Alejandro Palomas: “Cuando a los 8 años te violan, recibir insultos en redes no duele”

Alejandro Palomas (Photo: PATRICIA DONOHOE)
Alejandro Palomas (Photo: PATRICIA DONOHOE)

Alejandro Palomas (Photo: PATRICIA DONOHOE)

El 27 de enero de 2022, el escritor Alejandro Palomas contó a todo aquel que quiso escucharle, desde los micrófonos de Cadena SER, cómo un religioso le había violado, agredido y abusado de él cuando sólo tenía 8 años y asistía al colegio La Salle Premiá de Mar, donde el agresor era profesor de Lengua.   

Tras aquella entrevista de algo más de media hora con el periodista Aimar Bretos, el teléfono de Alejandro Palomas no dejó de sonar. Atendió a periódicos, radio, televisión, hasta al presidente del Gobierno… y al cabo de cuatro semanas, nada. Entonces Palomas entendió que su historia había sido un “pico de actualidad”, y ya. “Fue como un tsunami, y lo que dejó la ola fui solo yo”, cuenta ahora el escritor. 

Alejandro Palomas (Barcelona, 1967), ganador del premio Nadal 2018 por Un amor, no se había planteado nunca escribir su historia. Hasta que se produjo el “tsunami” informativo. “No podía ser que algo tan grave quedara así, tenía que estar sobre el papel”, dice. En tres meses, Palomas escribió Esto no se dice (Destino), un libro en el que narra los abusos, agresiones y violación de los que fue víctima.

Dice Alejandro Palomas haber pasado por el infierno y haber sobrevivido a duras penas a la adolescencia gracias a su madre, a quien echa terriblemente en falta desde su muerte. Él mismo piensa ahora menos en la muerte que cuando era joven, aunque el suicidio tampoco es un tabú. Tras la pérdida de la madre, lo que le mueve a vivir ahora es la ternura y la curiosidad que está (re)descubriendo del niño Alejandro, aquel que desapareció cuando a los 8 años comenzó el infierno y que ahora, gracias a la escritura, está recuperando poco a poco.

Cuentas que cuando viste Spotlight (2015), no hiciste la conexión de que esos mismos abusos en la Iglesia que narra la película es justo lo que te había pasado a ti.

No, no, porque bloqueas imágenes, bloqueas información, si no, no sobrevives, es terrible. Toda esa carga de imágenes, de experiencias tan íntimas que no entiendes, que no compartes, pero que sabes que no están bien. Tienes que crear un mundo paralelo para poder aparcar eso, tienes que crear como un trastero, y lo que haces es bloquear la puerta de ese trastero para poder vivir, porque si no, no puedes, cargas con una mochila demasiado pesada para un niño. 

Tienes que crear un mundo paralelo, un trastero para aparcar eso y poder vivir. Si no, no puedes, cargas con una mochila demasiado pesada para un niño

Y el desbloqueo es luego paulatino, poco a poco. 

Es curioso, porque depende de cómo crezcas, de cómo sea tu situación familiar, hay muchos factores. En mi caso, afortunadamente tuve mucha ayuda a nivel psicológico, pero cuando aparecí en enero de este año [en la radio] yo creí que lo tenía todo supercontrolado y superado, y vi que no. De repente, eso desbloqueó muchas cosas en mí que no sabía que tenía. Todo este tiempo he ido trabajando mogollón de cosas que han ido apareciendo en mi vida: recuerdos, imágenes, vivencias, que nunca más tuve, que dejaron de existir hasta este momento. Estoy reviviendo cosas que no creí haber vivido jamás. 

Alejandro Palomas, durante la entrevista con 'El HuffPost'. (Photo: PATRICIA DONOHOE)
Alejandro Palomas, durante la entrevista con 'El HuffPost'. (Photo: PATRICIA DONOHOE)

Alejandro Palomas, durante la entrevista con 'El HuffPost'. (Photo: PATRICIA DONOHOE)

¿Duele revivir todo eso ahora?

Sobre todo, sorprende. Me sorprende mucho que el ser humano, que el cerebro humano, sea capaz de hacer eso por mera supervivencia, y me genera mucha curiosidad. Me maravilla la capacidad del ser humano de crear realidades dentro de realidades dentro de realidades para que esta vida sea habitable. Es brutal. Somos superesilientes. 

