Afganistán | Litio y otros metales: los talibanes controlan ahora una de las mayores reservas

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En 2010 un informe interno del Pentágono estadounidense elaborado por militares y geólogos que reveló The New York Times calificó a Afganistán como la "Arabia Saudí del litio". El potencial de todos los recursos subterráneos del país fue estimado en 1 billón de dólares por un informe conjunto de la ONU y la UE en 2013. Con la toma del poder del país por parte de los talibanes el destino de estas reservas es del máximo interés de las potencias mundiales.

Según los analistas, China es el país que más tiene que ganar en esta batalla por los ricos recursos afganos, que incluyen otros metales y tierras raras clave en la transición energética para reducir las emisiones de efecto invernadero.

Este El Dorado del futuro aún no ha sido explotado y ahora está en manos del régimen talibán.

"Afganistán tiene depósitos de bauxita, cobre, hierro, litio y tierras raras", dice el último informe anual sobre los recursos minerales de Afganistán publicado en enero de 2021 por el Servicio Geológico de Estados Unidos.

A medida que el mundo intenta alejarse de los combustibles fósiles, como el petróleo y el gas, estos metales son cada vez más solicitados para transportar o almacenar electricidad.

El cobre, esencial para la fabricación de cables eléctricos, ha batido este año su récord histórico en los mercados mundiales, cotizando a más de 10.000 dólares por tonelada.

El litio es un recurso esencial para la transición energética. Se utiliza para el almacenamiento de energía en baterías o parques solares y eólicos.

En 2020, se unió a la lista oficial de 30 materias primas consideradas "críticas" para su independencia energética por la Unión Europea, junto con el cobalto, el grafito, el silicio y el tantalio en particular.

Una "enorme reserva de litio"

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) estimó en mayo que la demanda mundial de litio se multiplicaría por 40 de aquí a 2040.

Sin embargo, Afganistán "está sentado sobre una enorme reserva de litio, no explotada hasta la fecha", dijo Guillaume Pitron, autor del libro "La guerre des métaux rares" (La guerra de los metales raros) de la editorial Les liens qui libèrent, 2018.

Y las tierras raras como el neodimio, el praseodimio o el disprosio, que también se encuentran en Afganistán, son cruciales en la fabricación de imanes utilizados en industrias del futuro como la eólica o los coches eléctricos.

El país, cuya riqueza del subsuelo es legendaria, ha sido hasta ahora más conocido por sus piedras preciosas (lapislázuli, esmeraldas, rubíes, turmalina), el talco e incluso el mármol. También produce carbón y metales tradicionales como el hierro.

Explotados oficialmente, los yacimientos de piedras preciosas son también objeto de un tráfico ilegal más o menos importante entre el país y el vecino Pakistán, como denuncia el último informe del USGS.

China habría comenzado a tejer alianzas con facciones talibanes

Incluso antes de la victoria de los talibanes en Afganistán, China, que ya produce el 40% del cobre del mundo, casi el 60% del litio y más del 80% de las tierras raras (fuente: AIE), había "apoyado a cierto número de facciones talibanes para facilitarles el acceso a ciertos yacimientos especialmente prometedores", afirma Pitron.

"Los chinos no condicionan sus contratos comerciales a los principios democráticos", explica.

En el caso del cobre, Pekín, que obtuvo una concesión en 2008 para explotar la gigantesca mina de Aynak, a 35 kilómetros de Kabul, lleva desde 2015 en conversaciones con el Gobierno depuesto para tratar de obtener enmiendas que permitan la explotación efectiva del yacimiento, que ha estado "bloqueada por diversas razones", según el USGS, que no detalló los problemas encontrados.

Sin embargo, en la actualidad los expertos sostienen que "no es en absoluto seguro" que Afganistán se convierta en un Eldorado mineral y en el campo de juego geopolítico de la transición energética mundial, debido a las incertidumbres políticas sobre la gestión del régimen talibán.

"Para que eso ocurra, se necesita un clima político muy estable", dice Pitron.

En la minería, pueden pasar 10 o 20 años desde el descubrimiento de un yacimiento hasta su explotación: "ninguna empresa querrá invertir si no hay un marco político y jurídico estable", añade Pitron, subrayando que algunos inversores pueden preferir elegir fuentes de suministro "un poco más caras, pero más estables".

