Alexander Albon: el drama de alcanzar la cima de la F1 y ver tu carrera desvanecerse tan solo un año después

Luis Tejo
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El piloto de F1 Alexander Albon, sentado dentro de su coche.
Alexander Albon sentado en su coche durante el Gran Premio de Turquía, en noviembre. Foto: Bryn Lennon/Getty Images.

El mundo de la Fórmula 1 es vertiginoso en todos los sentidos. No solo por la obviedad de que los monoplaza circulan rapidísimo por las pistas, que también sino porque, salvo que se apellide Hamilton y por tanto esté siempre arriba, la carrera profesional de un piloto está llena de altibajos: ayer eras un desconocido, hoy rozas la gloria, mañana caes relegado a la irrelevancia. En los últimos tiempos, pocos ejemplifican tan bien esa montaña rusa sobre asfalto como Alexander Albon.

El británico-tailandés era, hasta la semana pasada, el piloto número 2 de la escudería Red Bull, por detrás de Max Verstappen pero con el privilegio de manejar uno de los coches oficiales del equipo. Y en la temporada 2020 recién terminada no lo ha hecho nada mal: ha superado la barrera de los 100 puntos para acabar en séptima posición del Mundial, empatado con Carlos Sáinz, y se ha permitido el lujo de subir hasta dos veces al podio. Para tener 24 años es digno de aplauso.

Sin embargo, nada de esto ha sido suficiente para que el toro rojo de las bebidas energéticas le guardara una plaza de cara a 2021. Su lugar lo ocupará el mexicano Sergio Checo Pérez, hasta ahora en las filas de Racing Point. Albon quedará, al menos de momento, relegado a la categoría de piloto de pruebas. ¿Será este el fin de su etapa en la élite? El tiempo lo dirá, pero el futuro, al menos a corto plazo, no es nada prometedor.

Curiosamente,

Se da la circunstancia de que el piloto londinense (que compite bajo bandera asiática porque es el país de origen de su madre) había llegado a Red Bull de una forma sorprendentemente similar: de repente, sino que nadie lo esperara, por una decisión inesperada de las altas esferas. Fue un regalo que tal cual le llegó le han quitado.

Nos remontamos a agosto de 2019. Albon, desde principios de esa temporada, se había integrado en Toro Rosso (hoy AlphaTauri), el segundo equipo de Red Bull, concebido desde sus orígenes como escuela para formar pilotos de futuro, y ahí estaba tan tranquilo, progresando poco a poco. Sin embargo, el mal rendimiento del francés Pierre Gasly en la plantilla “titular” llevó a los directivos de la multinacional austriaca a intercambiar sus posiciones.

Pierre fue descendido al filial, donde aún sigue, y Alexander se llevó una alegría enorme al verse promovido a uno de los coches más fuertes de la parrilla. Su rendimiento fue muy digno: no bajó del sexto puesto salvo en el Gran Premio de Brasil, en el que estaba en posiciones de podio hasta que una maniobra controvertida de Lewis Hamilton le sacó de la pista y le hizo caer hasta el 14º.

En 2020 las cosas han sido un tanto distintas. Si bien es cierto que Albon acabó en un puesto decente en la general, también lo es que su compañero Verstappen fue tercero, le duplicó en cuanto a puntos y, en las carreras que logró terminar, se mantuvo siempre al menos en el tercer escalón del podio. Aparte, hubo un detalle que se puede considerar hasta humillante: Gasly, el hombre relegado a Toro Rosso/AlphaTauri para dejarle sitio a él, logró la proeza de ganar el Gran Premio de Italia en el circuito de Monza.

La exclusión actual es uno más de los golpes que se ha llevado Albon a lo largo de su vida. Es hijo de Nigel Albon, antiguo piloto inglés que apenas pasó del circuito de su propio país; al volante era voluntarioso y tenía talento, pero no el suficiente como para prosperar y amasar una gran cantidad de dinero. Tras retirarse montó una compañía de compraventa de coches usados; en parte con las ganancias, en parte por aparentar, la familia se embarcó en un tren de vida muy lujoso, comprándose una mansión lujosísima cerca de Ipswich y mandando a los cinco hijos a escuelas privadas.

No obstante, la figura controvertida en su familia es en realidad la de su madre, la tailandesa Kankamol Ansushina, que a partir de 2004 se hizo cargo del negocio. Y no lo hizo de manera muy limpia, según determinó más tarde la justicia. Bastantes clientes fueron estafados, haciéndoles pagar por adelantado por coches de alta gama (Ferrari, Bentley y Maserati entre ellos) que en realidad nunca había llegado a comprar. Se demostró que, de los 122 vehículos que Kankamol había utilizado para sus transacciones, al menos 107 no existían y los papeles estaban falsificados.

El fraude ascendía a más de siete millones de libras; tras un primer arresto en 2008 y dos años de libertad bajo fianza, fue finalmente condenada a seis años de prisión; ingresó en la cárcel en 2012. Como consecuencia del asunto, los padres de Alex se separaron y la carrera del joven se resintió, hasta el punto de que en ese mismo 2012, cuando apenas tenía 15 años y competía en Fórmula Renault, Red Bull le sacó de su programa de jóvenes pilotos debido a sus malos resultados. De hecho, justo el fin de semana siguiente a que saliera la sentencia condenatoria tuvo carrera y no pudo pasar del 26º puesto.

Alex estuvo a punto de dejar de correr en ese momento. Sin embargo, supo reponerse y seguir por su cuenta, mejorando los resultados en los dos años siguientes. Subió a Fórmula 3 en 2015, a Fórmula 2 en 2017, consiguió acabar tercero en 2018. A finales de ese año parecía que llegaban buenas noticias, porque coincidió la liberación de su madre con que Red Bull le volviera a llamar.

En la trayectoria de Albon queda alguna que otra incóginta, como de dónde salió el dinero que le permitió seguir compitiendo a partir de aquel fatídico 2012. Hay toda clase de rumores y teorías más o menos conspiranoicas, como que Red Bull le despidió de manera oficial para evitar la vinculación de su marca con ese escándalo pero que, consciente de que el joven Alex en el fondo no tenía culpa alguna, siguió financiándole en secreto. De momento, permanece en el misterio; lo único que sabemos con certeza es que, por unas cosas u otras, de momento al joven tailandés se le ha venido abajo el sueño que tanto le costó alcanzar.

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