Cuando veo pelis, o leo novelas o testimonios de los campos de concentración, digo: ‘¿cómo puede ser que esta gente sobreviva, cuando los ves y están en los huesos, no queda nada de ellos, y aun así siguen pensando que se van a salvar?’. Siempre había pensado que no era posible, que yo no podría, y luego te das cuenta de que sí, de que somos capaces de generar esas capas, y capas y capas de esperanza de que llegará el día en que cambie. 

Estoy reviviendo cosas que no creí haber vivido jamás. Es brutal lo resilientes que somos

¿Es esa esperanza lo que te movió a ti a seguir adelante?

No, yo he sobrevivido porque, cuando me pasó todo esto, la parte más dura, el Alejandro de 8 años se escindió en dos Alejandros: uno el que sufría todo esto y otro el que protegía al que sufría. Había una mente que estaba fuera y que le explicaba al que sufría; hubo dos voces que empezaron a dialogar. Entonces, convivieron esos gemelos que todavía siguen existiendo. Uno de esos gemelos se quedó en los ocho años, y el otro se hizo hombre y es el que está aquí ahora. Pero el otro también existe, sigo cuidando de él.

¿Y siguen conversando?

Siguen conversando. A veces reconozco mi voz y es él el que habla por mí. Reconozco quién es el que duele. Y me sirve. Habla desde ese dolor de niño que se quedó en los 8 porque le partieron el mundo, lo partieron por la mitad. 

Cuando pasó lo más duro, el Alejandro de 8 años se escindió en dos: uno el que sufría todo esto y otro el que protegía al que sufría. El que sufría se quedó en los 8 porque le partieron el mundo, y yo sigo cuidando de él

Tu familia está muy presente en el texto. ¿Qué es para ti la familia?

Hasta hace poco siempre estuve huyendo de mi familia, nunca fui el típico defensor de la familia tal como la entendemos, de sangre. Pero, en mi caso, mi madre ha sido la que me salvó, la que estuvo siempre en los peores momentos. Yo tenía una conexión muy heavy con ella, y siempre ha aparecido cuando no sabía que la necesitaba. Ha sido como una especie de Mary Poppins en mi vida. Cuando decía: no puedo más, con esto no puedo. De repente, ella aparecía, o hacía que apareciera algo. Es una figura sin la que yo no habría podido vivir; no habría superado la adolescencia sin ella, sin sus intervenciones, imposible. Yo era un tío que iba abocado a la muerte, pensaba mucho en la muerte, no salía de la oscuridad, tenía una sombra constante. Y ella me daba esa otra cara que yo no tenía, y que con ella aprendí a tener. Para mí ella ha sido fundamental, mi tabla de salvación, mi balsa, la que me ha ayudado a flotar siempre. Ahora no está, y no sé qué voy a hacer. Esa es la cara B.

Y sin embargo, cuentas que tampoco hablabais abiertamente de los abusos. [A los 9 años, Alejandro Palomas le contó a su madre que un religioso abusaba de él; los padres fueron al colegio a denunciarlo, y a partir de entonces el agresor no tocó a Palomas, pero la institución pidió “discreción”, y así se ‘resolvió’ el caso.]

De esto, nunca. Ni abiertamente ni no abiertamente, jamás. Y por razones erróneas. Yo siempre creí que ella lo hacía porque de alguna manera se sentía culpable de no haber hecho más de lo que hizo –que yo jamás le pedí que hubiera hecho más–, pero ahora creo que no lo habló conmigo porque ella pensaba que yo no estaba preparado. Y yo creía que ella no estaba preparada, con lo cual uno por otro… no lo hablamos nunca. En realidad, ella siempre estuvo preparada para todo. Los dos nos protegíamos de eso porque, en su momento, no se habló. Y esto es lo complicado: en su momento, hay que hablarlo; con el niño, hay que hablar de eso. Porque, si no, con el adulto luego es muy difícil. 

Palomas (Photo: PATRICIA DONOHOE)
Palomas (Photo: PATRICIA DONOHOE)

Palomas (Photo: PATRICIA DONOHOE)

¿Te habría gustado hablar de todo esto con ella?

