'Ahora, Olga' se queda corto tras la marea de contundencia que fue la serie de Rocío Carrasco

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"En una sociedad civilizada todo el mundo tiene que tener derecho a la palabra". Con esta contundente frase, Carlos Sobera daba el pistoletazo de salida de Ahora, Olga, el especial con el que se pretendía dar voz a la otra versión de los hechos frente a la expuesta por Rocío Carrasco . Y digo pretendía porque en muchos aspectos los espectadores nos hemos quedado en las mismas, e incluso más confundidos ante la insistencia de dos versiones diferentes en todo. En este esperado acontecimiento televisivo destacaron las respuestas repetitivas de su protagonista, todavía confusa tras su llegada de Honduras, y, sobre todo, faltaron temas y preguntas contundentes que se quedaron en el tintero. 

Ahora, Olga no superó las expectativas y quedó reducida a una entrevista estilo Sálvame que pasó por encima de lo importante y dejó cuestiones que formaron parte del contundente testimonio de Rocío Carrasco sin tratar.

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Era uno de los pulsos televisivos más esperados de los últimos tiempos. Después de la docuserie Rocío Carrasco, contar la verdad para seguir viva, quedaban capítulos abiertos por dar la réplica. Y se suponía que Ahora, Olga llegaba para llenarlos, o al menos algunos de ellos. La audiencia habló y mostró sus ganas de saber más con un dato de share fabuloso para Telecinco, que alcanzó un 25.8% frente a la gran final de Mujer en Antena 3. Pero se quedaron, nos quedamos, con las ganas. 

El especial duró menos de lo esperado (tres horas y media) y dio vueltas alrededor de los mismos temas sin terminar de rematarlos. Para empezar, aquello parecía un plató de Sálvame con colaboradores que fueron más protagonistas que la propia invitada. A diferencia de la docuserie, donde vimos especialistas en materia de violencia vicaria, periodistas y voces incluso inicialmente detractoras a Rocío, los elegidos para intervenir eran tertulianos que lejos de preguntar aseveraban su versión de la verdad. El popurrí de invitados incluía, entre otros, a la amiga de Olga, Marta López, al Maestro Joao y un Kiko Matamoros que alzaba la voz para sentenciar más que preguntar. Especialmente destacable, y no para bien, fue el papel de Cristina Tárrega, que intentaba incluirse en las preguntas y debate cortando momentos de tertulias en el audio del espectador. Al menos sí supo desmarcarse de su amistad con Olga y su familia para plantear temas complicados, aunque al igual que Kiko Matamoros, desde el lado de la opinión personal cuando era una entrevista para conocer la versión de Olga.

La que se atrevió a poner los puntos sobre las íes de forma contundente fue Isabel Rábago. La periodista, claramente posicionada en el lado de Carrasco, dejó a un lado sus sentimientos y ejerció de entrevistadora con hechos y datos en la mano, sin pasiones personales. Pero hasta en eso el programa impidió que se fuera más allá. Ocurría cuando la colaboradora de Viva la vida le preguntó a Olga sobre la polémica portada de Antonio David con sus hijos llorando el día de la boda de la hija de Rocío Jurado. En definitiva, lo que muchos queríamos saber. Pero Carlos Sobera puso un freno a la periodista. "Sé que estás utilizando la táctica de que te dé su opinión sobre lo que ha hecho Antonio David, pero recuerda que el programa versa sobre lo que han tenido que escuchar sobre ella, no sobre Antonio David, durante su estancia en Honduras. No es una portada de Olga, es de Antonio David", afirmó.

Desde casa muchos no dábamos crédito, después de todo Olga habló de esos "niños" en Supervivientes, hizo otras portadas con ellos, dio entrevistas hablando de ellos... desde fuera, era una pregunta lícita. Este freno llevó a que muchos se preguntaran en redes si Olga había exigido vetos o condiciones, aunque la explicación del programa fue que Olga estaba allí solo para hablar de ella y sus vivencias.

Tras aquella situación, y siempre desde el ángulo de espectadora, me pregunté si quizás este especial dedicado a Olga sería, en realidad, un avance de lo que estaría por venir. Si está era la versión de lo vivido solo por Olga, y no su marido y familia, entonces faltaría esa parte. Pues esa deducción quedó casi, casi confirmada con la posterior afirmación de Sobera. "Puedo aprovechar para decir que supongo que Antonio David tendrá su oportunidad, en su momento, dentro de Mediaset, para dar sus declaraciones, por ejemplo, sobre eso", prosiguió. Pues más claro, el agua. La historia mediática podría estar a punto de añadir más episodios y nada menos que con el posible regreso de Antonio David.

