Alaska sufre la misma fobia a los botones que tenía Steve Jobs

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Las personas que padecen 'Koumpounophobia' tienden a evitar la ropa con botones. Solo pensar o ver los botones puede desencadenar un ataque de ansiedad en toda regla. (Foto: Mariano Regidor/Getty)
Las personas que padecen 'Koumpounophobia' tienden a evitar la ropa con botones. Solo pensar o ver los botones puede desencadenar un ataque de ansiedad en toda regla. (Foto: Mariano Regidor/Getty)

La 'Koumpounofobia' es una fobia extraña, pero que existe. Se explica, básicamente, como el miedo irracional y persistente a los botones. Deriva del latín 'Koumpouno', que significa botones, y del griego 'phobos', que significa miedo. Está muy relacionado con el miedo a los objetos redondos o circulares o el miedo a los agujeros (tripofobia).

Una fobia es un tipo de trastorno de ansiedad que se da ante determinadas situaciones u objetos. Se trata de un temor fuerte e irracional hacia algo que no presenta un peligro real. No es una simple aversión (estas suelen incomodar a las personas que la padecen, pero raramente interfieren de manera grave en la vida) sino que genera grandes problemas en el desempeño de la vida cotidiana, y sus síntomas repercuten tanto a nivel emocional como físico.

Las personas que tienen esta 'koumpounofobia' (afecta a 1 de cada 75.000) tienden a evitar usar ropa con botones, y a cambiarla por atuendos con cremallera, velcro u otro tipo de cierre. Aunque en ocasiones la fobia va más allá. 

Este trastorno se presenta en diferentes grados, pero quienes lo padecen con intensidad pueden ver su vida y desempeño cotidiano totalmente condicionados. Por ejemplo, Alaska ha reconocido en más de una ocasión que sufre 'koumpounofobia' desde su más tierna infancia, y que incluso pensar o hablar de ello le provoca tensión.

"Lo siento, pero es que es un tema... No puedo hablar de eso, parece que ya desde bebé y en brazos yo tenía ya problemas", asegura la cantante de Fangoria, que se pone nerviosa solo de oír la palabra.

Lo que cuenta Alaska puede parecer exagerado pero no lo es; la 'fobia del botón' afecta a menudo a niños, y el problema puede persistir en la edad adulta. "Me quejaba cuando mi madre intentaba vestirme con una ranita o un body con botones, no paraba hasta que me lo quitaba y me daban unos berrinches tremendos cuando una amiga suya que siempre iba con camisas abotonadas se me acercaba", cuenta Alaska en una de sus intervenciones en Onda Cero, la radio donde colabora. 

Aunque la prevalencia de la 'koumpounofobia' es baja, Alaska no es la única persona que ha querido compartir su trastorno. Tanto en la redes como en la prensa internacional se ha hablado de ello. Steve Jobs reveló al Wall Street Journal que la padecía; muchos entendimos entonces la obsesión por esos jerseys de cuello vuelto negro del cofundador de Apple. Su fobia se extendía mucho más allá de los botones de la ropa, e irónicamente preparó el escenario para lo que podría decirse que fue el éxito más notable de la empresa: móviles y tablets de pantalla táctil.

Más reciente es la historia de la modelo argentina Giuliana Caramuto, con fobia a los botones de cuatro agujeros, publicada por Filo News: "De bebé reaccionaba raro ante los botones. Mi mamá me contó, por ejemplo, que cuando me daba la teta, si ella tenía puesta una camisa con botones, yo lloraba y no quería tomar y ella no entendía por qué".

O el caso de la adolescente británica Hanna. "Mi madre dice que me asustaba cuando llegaba el momento de prepararme para la escuela. Gritaba, lloraba y, a medida que crecía, comenzaba a tener ataques de pánico cuando me enfrentaba a la perspectiva de tocarlos y prepararme".

"Obviamente sé que un botón no puede lastimarme, pero hay algo en la forma y la textura que me asusta. Es un miedo irracional". Parece que finalmente Mathews ha podido superarlo.

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Las reacciones que provoca la 'koumpounofobia' suelen ser incontrolables, automáticas y totalmente involuntarias, hasta el punto de que las emociones que causa pueden llegar a asumir el control de los pensamientos de una persona. Solo verlos, hablar sobre ellos o incluso imaginarlos, puede desencadenar numerosos síntomas.