Me habría gustado que ella ahora lo viviera conmigo, no tanto contárselo. Conociéndola, ahora sé que le habría encantado estar conmigo. Habría sido como una recompensa para ella, que creo que merece. Me sabe mal que no esté aquí porque creo que habríamos podido hablar lo que no pudimos. Fue una especie de malentendido que se fue con ella, y eso me sabe supermal.  

Yo era un tío que iba abocado a la muerte. Mi madre fue mi tabla de salvación, mi balsa. Ahora no está, y no sé qué voy a hacer

Tu facilidad para escribir fue lo primero que atrajo a tu agresor. 

Sí, él era profesor de Lengua y Literatura. Pero no fue sólo eso, yo era un niño ‘diana’, muy desprotegido, que había cambiado de colegio, de vida de ciudad, que estaba muy solo en un colegio muy hostil, y apareció este hombre, como un padre. Él también se vendía así con niños y niñas que él detectaba. Fue muy fácil. Yo era un blanco muy fácil, tan vulnerable, tan frágil, tan necesitado de cariño y de protección que fue muy fácil.  

Cuando contaste tu caso, salieron a la luz otras víctimas del mismo agresor, como si se creara una especie de ‘Me Too’. 

Durante mucho tiempo pensé que yo era la única víctima del hermano L. Piensas: si esto me pasó a mí y a nadie más, es porque igual era mi culpa. Esto es lo que pasa siempre, lo supe después. Así que cuando empezaron a salir [otras víctimas], dije: o sea que no estoy loco, no me pasaba sólo a mí, no era yo. Nunca imaginé que este hombre lo hacía también con niñas, le daba igual. Son así. Es impresionante la cantidad de niños y niñas que pasaron por esas manos. 

Y nadie hizo nada.

No, nadie hizo nada, pero eso era práctica habitual. En todas las órdenes es flipante la cantidad de casos que hay. 

Durante mucho tiempo pensé que yo era la única víctima del hermano L. Nunca imaginé que lo hacía también con niñas, le daba igual

¿Luego has hablado con esas otras víctimas?

He hablado con muchas porque muchas se han puesto en contacto conmigo. Víctimas de él y de muchos otros, pero también de abusos intrafamiliares, de todas las edades. Incluso adolescentes que a día de hoy lo están pasando y no saben qué hacer. Me dicen: ‘¿Puedo hablar contigo, puedo contarte?’. No, no es a mí a quien se lo tienes que contar. No soy psicólogo, no soy receptor de esto. Les digo que llamen a la policía. He recibido más de 500 mensajes. 

Y eso también duele, imagino.

Ni siquiera duele… Te deja pensando: si estos 500 se han atrevido, y normalmente no se atreve nadie, ¿cuántos hombres, mujeres, niños y niñas están pasando por esto? 

Alejandro Palomas (Photo: PATRICIA DONOHOE)
Alejandro Palomas (Photo: PATRICIA DONOHOE)

Alejandro Palomas (Photo: PATRICIA DONOHOE)

El Defensor del Pueblo abrió su oficina a víctimas de abusos de menores en la Iglesia y apenas recibió unas 200 denuncias, cuando se sabe que la cifra es mucho, mucho mayor. ¿Qué es lo que falla?

Que nadie va a ir a hablar con esa gente, no tiene sentido. Simplemente están recolectando víctimas para hacer con ello un informe y llevarlo después… a ninguna parte. Esto nació muerto desde el primer día. Las personas que han pasado por esto son material muy sensible. Es gente que tiene mucho miedo de hablar porque se tocan muchas sensibilidades, te sientes muy inseguro. Pensar que han abierto un piso para que la gente vaya ahí… no tengo palabras, no sé cómo expresarlo, me parece surrealista. 

Si tuviera hijos estaría muy asustado. ¿Cómo sabe alguien que su niño o su niña no está en peligro en este momento?

Dices que en este tiempo también has entendido por qué hasta ahora no se ha hecho nada más, políticamente hablando, para frenar esta lacra.

