenciones que en muchas ocasiones fueron acompañadas de violaciones a los derechos humanos, torturas y vejaciones que fueron denunciadas por la Organización Mundial Contra la Tortura o Naciones Unidas.

Para el Gobierno de Lukashenko, sin embargo, todo se trataba de injerencias extranjeras que atacaban su soberanía, una respuesta que originó que la Unión Europea y Estados Unidos emitieran las primeras sanciones contra este país y aumentaran su aislamiento internacional.

Pero Lukashenko continuó en el poder y su tensión con la Unión Europea y Occidente siguió en aumento. El mandatario bielorruso, consciente de que la cuestión migratoria es una de las mayores debilidades de Bruselas, decidió jugar su carta con la crisis migratoria originada en la frontera entre su país y Polonia. Miles de personas provenientes de países en conflicto de Medio Oriente y África acudieron a Belarús con el objetivo de así poder pasar a la Unión Europea y establecerse allí.

La situación ha generado una crisis humanitaria agudizada por las gélidas temperaturas de la región y ha elevado más la tensión con el bloque comunitario. La Unión Europea considera que esta es una estrategia de Minsk para elevar la presión sobre Europa para que estos eliminen las sanciones y se ponga fin al aislamiento internacional. Una cuestión que está todavía por ver.

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