"Desarrollas una habilidad para no mirar. Por ejemplo, en el cine, con la pantalla grande, tengo que apartar la mirada", cuenta Alaska. Esto se conoce como 'estrategias o rutinas de evitación', más o menos sofisticadas, lo que sea con tal de evitar esa temida interacción con los botones.

Las reacciones físicas a la 'fobia de botón' son tan intensas que van desde el "me duele el estómago y sudo" a sentir "escalofríos y mareos", y pueden incluir palpitaciones o latido rápido del corazón, falta de aire, temblores, náuseas, boca seca, incapacidad para hablar o pensar, molestias gastrointestinales, y un deseo 'aplastante' de escapar. De hecho, cualquier interacción o visión de botones puede inducir un ataque de ansiedad.

Asustarse o perder el control al ver incluso un solo botón son otras de las consecuencias. Es más, muchas personas con 'koumpounofobia' se niegan a asistir a eventos sociales como bodas o bailes de graduación, ya que hay otros invitados que visten esmoquin o abrigos con botones. Algunas personas se lavan las manos repetidamente después de haber tocar botones sin saberlo. Y en casos extremos, incluso temen escribir la palabra "botones" o decirla en voz alta. Hablar sobre los botones puede ponerlos histéricos o hacerlos llorar o gritar.

Cuando hablamos de fobias tan específicas como la 'koumpounofobia', no existe una única causa que las explique. Por lo general, la fobia a los botones surge de una combinación de factores.

Algunos koumpounofóbicos tienen miedo a las perlas o, en general, a todo tipo de objetos circulares. Esto tendría una explicación: la fobia a los botones puede ser evolutiva al igual que el miedo a todos los objetos circulares. Los científicos creen que el hombre siempre ha tenido miedo de los objetos circulares como agujeros, ya que se asemejan a erupciones cutáneas o hoyos que contienen lo desconocido.

Incluso se ha producido películas sobre ello, como la adaptación de la novela de terror 'Coraline', de Neil Gaiman, donde la protagonista descubre un mundo paralelo con personajes siniestros que tenían botones en lugar de ojos. Coraline desarrolla 'koumpounophobia' porque sus ojos, que de otra manera serían puertas de entrada al alma, en este caso, se convierten en estanques negros y vacíos.

Otra teoría apunta a la existencia de una predisposición genética, que desempeñaría un papel en este tipo de emoción. Los psicólogos creen que esta fobia puede ser el resultado de la susceptibilidad genética así como de los factores ambientales y sociales. Una persona que tiene familiares con fobia a los botones, tiene un mayor riesgo de desarrollar este trastorno. Además, la mutación en determinados genes puede predisponer a la persona a desarrollar una serie de desórdenes emocionales, entre los que se encuentran las fobias específicas. Sin embargo, no todo el mundo con una predisposición genética es propenso a la 'koumpounofobia'.

Como ocurre con otros miedos y fobias irracionales, el miedo a los botones también puede estar relacionado con una experiencia traumática o negativa de la infancia. Ciertos incidentes o eventos pueden haber desencadenado la fobia en la infancia, un evento que quizás uno ni siquiera recuerde.

Por ejemplo, que se te caiga encima de la cabeza un cubo de botones a los dos años, o que debido a la incapacidad para abrocharlos, hayas sido victima de las burlas de otros niños en la escuela. Algunos niños los pueden haber inhalado o sufrido un atragantamiento, lo que les ha provocado un miedo de por vida a los botones. El abuso o la negligencia infantil por parte de alguien que usa ropa con botones también puede desencadenar la fobia. 

Los tratamientos contra la 'koumpounofobia' tienden a centrarse en los traumas infantiles que podrían haberla precipitado. Hablar de ello es el primer paso hacia la curación. La terapia cognitivo-conductual y la terapia de exposición (incluso, mediante realidad virtual) son otros medios eficaces para superar la fobia a los botones.

Por un lado, se busca cambiar las respuestas negativas por positivas, racionalizando los propios pensamientos de miedo y volviéndolos positivos. Y por otro, al enfrentarse a los objetos que generan ese miedo, se conseguirá desensibilizarse y cambiar la percepción sobre ellos. Los familiares y amigos deben brindar apoyo al 'paciente' en lugar de acosarlo o burlarse de él. Son especialmente recomendables los grupos de autoayuda ya que pueden aliviar al 'enfermo' al darse cuenta de que no está solo y ver que otros sufren lo mismo.

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