AIFA: Quién fue Felipe Ángeles, cuyo nombre lleva el nuevo aeropuerto de México

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Estatua del general Felipe Ángeles en la entrada del nuevo aeropuerto internacional de México que lleva su nombre. | Foto Héctor Vivas/Getty Images
Estatua del general Felipe Ángeles en la entrada del nuevo aeropuerto internacional de México que lleva su nombre. | Foto Héctor Vivas/Getty Images

Con motivo de la inauguración del nuevo aeropuerto en México, cabe preguntarse quién fue Felipe Ángeles que da nombre a la terminal.

Existe la vieja tendencia a bautizar con el nombre de héroes, personalidades, pilotos esos espacios: “John F. Kennedy” por ejemplo en Nueva York, “Charles de Gaulle” en París, “Cristiano Ronaldo” en Madeira.

Por otra parte está la fascinación que el presidente de México, apegado fijamente a ciertos pasajes de la historia nacional, tiene por el revolucionario.

Y, aunque es poco probable, no hay que confundir a Felipe Ángeles Ramírez con Felipe Ángeles Melo, su padre, coronel del ejército mexicano que combatió contra Estados Unidos y en la intervención francesa.

Felipe Ángeles (como se da en llamar tan solo con su primer apellido al personaje que nos ocupa) fue un miembro del ejército mexicano primero, y de las fuerzas revolucionarias a continuación, que se distinguió por su marcada nobleza de alma, gran preparación y papel protagónico con los principales poderosos de su tiempo como fueron Porfirio Díaz, Francisco I. Madero, Emiliano Zapata, Victoriano Huerta, Venustiano Carranza, Álvaro Obregón y Francisco Villa.

FORMADO EN LA ERA PORFIRIANA

Comenzó sus estudios en el Colegio Militar en el marco de una milicia cobijada por Porfirio Díaz. Los continuó en Francia especializándose en Artillería (el área en la Ciudad de México donde hoy se enseña esta práctica lleva el nombre de él en recuerdo de su destreza). Todo en su persona mostraba un soldado modelo porfiriano. Su técnica europea hizo que con sorna Victoriano Huerta lo llamara “Napoleoncito”. Así, ¿quién habría de pensar que se convertiría en revolucionario?

En el campo de batalla sería un reconocido estratega. Sus habilidades las desplegó sobre todo al servir a la causa de la Revolución. Al grado de que se diga que las importantes victorias de la División del Norte de Villa, sobre todo Zacatecas y Torreón, se deben no a él, sino al talento de Felipe Ángeles para las operaciones.

Con referencia a su oficio político, a continuación algunos apuntes…

CON MADERO, Y SU PRIMER ACERCAMIENTO A ZAPATA

Ya en el poder Francisco I. Madero lo hizo venir de Francia a la dirección del Colegio Militar ubicándolo muy cerca de sí, ya que el plantel se asentaba en el propio Chapultepec de la residencia del Ejecutivo.

Más adelante lo envió a la zona militar del sur del país, en campaña ante las fuerzas de Emiliano Zapata. Allá, por contraste con su antecesor, comienza a desplegar sus dotes de “caballero de la guerra”, al grado de liberar en vez de matar de hambre o aplastar a sus prisioneros. Esa virtud tan suya es bien identificada por los jefes agraristas.

El 9 de febrero de 1913, en un lance insólito, el presidente fue por él a Cuernavaca en tanto que Ángeles era su estratega en operaciones de máxima confianza, pero además su candidato a sustituirlo de ocurrir eventualidades.

Se presentaba nada menos que el estallamiento de la etapa conocida como la Decena Trágica donde fue ultimado Francisco I. Madero.

Al regresar el señor Madero, lo primero que propuso fue que el señor general Ángeles se encargara de reorganizar la línea de batalla, para preparar el asalto decisivo a la Ciudadela, y que se destituyera a Huerta, colocándose a Ángeles como jefe.” Dijo Manuel Bonilla, citado por el historiador Friedrich Katz.

Es decir que militarmente pudo tener dos participaciones importantes Ángeles con Madero: la inicial cuando fue enviado por el segundo como comandante de la zona militar donde hervía la lucha zapatista, y en la que su participación fue de contención más que de combate. En cuanto a tratar a Zapata, más bien la cercanía que con el tiempo se consolidó fue con Genovevo de la O, hombre de las confianzas del caudillo.

El otro lance militar que Ángeles pudo tener con Madero no lo tuvo, vamos, pues de ser así la historia de plano sería otra: que hubiese estado a cargo en la Ciudadela.

Por el contrario fue hecho preso y reunido con el propio Madero y el vicepresidente Pino Suárez. A diferencia de ellos salvó la vida porque el general Victoriano Huerta, cabeza del golpe contra Madero, calculó que sería reprobado por los militares -de cuya lealtad dependía sobremanera en el nuevo estado de cosas- tratar al compañero de armas igual que a los civiles, aunado al prestigio e influencia de Felipe Ángeles.

Sobrevino entonces su exilio a Francia de donde regresó en el otoño de 1913.

