¿Afectarán las revelaciones sobre los impuestos de Trump la preferencia de los votantes?

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Donald Trump se ha negado por años sistemáticamente a revelar sus declaraciones de impuestos. Revelaciones recientes muestran que ha pagado cantidades ínfimas o nulas y que ha declatrado ingentes pérdidas. (AP)
Donald Trump se ha negado por años sistemáticamente a revelar sus declaraciones de impuestos. Revelaciones recientes muestran que ha pagado cantidades ínfimas o nulas y que ha declatrado ingentes pérdidas. (AP)

Los seguidores de Donald Trump se han mostrado extremadamente impermeables a toda crítica en contra del presidente, incluso aquella que está cimentada en datos, acciones y declaraciones directamente vinculadas a él.

Es por ello que es dudoso que las recientes revelaciones sobre las declaraciones de impuestos de Trump logren hacer cambiar de parecer a los votantes más entusiastas que están decididos a apoyar la reelección del presidente en los comicios del próximo 3 de noviembre.

El problema para Trump es que, más allá de esa lealtad u ofuscamiento, esos votantes no le serían suficientes para ganar la elección.

The New York Times reveló que Trump solo pagó $750 dólares en sus declaraciones de impuestos de 2016 y en 2017, y que esa cifra fue cero en 10 de los 15 años anteriores, al aprovechar con intensidad vericuetos de las leyes fiscales que le permiten deducir enormes cantidades.

Al mismo tiempo, durante esos años reportó inmensas pérdidas, del orden de los cientos de millones de dólares, lo que derrumba su imagen de empresario y magnate exitoso y significa que quema más dinero del que es capaz de obtener.

Además, Trump podría tener que pagar al fisco unos 100 millones de dólares si le resulta desfavorable el resultado de una larga auditoría sobre una devolución de impuestos, que las autoridades fiscales consideraron impropia, de casi 73 millones. Y tiene deudas ingentes, de más de 300 millones de dólares, garantizadas personalmente por él, que vencerán en los próximos cuatro años y que al desconocerse al acreedor levantan ominosas preguntas sobre la influencia que ello podría tener para la seguridad nacional del país.

Trump, así, no habría querido durante años revelar sus declaraciones fiscales porque hacerlo revelaría la ficción de la imagen que se ha construido durante años y que lo apuntaló, en buena medida y junto a otros factores, para ganar la presidencia en 2016. Porque mostraría los lastres que pesan sobre él y que podrían ser lesivos para la nación.

Y la magnitud de su riqueza, que muchos cuestionan y que los datos fiscales citados ponen en entredicho, es en este contexto relevante no solo por el golpe a la imagen de magnate exitoso que Trump ha promovido –y que ya ha sido puesta en duda previamente– sino porque revelaría que el actual presidente de Estados Unidos podría deber tanto dinero a entidades no cabalmente identificadas que ello podría condicionar sus acciones y decisiones de modo severo, algo que resulta ominoso por sus posibles implicaciones para la seguridad nacional.

Con todo, los simpatizantes más fervorosos de Trump, que lo han apoyado impulsados por una visión, desde la derecha, de rechazo frontal al sistema, presumiblemente se mantendrán con él, y muchos incluso concluirán que el no pagar impuestos es en realidad una señal de la inteligencia. El rechazo a pagar impuestos es ciertamente una actitud muy extendida.

Y quienes ven a Trump de modo más instrumental, por ejemplo como la figura necesaria para inclinar la Corte Suprema hacia el lado conservador, impulsar posiciones de la derecha religiosa, frenar de tajo la inmigración, revertir derechos civiles y protecciones a minorías, abatir regulaciones de protección medioambiental y recortar impuestos a los más privilegiados, presumiblemente seguirán apoyándolo bajo la premisa de que, de ganar el demócrata Joe Biden, se mermaría o revertiría el avance de esas proposiciones.

La polarización que todo lo marca

La polarización del país en términos político-ideológicos es aguda y por ello, para una gran cantidad de votantes, las posiciones y peculiaridades del candidato rival son tan o más censurables o motivo de rechazo que las falencias del candidato propio. En contrapartida, para muchos las posiciones y énfasis del candidato propio resultan tan sustantivas que opacan sus escándalos, miserias y distorsiones.

Eso ha sido especialmente evidente en el caso de Trump, que vive continuamente en medio de escándalos por sus acciones, declaraciones u omisiones.

Seguidores de Donald Trump en un evento de campaña electoral en Harrisburg International Airport, Middletown, Pa. (AP Photo/Steve Ruark)
Seguidores de Donald Trump en un evento de campaña electoral en Harrisburg International Airport, Middletown, Pa. (AP Photo/Steve Ruark)

Con todo, Trump mismo se ha erosionado y con él también se ha desgastado una porción importante del electorado que le dio el triunfo en 2016. Su desastroso manejo de la pandemia de covid-19 le ha hecho perder apoyo de modo significativo entre los votantes independientes y, también, entre grupos que habiendo durante muchas elecciones presidenciales apoyado a candidatos demócratas le concedieron a Trump su voto en 2016 y le dieron la victoria en estados clave como Michigan, Pennsylvania y Wisconsin.

Muchos de esos votantes, anglosajones de clase media y trabajadora en estados decisivos que antes de 2016 votaron por los demócratas, sí podrían modificar su percepción de Trump a la luz de las citadas revelaciones fiscales, o al menos despejarles las dudas.

¿Qué pensará uno de esos trabajadores que paga más impuestos que Trump y no ha visto cumplidas sus expectativas de recuperar empleos y mejorar su economía? Golpeados fuertemente por la pandemia, con su carga de muerte, enfermedad y desempleo, la noción de que el presidente paga menos o nada en impuestos que ellos y que sus decisiones podrían estar condicionadas por la presión de sus deudas individuales y no regidas por el interés general puede tener un impacto de peso en la decisión de su voto.

La magnitud de ello no es clara, pero ciertamente se trata de un peso adicional para la candidatura de Trump, que ya se encuentra atrás en las preferencias electorales, a nivel nacional y en estados decisivos.

Quienes rechazan a Trump encontrarán en las nuevas revelaciones sobre los impuestos de Trump una razón más para votar por Biden, y quienes defienden a ultranza al presidente posiblemente optarán por votar por Trump de todos modos, suponiendo que se trata de un nuevo ataque de los “falsos medios” y el “estado profundo” contra el presidente.

Pero serán los independientes y los demócratas que votaron por Trump en 2016 los que inclinarán la balanza, sobre todo en el puñado de estados en los que se dilucidará la elección. Hasta ahora, y posiblemente el debate de este martes 29 de septiembre tendrá sus efectos en función del desempeño de ambos candidatos, Trump rema contracorriente con un déficit sustantivo en las preferencias electorales.

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