Aldeas del sureste de Nigeria, arrasadas por décadas de marea negra

Por Joel Olatunde AGOI
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Una capa de petróleo contamina el río cerca de la aldea de Bodo, en la región del delta del Níger, en el sur de Nigeria, el 19 de febrero de 2019

Martha Alfred recolectaba unos 20 sacos de yuca al año hasta que el petróleo se expandió por su pequeña plantación del sureste de Nigeria, contaminando unas tierras antaño verdes y fértiles.

La catástrofe, ocurrida en agosto, se debió a una fuga de hidrocarburos de una instalación de la empresa angloholandesa Shell en Ikarama-Oordia, en el estado de Bayelsa.

"El suelo se empobreció por los vertidos de la tubería de Shell en la zona", explica a la AFP Alfred, madre de dos hijos, de 33 años.

Como si esa desgracia no bastara, unas lluvias torrenciales inundaron su explotación agrícola, por lo que la mujer no tuvo más opción que abandonar su actividad. Ahora se dedica a vender pescado en el mercado local.

"Cada vez que pienso en los vertidos, y ahora en las inundaciones, se abre una herida en mi corazón", afirma, triste y enfadada a la vez. "Los de Shell vinieron y prometieron que harían algo por mí. Desde entonces, no he tenido noticias".

Ikarama-Okordia, que reúne varias aldeas de pescadores y agricultores, es uno de los lugares más contaminados del delta del Níger, la región de Nigeria más rica en petróleo y gas.

La tubería que atraviesa la zona en la que viven unas 50.000 personas fue saboteada varias veces por los rebeldes en cerca de veinte años. Según Shell, se registraron 21 fugas en ella entre 2009 y 2018.

Las compañías petroleras acusan a los habitantes de los alrededores y a los grupos armados del delta de estar detrás de la mayoría de los incidentes.

"No es en absoluto cierto, todos los incidentes no se deben a sabotajes. A veces, ocurren a causa de fallas en los equipos", asegura a la AFP Morris Lamiengha, un jefe de la comunidad de Ikarama.

Acusa a la compañía de trabajar con empresarios y jóvenes de la región para dañar las tuberías a propósito y así obtener unos contratos muy lucrativos por la limpieza y la vigilancia de las instalaciones.

Por su parte, Shell afirma que ha cumplido con sus compromisos en materia de limpieza y de ayuda a las comunidades afectadas (sea cual sea la causa de las fugas, es la compañía la que debe reparar los daños, según la ley nigeriana).

- Ni carretera, ni perspectiva -

"Shell siempre ha asumido y asumirá sus responsabilidades", declaró a la AFP Bamidele Odugbesan, el portavoz del grupo en Nigeria.

"El problema al que estamos confrontados es la re-contaminación. Una vez hemos limpiado el sitio, los vándalos vuelven a dañar las instalaciones para robar petróleo, sin tener en cuenta el impacto negativo en el medio ambiente".

Y lo mismo ocurre en el resto de la región del delta: contaminación, negligencias, subdesarrollo, pobreza y frustración.

En Ogoniland, hizo falta un informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUE, 2011) para que el gobierno pusiera en marcha, por fin, una campaña de limpieza en la región por una duración, en principio, de 30 años.

En Oloibiri, que fue donde se descubrió crudo por primera vez en Nigeria, la población local vive en una pobreza extrema. Hay escasez de infraestructuras y de carreteras, y ni rastro de los hospitales ni de las escuelas.

La planta de Oloibiri ya no produce y ha quedado invadida de mala hierba, mientras que los lugareños tienen que beber y bañarse en aguas contaminadas.

Nigeria, primer productor de petróleo africano, exporta de media dos millones de barriles de crudo al día, y esto representa el 90% de los ingresos del país por exportación.

"Las empresas petroleras han destruido el ecosistema de la región", denuncia Michael Karikpo, de la oenegé Environmental Rights Action.

Según él, los principales medios de subsistencia, que son la agricultura y la pesca, han sido arrasados en una región ya de por sí muy afectada por el desempleo, donde la mayoría de los jóvenes vive con menos de dos dólares diarios.

"A causa de ello, los problemas relacionados con el 'bunkering' [explotación casera e ilegal de petróleo], el vandalismo en los oleoductos y en las refinerías ilegales continuarán en el delta del Níger", sostiene Karikpo.

Para Anyakwee Nsirimovu, representante de la Coalición de la Sociedad Civil del delta del Níger, Nigeria será un polvorín "si no se hace nada para responder a las reclamaciones de los habitantes" de las regiones petrolíferas.

"El petróleo es una maldición para el pueblo", señala. "Nuestra situación se parece a la de alguien que vive a orillas de un río pero que se lava las manos escupiéndose en ellas".