Era de esperar que en apenas 5 días tras su salida de la isla no se podían hacer malabares y preparar un programa tan cuidado al milímetro como la docuserie de Rocío. Sin embargo, faltó contundencia en el planteamiento de las preguntas. Isabel Rábago y Antonio Rossi lo intentaron pero no podían hacerlo solos, y mientras tanto la entrevistada parecía repetirse continuamente con sus frases de que solo dio amor a los niños y no esclarecía con rotundidad algunos de los relatos expuestos por Rocío Carrasco. Es más, los gestos de Rábago de aparente frustración o incredulidad eran un poema para Twitter.

El tiempo pasaba y estábamos sin respuestas. Todo giraba alrededor de lo mismo, sin avanzar ni aclarar el millón de dudas que como espectador teníamos. O no se acordaba o mantenía versiones del pasado que contradicen aquellas compartidas por Carrasco. Que no quiere decir que no sean verdad, sino su versión como Rocío dio la suya, pero desde el otro lado de la pantalla su falta de rotuntidad y fervor por esclarecer transmitían dudas. Ni de los piojos que Rocío asegura tenían sus hijos cada vez que les tocaba en la quincena, ni de los collares que llevaba Rocío Flores y que su madre pidió que se quitara para evitar accidentes, ni del episodio en el hospital en el que un David hijo ingresado se emocionaba al ver a su madre llegar. Todo eran caras de asombro, frases repetidas o 'no me acuerdo'. Y así, entre confusión e impaciencia, llegamos a la 1.30 de la madrugada y el fin del programa.

Era la oportunidad de oro para Olga de dar datos y rebatir el testimonio de Rocío Carrasco, esa mujer que dijo de ella que no tenía "coño". Pues ni siquiera una frase tan lapidaria como esta provocó la reacción contundente que algunos esperábamos. Lloró y se repitió con eso de que ella no era la madre de los niños, y añadía que era la que había ido a las tutorías y los médicos mientras Isabel Rábago le recalcaba cómo con esas frases alimentaba un mensaje de crítica contra Carrasco porque ella, como demostró en su serie, también lo hizo. O cuando Olga dejaba caer que ella por su hija haría cualquier cosa para que nadie la separe de ella. Una frase que, desde fuera, podía entenderse como una crítica a Rocío Carrasco mientras Rábago, de nuevo, le recalcaba la diferencia de relaciones entre madre e hija que tiene cada una. O cuando Olga daba a entender que habría que mirar más cerca del entorno de Rocío Carrasco para entender sus problemas, algo que Isabel Rábago señaló que se estaba dirigiendo a Fidel Albiac, el esposo de Rocío. 

Sin entrar a valorar demasiado a Carlos Sobera, quien hizo su papel lo mejor que pudo y ha demostrado ser un gran profesional, a mí me faltó que fuera algo más directo en ciertos temas. Probablemente, y son solo deducciones mías, existieran límites en los temas que tratar porque ayer le veíamos muy comedido y sin salirse del margen, como siguiendo un guión pautado. ¿Hubieran actuado igual Jorge Javier Vázquez o Carlota Corredera en esa posición? Imagino que no.

Lo que quedó latente en la noche del miércoles es que aunque Olga fue la ganadora absoluta y con cifras récord de Supervivientes, ayer perdió mucha de su fuerza. Sus respuestas con monosílabos, falta de memoria y, en muchos casos, gestos y caras que despertaron dudas, no convencieron a una gran parte del público que así lo hizo saber en las redes sociales. En esta ocasión la marea rosa dio un fuerte revés a la azul. La contundencia de los espectadores contra el testimonio de Olga y el programa en sí quedó reflejada en cientos de mensajes que ponían sobre la mesa la falta de datos y argumentos, tan diferente a la serie documental. 

Y para ejemplo, solo hay que ver la diferencia de tuits en apoyo a Rocío Carrasco que se contaban en miles:

Miles de tuits diferenciaban el apoyo a Rocío Carrasco en Twitter durante la noche de emisión de Ahora, Olga
Miles de tuits diferenciaban el apoyo a Rocío Carrasco en Twitter durante la noche de emisión de Ahora, Olga

Al final, se echó de menos el formato de la docuserie, o al menos el intento de que aquello fuera algo más que un debate. Se dejaron muchos temas de interés al margen, gran parte de ellos de Antonio David, su esposo y pareja por más de 20 años y el otro gran protagonista de esta historia, echando en falta preguntas, por ejemplo, que permitieran a Olga explicar su opinión, postura y vivencia ante el relato de Carrasco sobre su sufrimiento por el machaque mediático de entrevistas, programas y portadas.

Pero esto no acaba aquí, hoy jueves Carrasco responderá en Sálvame y la bola se seguirá haciendo más gorda. Un panorama muy triste que refleja a una familia dividida y un programa que no pudo estar a la altura de la fuerza contundente que fue cada episodio y tertulia de Rocío, contar la verdad para seguir viva.

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