Por qué se ahorra energía al no llevar corbata

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Sánchez, de riguroso traje y corbata en el Congreso, se echa un trago para refrescarse (Photo: Europa Press News via Getty Images)
Sánchez, de riguroso traje y corbata en el Congreso, se echa un trago para refrescarse (Photo: Europa Press News via Getty Images)

Sánchez, de riguroso traje y corbata en el Congreso, se echa un trago para refrescarse (Photo: Europa Press News via Getty Images)

El debate y el morbo están servidos. Pedro Sánchez ha hecho balance de la situación de España con un discurso en el que el primer titular estaba en su apariencia. ¡Que va sin corbata!

No era solo una licencia en el outfit veraniego. Sánchez ha hecho de ese gesto una bandera y ha recomendado a otros altos cargos y habituales del traje y corbata no llevar todas las galas para intentar gastar menos en plena época de vacas flacas energéticas.

“Sí me gustaría que vieran que no llevo corbata, eso significa que todos también podemos ahorrar desde el punto de vista energético”, ha señalado Sánchez en la comparecencia en la que ha presentado el nuevo paquete de medidas urgentes para lograr el ahorro energético. “He pedido a todos los ministros y a todos los responsables públicos y al sector privado, en la medida de lo posible, que cuando no sea necesario no utilicen la corbata y así todos ahorraremos”.

Es una imagen similar a la que lució el ministro y diputado socialista Miguel Sebastián en 2011, cuando apareció en el Congreso sin corbata, para indignación del presidente de la Cámara, José Bono. El economista lo justificó en una medida adoptada por el Gobierno de Japón en 2005 con la vista en cumplir con el protocolo de Kioto. También citó la experiencia similar del Ejecutivo de Portugal.

Al no llevar tantas prendas, especialmente una ajustada al cuello y por tanto agobiante en plena canícula, la sensación térmica corporal es mucho menor, lo que permite “no despilfarrar” energía en los edificios. Una oficina o un espacio en el que se trabaje con traje y corbata obliga a tener el aire acondicionado a menor temperatura o con una fuerza mayor para que los ‘trajeados’ puedan sentir el respiro. Situación que incluso puede generar incomodidad en aquellas personas que vistan con menos capas.

“Por cada grado que elevamos la temperatura y reducimos el aire acondicionado se ahorra un 7%”, justificó Sebastián, por entonces ministro de Industria. Y, más de una década después, ha añadido que es “bueno para el PIB, bueno para el IPC, bueno para el medio ambiente”. “Sí, se puede ahorrar energía”, escribe en un tuit.

Y, ya lo dijo Teresa Ribera el jueves, cada gesto cuenta. Aunque haya quien califique de “frivolidad” la petición de Sánchez, como la número dos del PP, Cuca Gamarra.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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