La afroamericana de tan solo veinte años que hace un siglo controló la red de juego ilegal en Harlem

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El 17 de enero de 1920 se aprobaba en Estados Unidos la ‘Volstead Act’, más conocida como ‘Ley Seca’ por la cual se prohibió el destilado, venta y consumo de bebidas alcohólicas, apareciendo numerosas bandas criminales por todo el país que empezaron su comercialización clandestina y con ello la proliferación de negocios paralelos relacionados con la prostitución, drogas, contrabando y el juego clandestino.

Con apenas 20 años de edad, Stephanie Saint-Clair llegó a controlar el juego ilegal en el Harlem de hace un siglo (imagen vía Wikimedia commons)
Con apenas 20 años de edad, Stephanie Saint-Clair llegó a controlar el juego ilegal en el Harlem de hace un siglo (imagen vía Wikimedia commons)

La mafia italoamericana fue una de las que más control mantuvo sobre este tipo de negocios ilegales a lo largo y ancho del país, pero otras muchas bandas y colectivos también quisieron aprovecharse de ese floreciente negocio, siendo muchas las ciudades en las que diferentes grupos organizados se repartían (o competían entre ellos) por controlar las diferentes actividades criminales.

Algunos miembros de la comunidad afroamericana de Nueva York también quisieron tener una parte de ese ilícito negocio, surgiendo en Harlem una red de juego clandestino que llegó a estar controlada por una joven, de poco más de veinte años de edad, llamada Stephanie Saint-Clair.

Nacida en 1897 en la isla de Grand-Terre (Antillas Menores en el mar Caribe), siendo apenas una adolescente de 15 años migró hasta Canadá y desde Montreal llegó a Nueva York, donde se enamoró de un delincuente que la obligó a prostituirse, abandonándolo poco tiempo después (algunas biografías indican que no llegó a ejercer la prostitución).

Debía buscarse la vida en su nuevo país de acogida, por lo que Stephanie Saint-Clair empezó a trapichear vendiendo droga y parte del dinero que pudo llegar a ahorrar decidió invertirlo en turbios negocios como la lotería clandestina, llegando a multiplicar sus ganancias en muy poco tiempo.

En 1917 (tres años antes de aprobarse la Ley Seca) Stephanie ya controlaba parte del juego ilegal en Harlem y era conocida por diversos apodos (Queenie, Madam Queen o Madam St. Clair, entre otros) y había tejido una sólida red en la que tenía trabajando para ella a un buen número de policías corruptos (además de tener negocios ilícitos con algunos banqueros y respetados hombres de negocios).

Con la llegada de la Ley Seca, la proliferación de bandas criminales provocó que muchos fuesen los mafiosos italoamericanos de Nueva York que quisieron controlar el juego ilegal en Harlem, ganándose Stephanie numerosos enemigos, entre los que se encontraban los peligrosísimos Lucky Luciano y Dutch Schultz (entre otros).

Pero Stephanie Saint-Clair no solo se dedicó a controlar los turbios negocios del juego ilegal, al mismo tiempo ejercía como una activista social con el fin de ayudar a los miembros de la comunidad afroamericana de Harlem, aunque cabe destacar que su momento álgido como defensora de los derechos sociales fue a partir de 1933 (con la derogación de la Ley Seca), momento en el que decidió abandonar la actividad criminal.

Hacia finales de la década de 1930 Stephanie Saint-Clair se enamoró de un peligroso personaje llamado Sufi Abdul Hamid, seis años menor que ella y que se había convertido en un activista político afroamericano que defendía las políticas del nazismo alemán (muy de moda en EEUU en aquellos años gracias a la popularidad de Adolf Hitler).

Esto la llevó a abandonar durante un tiempo el activismo social en defensa de la comunidad negra y a acompañar a su esposo en su activismo antisemita. En enero de 1938, tras enterarse de una infidelidad de su marido, Stephanie le disparó tres balas, aunque no llegó a asesinarlo. Ella fue condenada a cumplir una pena de diez años de prisión y poco se supo de su vida posterior. Falleció en 1969, a los 72 años de edad, alejada de toda aquella vida de juego ilegal y activismo social que le acompañó en sus años de juventud.

Fuente de la imagen: Wikimedia commons

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