Alemania se encuentra en un callejón sin salida en el conflicto de Rusia y Ucrania

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La posibilidad de una invasión rusa a Ucrania sigue marcando el inicio del 2022 y tanto rusos como estadounidenses han cruzado amenazas en unos últimos días que han estado marcados por la tensión internacional.

El debate es el ya sabido: Moscú se niega a que la OTAN siga expandiéndose hacia el este y mientras la alianza sigue haciéndole guiños a los ucranianos para una eventual adhesión que dejaría a Putin rodeado militarmente.

La estrategia de Estados Unidos, por el momento, está siendo concentrar el apoyo de sus aliados y países como España ya han ofrecido enviar cuatro cazas y una fragata a Bulgaria para reforzar la disuasión sobre Rusia y así evitar que se produzca la temida invasión. Sin embargo, en esta situación de máxima tensión hay un país que está yendo con pies de plomo porque tiene intereses cruzados: Alemania.

Alemania se juega mucho en este conflicto. (Photo by MICHAEL SOHN/POOL/AFP via Getty Images)
Alemania se juega mucho en este conflicto. (Photo by MICHAEL SOHN/POOL/AFP via Getty Images)

El nuevo gobierno de coalición, integrado por socialdemócratas, liberales y verdes, se ha encontrado una patata caliente al poco de llegar al poder, ya que cualquier cambio de la situación actual puede suponer un grave quebradero de cabeza. Así, la estrategia del apaciguamiento y el status quo es la que se está imponiendo.

Las razones son obvias. Por un lado, los alemanes forman parte de la OTAN prácticamente desde su inicio, puesto que entraron en 1955. Eso significa que deben seguir las directrices de la alianza liderada por Estados Unidos. ¿Cuál es la misión en este momento? Pues presionar a Rusia para que no invada a Ucrania y amenazar con sanciones e incluso con una intervención armada como respuesta. Hasta ahora, los aliados están aplicando una política de disuasión.

Pero por el otro lado, la Unión Europea, y principalmente Alemania, tienen una dependencia absoluta del gas ruso. Tanto es así que en los últimos años se ha construido un gasoducto de más de 1.200 kilómetros, el Nord Stream 2 que conecta el territorio ruso con el alemán.

Este proyecto ya desde su inicio fue muy polémico, debido a que ya existe un Nord Stream 1 que también conecta Rusia con Alemania, aunque este pasa por Ucrania. No es baladí este hecho porque, tal y como cuenta Newtral, el 3,8% del PIB ucraniano procede de lo que el país cobra a los rusos por el tránsito del gas rumbo a la UE.

El proyecto del Nord Stream 2, que tiene mucha más capacidad que el primero, se terminó ya en septiembre de 2021, pero actualmente está paralizado por temas burocráticos, ya que el consorcio, que tiene sede en Suiza, debe crear una subsidiaria alemana.

Construcción del Nord Stream 2 entre Rusia y Alemania. (Photo by Sean Gallup/Getty Images)
Construcción del Nord Stream 2 entre Rusia y Alemania. (Photo by Sean Gallup/Getty Images)

Desde el comienzo, Estados Unidos vio con recelo el Nord Stream 2 debido a la mayor influencia que iba a conseguir Rusia sobre los países europeos. También dentro de la propia Unión Europea se ha visto esta propuesta con dudas por los mismos motivos. Sin embargo, tanto para Alemania como para Rusia su instalación es muy ventajosa.

Cabe señalar que Moscú conseguiría exportar mucho más gas directamente a Alemania, consiguiendo con este gasoducto ahogar económicamente a Ucrania al dejarla fuera de la ecuación. Por otra parte, Alemania se garantiza el suministro necesario para cubrir al país.

En este sentido, Rusia es el principal suministrador de gas de Europa, ya que representa un 37% del total que recibe. Al revés, la dependencia también es total porque Rusia le manda a Europa el 85% de su gas. Aunque España tiene mucha necesidad de importar gas, tal y como muestran los datos de Eurostat, lo cierto es que su principal suministrador es Argelia (el 29%)

Lógicamente, ahora con las tensiones en un punto insoportable, Alemania se encuentra en el medio. Mientras que Estados Unidos, la Unión Europea y la OTAN presionan a Rusia y tratan de mostrar unidad, el nuevo Gobierno alemán intenta hacer un llamamiento al diálogo, con el Nord Stream 2 más en el punto de mira que nunca por las implicaciones que puede tener en el conflicto.

De momento, Alemania ha rechazado suministrar armas a Ucrania, argumentando que es zona de conflicto y la ayuda de Berlín a Kiev será en forma de asistencia médica. Una prueba más de que el país está en un precario equilibrio en el que cualquier paso en falso puede suponer un gran problema en sus relaciones bilaterales.

Por tanto, el mejor escenario posible para Berlín es que todo se solucione por la vía de la diplomacia y, sobre todo, antes de que empiece a funcionar el gasoducto, ya que al país le sería muy difícil defender su uso al mismo tiempo que Rusia está invadiendo Ucrania. Sin duda, el nuevo gobierno mira con cautela, pero también con mucha atención cada cosa que ocurre en la frontera ucraniana.

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