Alberto Núñez Feijóo tampoco fija un criterio claro en relación con Giorgia Meloni

Es más que habitual que, cuando se celebran en elecciones en Europa y América, los partidos españoles que comparten siglas, programa o intereses con el ganador de turno saquen pecho y se apunten un tanto con el que debilitar a sus rivales.

  • Lo hemos visto con Podemos, que festejó la victoria de Gustavo Petro en Colombia.

  • Con el PP, brindando por el éxito de Emmanuel Macron en Francia.

  • O con el PSOE aplaudiendo el triunfo de Antonio Costa en Portugal.

Lo raro es lo que acaba de ocurrir con Giorgia Meloni. La líder ultraderechista que la prensa conservadora ha blanqueado como "derecha nostálgica" se ha impuesto en los recientes comicios de Italia. Y en el Partido Popular no saben muy bien si felicitarla o si tomar distancias con ella. Porque tanto si la consideran -como es- una líder de extrema derecha, como si la quieren rebajar con un filtro de moderación, Alberto Núñez Feijóo se ha guardado para sí mismo su opinión. No la hizo pública el domingo por la noche ni en la jornada de ayer lunes. Y si el líder de un partido no marca una estrategia firme y un rumbo claro a su partido, pasa lo que pasa.

Esto es, que si le hace la pregunta al presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla se descuelga rechazando la radicalización de los partidos, reclamando a la líder del partido Fratelli d'Italia que "respete los valores y los objetivos de la Unión Europea" y alertando del vacío existente en el centro político.

Pero si la pregunta se formula a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso reconoce que, aunque "hay algunas partes del discurso que no casan con el mío, otras partes del diagnóstico sí lo hacen. A lo que su entorno añade, según Voz Pópuli, que "se equivocan los que leen las elecciones italianas como peligro por la victoria de la derecha".

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En el hipotético caso de que Meloni acabe viniendo a España de visita oficial, Feijóo podrá mandar a Ayuso como embajadora del PP. Y si, por contra, la Unión Europea marca distancias con Meloni, Feijóo podrá enviar a Moreno Bonilla a Bruselas para sumarse al acto. Porque, obviamente, si se apuesta por estar a favor y en contra a la vez, en algún momento se acierta. Pero el margen para el error es igual de grande.

De momento, el líder gallego del PP prefiere navegar sobre dos aguas. Lo mismo reclama una reducción del consumo energético (mes de julio) que critica el plan del Gobierno para llevarlo a cabo (agosto). O lo mismo se planta ante una coalición con la que el PP facilite la entrada de Vox en los gobiernos autonómicos (febrero) que le da el visto bueno a que ese pacto cristalice en Castilla y León (abril).

Ese mismo error repitió en varios procesos de su mandato su predecesor al frente del PP. Pablo Casado alternó la foto de Colón con duras reprimendas a Vox en el Congreso como durante la moción de censura a Pedro Sánchez. Fue quien incitó a Alfonso Fernández Mañueco a contar con Juan García-Gallardo como vicepresidente de la Junta de Castilla y León para, días después, criticarlo en Europa en una reunión del Partido Popular Europeo. La indefinición, la falta de concreción y la ausencia de una línea de acción férrea acabó granjeándole tantos enemigos que a Casado solo le quedó suplicar para que le dejaran irse él mismo antes de que le cortaran la cabeza en el balcón de Génova.

Más le vale a Feijóo tomar nota y empezar a abandonar su doble juego y su inconcreción. Porque ahora todo son palmaditas y felicitaciones. Pero cuando le vengan mal dadas, la factura de errores y decisiones desacertadas que sus rivales le pondrán encima de la mesa puede ser interminable.

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