Si hablamos de los abusos de la Iglesia, la Iglesia es muy poderosa en este país, es muy difícil mover cosas que tengan que ver con la Iglesia. No sabemos ni nosotros hasta dónde llegan los tentáculos, la red o las raíces de la Iglesia. Es muy difícil luchar contra esto, su poder fáctico sigue siendo inmenso. Y lo entiendo. Venimos de ahí, nuestra sociedad y nuestra cultura viene de ahí. Así que no quiero un 100% de resultados, pero un 10% sí. Ahora quiero negociar ese 10%, a ver qué podemos conseguir.

En cualquier caso, lo que más me preocupa no es tanto ya qué hay que hacer con la institución, sino la falta de prevención. A día de hoy no existe, no hay nada, y los niños están desprotegidos. ¿Quién protege a los niños en este momento? ¿Cómo sabe la gente que esté leyendo esta entrevista que su niño o su niña no está en peligro en este momento? Esto es brutal, es muy heavy. Si yo tuviera hijos estaría flipando. 

¿Y asustado?

Estaría muy asustado, sí, muy asustado. Porque pasa mucho.   

Tu violador murió apenas unos días antes de que se publicara Esto no se dice. ¿No es algo providencial?

Ya… Con esto pensé: no sé si es algo para bien o para mal. Fue cuatro días antes de que saliera el libro, no me lo podía creer. Fue una sensación muy extraña: por un lado fue de liberación, por otro lado también de orfandad, porque él forma parte también de mi pasado. Es una parte complicada y difícil, pero es también lo que soy.

Fueron muchas situaciones complicadas y a la vez, que he tenido que ir desgranando con los días, y estoy en ello todavía. Es raro, es una sensación muy extraña. Se ha ido alguien a quien ni siquiera detestaba, pero alguien que me ha hecho mucho daño. Mientras estaba, te daba una referencia física, y ahora ya no la tengo. Es como si se me hubiera apagado una luz.

Es curioso eso.

Es curioso, sí, pero tengo que ser sincero.

Cuando se murió mi violador, tuve una sensación muy extraña: por un lado fue de liberación, pero también de orfandad

Cuando denunciaste, además del apoyo que recibiste, también hubo insultos, odio y trolls en redes. Entiendo que esto también supone un coste, al menos en salud mental.

Me molesta, pero no me duele. Yo ya conocí el infierno. Cuando a los 8 años te violan, si luego pasa esto, piensas: bueno, la gente está tarada. Aunque luego también pienso: ¿y si no fuera yo? Porque yo lo vivo así, pero me he dado cuenta de que yo no soy la mayoría. Con lo vulnerable que uno está, si recibes estas cosas te puedes hundir. Por eso la gente no habla; porque no tiene esa red para poder hacerlo con tranquilidad. Tienen mucho miedo a que duela. Prefieren vivir con un dolor controlado que enfrentarse a un posible dolor descontrolado. 

Alejandro Palomas (Photo: PATRICIA DONOHOE)
Alejandro Palomas (Photo: PATRICIA DONOHOE)

Alejandro Palomas (Photo: PATRICIA DONOHOE)

En una entrevista con El País decías que es ahora cuando realmente estás “empezando a vivir”. ¿Cómo es esta nueva vida? 

Es una vida de descubrimiento. De repente, entiendo que muchas de mis cosas tienen una explicación que va ahí [en los abusos]. Hay un origen, y las respuestas dan mucha tranquilidad. Hago un recorrido hacia atrás y voy recuperando muchos recuerdos que no tenía, que tenía bloqueados. Sobre todo, estoy recuperando mucho al Alejandro anterior a los 8 años, y eso me encanta. De esa época tenía muy pocos recuerdos, porque fue tan heavy que es como si pusieras una pantalla de acero que tapaba todo lo anterior. De repente, estoy descubriendo mucho al Alejandro niño, y estoy disfrutando mucho. 

Estoy descubriendo mucho al Alejandro anterior a los 8 años, y eso me encanta

¿Cómo era ese niño pequeño?

Era un niño muy puro, con una mirada muy limpia. Yo no recordaba que tenía esa mirada. Era cien por cien curiosidad, tenía mucha curiosidad, pero no miedo. Preguntaba todo, quería saberlo todo, no tenía miedo. Estoy descubriendo a ese Alejandro que a la vez me ayuda a recuperar a este que ha tenido tanto miedo y que cada vez tiene menos. Me estoy quitando muchos miedos conectando con ese niño que no los tenía. Y es un proceso muy bonito. 

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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