Un hijo de la inmigración en Alemania, el genio de la "vacuna milagro"

Agencia EFE
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Berlín, 10 nov (EFE).- El investigador alemán Ugur Sahin, de 55 años y llegado a Alemania con sus padres, dos inmigrantes turcos, a los cuatro años, se ha convertido a través de su farmacéutica BioNTech en el rostro de la "esperanza global" en la lucha contra el Sars-CoV2.

"El padre de la vacuna milagro", titula el sensacionalista diario "Bild", el más leído de Alemania; "Ugur Sahin: un visionario modesto", resume la cadena informativa ntv; "Una historia de éxito nacida en Colonia", apunta "Express", popular rotativo regional de Renania del Norte-Westfalia, donde se encuentra esa ciudad.

El común denominador entre las distintas formas de enfocar el perfil del fundador de BioNTech es su condición de germano-turco. Un niño llegado al país junto a sus padres en los años 60, como tantas otras familias turcas.

No es el único rostro de la esperanza depositada en esa vacuna, desarrollada por BioNTech junto a la estadounidense Pfizer y que ha reportado un grado de efectividad del 90 %. Le acompaña el de su esposa y colega Özlem Türeci, dos años más joven, igualmente de raíces turcas, aunque nacida en Alemania -en Lastrup, en el centro del país-.

Juntos fundaron Ganymed Pharmaceuticals y BioNTech, una farmacéutica con sede en la calle "An der Goldgrube" -literalmente, "Junto a la mina de oro"-, en Maguncia, capital del "Land" de Hesse y ciudad vecina a la metrópolis financiera y banquera de Fráncfort.

Este matrimonio de científicos germano-turcos fundó BioNTech en 2008, con apoyo de varios socios. Presiden su junta directiva, de la que asimismo forman parte los estadounidenses Sean Marett y Sierk Poetting.

Es una empresa relativamente joven, con una plantilla de 1.320 empleados, hasta ahora concentrada en la investigación de terapias inmunológicas para pacientes de cáncer. El mayor éxito de Sahin, hasta ahora, fue el Premio Alemán contra el Cáncer, en 2019.

De la búsqueda de respuestas inmunológicas en el ámbito oncológico pasaron a desarrollar la vacuna que debe rescatar al mundo de la covid-19. Sólo la Comisión Europea cuenta con cerrar un contrato con BioNTech y Pfizer para adquirir 300 millones de dosis destinadas a los 27 países miembros del bloque comunitario.

Sahin, nacido en Iskender y profesor de Oncología Experimental en Maguncia, como su esposa, empezó a trabajar en la aplicación de sus investigaciones en el coronavirus en enero.

Por entonces, el nuevo coronavirus ya se había extendido más allá de la ciudad china de Wuhan y alcanzado Europa. Dos meses después, el semanario "Der Spiegel" se fijó ya en la historia de ese hijo de la inmigración, impulsor de una entre las 20 farmacéuticas reconocidas entonces como candidatas a desarrollar la vacuna.

De esta posición saltó a convertirse en receptor del programa especial de ayudas del Gobierno federal -375 millones de euros- para ese cometido. El resultado atiende a la denominación de BNT162b2, cuyo éxito compartirá con el gigante estadounidense Pfizer, socio fundacional de la farmacéutica alemana, originariamente para el desarrollo de nuevas vacunas contra la gripe común.

A Sahin y Türeci les corresponde el papel de "inventores" de la tecnología con que se ha desarrollado la vacuna. A sus socios estadounidenses, el de producirla y distribuirla a escala global en el más corto tiempo posible. El objetivo es alcanzar los 1.300 millones de dosis para el próximo año, lo que la farmacéutica de "la mina de oro" no lograría por sus propios recursos.

La farmacéutica alemana era, hasta ahora, modesta. Pero con los primeros indicios de éxito sus acciones se dispararon. Según el dominical del diario "Welt", ahora mismo el matrimonio propietario de BioNTech está ya entre los 100 alemanes más ricos. Ocupan la posición 93 en esa lista, con un patrimonio estimado en 2.400 millones de euros.

Los medios alemanes, sean el sensacionalista "Bild" o la televisión pública ARD, siguen presentándoles como el matrimonio de origen inmigrante que puede convertirse en héroes de la humanidad. El hijo del inmigrante turco que llegó a Colonia para trabajar en la fábrica del consorcio automovilístico Ford sigue siendo un rostro amable, tranquilo y sencillo, concentrado en lo suyo e investigador apasionado.

Un muchacho que estudió medicina, en Colonia, que trabajó como médico en su Clínica Universitaria y que conoció luego, en Homburg, a la colega que se convirtió en su esposa. Una historia de éxito, en el conjunto de los 3,5 millones de ciudadanos con raíces turcas que viven en Alemania -un tercio de ellos, con doble nacionalidad-, el mayor colectivo de origen inmigrante del país.

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