CON CARRANZA, CON LA MANO DE OBREGÓN, CON VILLA Y NUEVO ACERCAMIENTO A ZAPATA

Comienza la historia de FA como revolucionario una vez que el institucionalismo para el que laboró había caído. Venustiano Carranza le da la más alta responsabilidad, secretario de Guerra y Marina, pero enseguida lo deja tan solo como subsecretario de Guerra. Aquí aparece Álvaro Obregón, aquella mano que con su conocida habilidad no quiere a nadie en su camino y, junto con otros jefes, enturbiará la mente de Carranza respecto de Ángeles hasta que el jefe constitucionalista opta por mandarlo con Francisco Villa.

Allá tuvo lugar una inicial etapa brillante ya con nuestro personaje luchando para la revolución. Así se juntaron el general de nombre y el general de carrera. Como con Madero, debió ser fascinante el trato entre los dos, tanto para ellos mismos como para cualquier testigo. Contra lo que pudiera pensarse, Villa tuvo disposición de emprender entre sus fuerzas la disciplina propuesta por Ángeles y de aceptar sus tácticas.

Tan fue así que ocurrieron triunfos clave en históricas batallas, como la de Torreón antes mencionada. De la misma manera que derrotas luego de Aguascalientes por no aceptar lo que el estratega proponía.

Antiguas y recientes diferencias entre la División del Norte y Carranza alcanzaron la cumbre con el desacuerdo del jefe constitucionalista en que los villistas tomaran la capital de la república. En el fondo de su negativa yacían sus reservas de que FA fuese proyectado a la presidencia de la nación.

Para la Convención de Aguascalientes Ángeles se dirigió a Cuernavaca a invitar a Zapata quien mostró apertura dadas las acciones humanitarias de nuestro personaje en su anterior estancia.

Luego de la Convención volvió FA a los combates pasando una etapa entre batallas perdidas, gestiones y políticas que no cristalizaron, desencuentros con el propio Villa, hasta un exilio: el constitucionalismo había recuperado gran fuerza en contraposición al impulso de los jefes convencionistas.

Otra vez Obregón metió mano ante Carranza acusándolo de todo, incluso de ser el autor de la insubordinación villista.

Los tumbos habrían de llegar a la entrega de Ángeles por un escolta de Villa que lo canjeó por su personal indulto.

Vino el juicio con un desenlace predeterminado y su fusilamiento. Estos dos hechos enriquecidos con intervenciones, comentarios personales y detalles del general que mostraron, no obstante que la muerte se le aproximaba, de qué estaba hecho y constituyen el punto final de su legado.

EL GENERAL ÁNGELES SEGÚN LOS QUE LO CONOCIERON

“Percibí en él un par de cualidades que había echado de menos en sus antecesores, las de la compasión y la voluntad de entender. Me agradó, incluso antes de escuchar entre sus jóvenes oficiales que no toleraba crueldad ni injusticia alguna de sus soldados” (Rosa King, del hotel donde se hospedó en Cuernavaca para su primera gestión en Morelos y otros estados).

“De hombres así necesita la revolución” (Emiliano Zapata).

“Para nosotros que mal sabíamos leer y escribir, y formados militarmente bajo la disciplina del general Villa, aquellas enseñanzas del general Ángeles nos ilustraban” (Martín Rivera Domínguez, lugarteniente de Villa).

“Usted (…) ha tenido palabras de mucho elogio para la División del Norte. Pues bien, todo el éxito se lo debía a él, Felipe Ángeles. Organizó los batallones, los regimientos, las divisiones, la artillería y el cuerpo del servicio sanitario, los cuerpos de zapadores, comunicaciones. Un hombre muy educado, instruido en la ciencia de la guerra. Todo se lo debí al general Ángeles. Una gloria de mi raza. Eso fue Felipe Ángeles. Un hombre muy bueno a quien debo gran parte de mis conocimientos militares. Valiente, honrado, de buen corazón. Un hombre a quien yo quise mucho…” (Francisco Villa).

“Yo no entré a la Revolución para fusilar a hombres como usted, sino para seguirlos donde vayan” (Atribuido al Coronel Bautista, que tenía a cargo el pelotón de fusilamiento).

EN CONCLUSIÓN

Razones sobran en el perfil de Felipe Ángeles para que la nueva terminal aérea lleve su nombre.

Figura destacada del tiempo que le tocó vivir, reunió en su persona cualidades tanto académicas como combativas, pero su fama se basa, con mucho, en su reputación ética: encarna al militar no sanguinario que privilegiaba los acuerdos pacíficos.

Eso ocurrió ya desde el maderismo con su trato (”benevolente”, dice el historiador Javier Garciadiego) hacia los zapatistas apresados y su inicial oferta de amnistía.

Ya en la etapa revolucionaria se aprecia su respeto por la vida del vencido en este pasaje imperdible, nuevamente de Friedrich Katz: “En cuanto al trato de los prisioneros, fue la campaña más humana de toda la revolución mexicana… tres hechos destacan respecto de Ángeles. Manifestó un grado de humanidad único entre los revolucionarios mexicanos con excepción de Madero. No hay precedentes en la revolución mexicana de nada parecido a la liberación de tres mil prisioneros que él llevó a cabo después de la batalla de Monterrey…” 

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