La afrodescendencia salvadoreña reclama al Estado bicentenario ser tenida en cuenta (5/5)

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En El Salvador siempre que se recuerda el aniversario de la independencia, las poblaciones minoritarias nunca aparecen en primer plano. Generalmente quedan ocultas bajo el ropaje del mestizaje. Este es el caso de la comunidad afrodescendiente, que reclama su reivindicación.

Según registros históricos, la población africana llegó a El Salvador en el siglo XVI y fue sometida a labores añileras y mineras.

Después de abolirse la esclavitud en 1824, tres años después de la independencia, esta población echó raíces en territorio salvadoreño. Sin embargo, en todo este tiempo intentaron despojarlos de su identidad afro.

Yohalmo Cabrera, un incisivo investigador de la herencia negra, considera que El Salvador le debe a los afrodescendientes más de lo que se conoce. “Hoy que se cumplen 200 años de esa liberación, de esa independencia, los afrodescendientes, los herederos de la huella africana en El Salvador y muchas partes de Centroamérica, seguimos desamparados, seguimos olvidados”, afirmó.

En el último censo poblacional, 7.441 salvadoreños se identificaron como afrodescendientes, no obstante, el Estado sigue negando su existencia, denuncian.

En el informe presentado por el Gobierno de El Salvador ante la Convención para la Eliminación de la Discriminación Racial de las Naciones Unidas en 2005, se afirma que "no existe población negra en El Salvador, por ser el único país de Centroamérica que no posee costas en el mar Caribe".

La lucha por el reconocimiento

Yohalmo, junto a la organización AFROOS (Afrodescendientes Organizados Salvadoreños), promovieron en el 2017 una reforma constitucional para reconocer a las personas afrodescendientes en la Carta Magna, propuesta que fue ignorada, cerrando la posibilidad de impulsar políticas públicas para visibilizar y proteger los derechos de este sector. “No hemos tenido políticas a favor que los afrosalvadoreños nos merezcamos y que nos sintamos orgullosos de nuestras raíces”, reclamó Yency Lemos, directora de AFROOS.

Yency frecuentemente es confundida con una mujer caribeña, para aquellos su piel, sus rasgos, son de una genética distante y ha tenido que acostumbrarse a tomar varios minutos para aclararles el origen de sus ancestros y la huella africana en el país.

Carlos Lara es un joven artista que durante mucho tiempo no fue consciente de sus raíces, a pesar de su cabello inconfundiblemente afro, pues en su familia nunca obtuvo explicaciones. Ahora, con sus pinturas, va en búsqueda de esa identidad al retratar los rostros de su pasado y de sus símiles. Sus trabajos son en esencia espejos para “darle un rostro a esa identidad negada por muchos años, por muchas décadas”, señala.

El arte de Carlos es introspección, pero también es orgullo y activismo, sus lienzos buscan derribar los muros de la discriminación y del racismo de una sociedad blanqueada por el mestizaje.

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