¿Buscas algo de origen extraterrestre en la Tierra? Prueba con el agua

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Imagen del asteroide 25143 Itokawa tomada por la sonda japonesa Hayabusa a medida que se acercaba a él en 2005. (Crédito imagen JAXA).
Imagen del asteroide 25143 Itokawa tomada por la sonda japonesa Hayabusa a medida que se acercaba a él en 2005. (Crédito imagen JAXA).

En astrobiología, la ciencia que trata de explicar el modo en que la vida surge en cualquier planeta (aunque de momento el único ejemplo que tenemos a mano es el terrestre), existe un viejo debate que tiene que ver con el agua. No es que haya investigadores que duden de su importancia de cara a la aparición de seres vivos, sino que en lo que no se ponen de acuerdo es en el origen del agua.

Hay quienes argumentan que en la Tierra ya había al culminar su proceso de formación por coalescencia, a partir de trozos más pequeños que giraban como un enjambre en la misma órbita. Y luego están los que creen que, por el contrario, la Tierra era inicialmente un “secarral” y que el agua llegó a posteriori mediante una "lluvia" procedente de otras regiones del sistema solar.

Bien, pues estos últimos, defensores de lo que podríamos llamar “origen alienígena del agua terrestre” parece que se han podido apuntar una victoria significativa gracias al trabajo de un equipo de científicos británicos sobre unas muestras muy especiales de un asteroide llamado 25143 Itokawa.

Los pequeños granos de polvo empleados en este estudio, llegaron a la Tierra a bordo de una sonda robótica japonesa llamada Hayabusa, que logró aterrizar sobre este asteroide con forma de cacahuete en 2005 y regresar con su preciada carga el año pasado.

En palabras de uno de los coautores del trabajo (Luke Daly de la Universidad de Glasgow): “el polvo que hemos estudiado aporta una buena evidencia de que nuestros océanos se crearon a partir de agua que llegó desde otras partes del sistema solar. Esto sugiere que al menos la mitad del agua que tenemos en la Tierra se filtró con la caída de polvo interplanetario”.

Para el trabajo, Daly y sus colegas emplearon tomografía de sonda atómica, tecnología con la que estudiaron los granos de polvo recuperados por la Hayabusa de la superfice del asteroide 25143 Itokawa. Esta avanzada tecnología permite contar uno a uno los átomos de una muestra, así fue como descubrieron que los granos de polvo contenían una cantidad significativa de agua. El trabajo se publicó en la edición de noviembre de la revista Nature Astronomy.

Daly cree que probablemente el agua vino a parar a la Tierra gracias al viento solar, una corriente de partículas que fluye desde el sol. Estas partículas habrían interactuado con átomos de oxígeno presentes en las nubes de polvo que flotaban a través del Sistema Solar creando moléculas de agua, las cuales se habrían ido acumulando con el paso del tiempo en esas mismas nubes.

Más tarde, cuando la Tierra ya orbitaba el sol, el constante movimiento habría hecho que nuestro planeta atravesara esas nubes ricas en moléculas de agua, atrapadas en los granos de polvo que la gravedad terrestre aspiraba hacia sí. Así fue como el agua se habría filtrado desde los cielos hasta nuestro planeta.

Lamentablemente, probar esta teoría en la Tierra resultaba imposible porque los granos de polvo portadores de agua que se precipitaron desde el espacio, formados por pequeños fragmentos de silicato, hace mucho tiempo que se desintegraron al contacto con nuestra atmósfera primigenia. Sin embargo, en el asteroide 25143 Itokawa, carente de aire, los granos habrían podido permanecer intactos durante miles de millones de años. Solo hacía falta que un instrumento como Hayabusa pudiera tomar unas muestras y traerlas de forma segura a la Tierra.

Como os decía antes, el grupo de científicos responsables de este hallazgo, entre los que se encuentra también el profesor Martin Lee de la Universidad de Glasgow, enfatiza que no todo el agua que conforma nuestros océanos llegó adherida a granos de polvo solar. Al menos una cantidad igual de grande llegó a bordo de cometas y asteroides que impactaron con nuestro planeta. Ambas fuentes de agua son las responsables – en proporciones similares - de la abundancia del líquido elemento en nuestro planeta azul. Sin estas aportaciones, la vida en la Tierra – al menos como la conocemos – jamás habría podido surgir.

Los astrobiólogos deberían estar contentos, sin importar qué corriente siguieran en el debate sobre el origen del agua. Si Daly, Lee y sus colegas escoceses están en lo cierto, otros planetas del sistema solar podrían contar con agua – probablemente en forma de hielo – superficial, un dato que podría resultar crucial para el futuro de la exploración espacial y para la búsqueda de vida en otros lugares de la galaxia.

Me enteré leyendo The Guardian

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