Pekín reacciona con cautela por temor al caos

Aunque China ve oportunidades en la nueva situación, también le preocupa un resurgimiento del conflicto con la etnia islamista separatista uigur en la región Xinjiang, que precisamente comparte frontera con Afganistán.

Pekín ha introducido en los últimos años una vigilancia policial draconiana en la región. Según expertos occidentales, al menos un millón de uigures han pasado por "campos de reeducación" antiislamistas.

El ascenso al poder de los talibanes, cuyo régimen ha mantenido estrechos vínculos con los militantes islamistas uigures radicados en Afganistán, no deja de preocupar a China.

"Esperamos que los talibanes se enfrenten a todas las formas de organizaciones terroristas, incluido el Movimiento Islamista del Turquestán Oriental", declaró el miércoles Zhao Lijian, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China.

La agrupación separatista uigur, conocida por sus siglas "Etim", está considerada como una organización terrorista por la ONU.

"Desde antes del 11 de septiembre, los chinos han estado preocupados por los combatientes uigures en Afganistán", afirma Raffaello Pantucci, especialista en Afganistán de la Escuela de Estudios Internacionales S. Rajaratnam de Singapur.

"Han intentado presionar a los talibanes para que hagan algo. Pero no hay pruebas de que los talibanes hayan tomado nota. China es consciente de ello. Sabe que no es un gobierno en el que pueda confiar plenamente", afirma.

Un régimen abierto

Sin embargo, el gobierno chino recibió a finales de julio a una delegación talibán en Tianjin (norte de China), que incluía al cofundador del movimiento, el mulá Abdul Ghani Baradar.

"Los talibanes son una fuerza política y militar crucial en Afganistán", reconoció entonces el ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, quien expresó su esperanza de que "desempeñen un papel importante en el proceso de paz, reconciliación y reconstrucción" del país.

China aún no ha reconocido oficialmente el régimen talibán, a la espera de ver la composición de un futuro gobierno.

"Estamos esperando a que se establezca un régimen abierto, inclusivo y ampliamente representativo en Afganistán antes de abordar la cuestión del reconocimiento diplomático", dijo el miércoles el portavoz chino Zhao Lijian.

A diferencia de varias potencias occidentales, China ha mantenido abierta su embajada en Kabul y su embajador sigue presente en la capital afgana. Pekín repatrió a 210 de sus nacionales el mes pasado.

China también ve la retirada estadounidense como una oportunidad para reforzar su gran proyecto de infraestructuras, las "Nuevas Rutas de la Seda", al que Afganistán se unió en 2016.

En 2007, Pekín obtuvo la concesión de la gigantesca mina de cobre de Aynak (el segundo mayor yacimiento del mundo), cerca de la capital afgana, por 3.000 millones de dólares.

Afganistán también tiene enormes reservas de litio, lo que podría atraer el interés de las empresas chinas, ya que China es el mayor productor mundial de vehículos eléctricos.

Dos requisitos

Pero debido a la situación de seguridad, la inversión china es modesta por ahora.

"Y no creo que las empresas chinas digan 'vamos a explotar el litio', especialmente en algunas zonas del país que todavía son muy peligrosas", afirma Pantucci.

Antes de invertir en Afganistán, China también tiene algunos requisitos.

"El primero es proteger las inversiones de China y garantizar la seguridad de sus ciudadanos", afirma Hua Po, analista político independiente con sede en Pekín.

"La segunda es la necesidad (del régimen talibán) de cortar las relaciones con los separatistas del Turquestán Oriental y evitar que vuelvan a Xinjiang".

El mes pasado, el portavoz de los talibanes, Suhail Shaheen, se mostró tranquilizador en ambos aspectos y calificó a China de "país amigo de Afganistán".

Aunque Pekín no pretende desempeñar ningún papel político en Afganistán, el gobierno comunista no ha dejado de arañar a su rival estadounidense tras el caos provocado por la precipitada retirada de Estados Unidos.

Los diplomáticos chinos publicaron el lunes en las redes sociales imágenes de afganos tratando de huir desesperadamente del aeropuerto de Kabul.

"El poder y la función de Estados Unidos es destruir, no construir", dijo el martes una portavoz de la diplomacia china, Hua Chunying, que acusó a Washington de haber dejado un "terrible desastre" en Afganistán.

En las primeras horas de la toma del control de Kabul, China criticó duramente el papel de EE. UU. en Afganistán pero hasta ahora siempre ha afirmado estar dispuesto a trabajar con Washington para que se produzca una transición suave.

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