¿Cómo está afectando el cambio global a los pinos de los Pirineos?

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Parque Natural de los Valles Occidentales, en el Pirineo aragonés (Huesca, España). Jessicahyde / Shutterstock

En los Pirineos, los pinos ya están viviendo en una nueva realidad creada por el ser humano. En las partes altas, estos árboles se están extendiendo. En las zonas de mediana altitud, están creciendo más. En las zonas más bajas, su mortalidad ha aumentado.

Todos estas alteraciones están relacionadas con el cambio climático y el cambio en los usos del suelo. Los ecólogos solemos unir a estos dos fenómenos la pérdida de biodiversidad y la contaminación para crear el concepto de cambio global.

En los Pirineos, dicho cambio seguirá modificando el crecimiento de los pinares. Como consecuencia, las actividades humanas relacionadas con estos bosques también cambiarán.

En las alturas, los pinares se están expandiendo

En los Pirineos, la especie de pinos que crece a mayor altura es el pino negro, que prolifera entre los 1 500 y 2 500 metros de altitud. En esta zona, los pinos negros marcan la línea de mayor altitud de los árboles. Más arriba, dan paso a matorrales y pastos. Aquí el factor principal que limita la distribución de los árboles suelen ser las heladas. En particular, las heladas tardías de primavera pueden eliminar los nuevos arbolillos que acaban de germinar.

Sin embargo, se ha comprobado que el límite de distribución de estos pinos está unos 300 metros por debajo de lo que sería esperable. Esto se debe al uso ancestral de las zonas más altas como pastos de verano para el ganado.

El ganado también consume los nuevos arbolillos. Por ello, su presencia durante siglos en los Pirineos ha marcado la distribución de árboles y pastos. El abandono rural y el cambio en el tipo de explotaciones ganaderas se ha traducido en un descenso en la cantidad de cabezas de ganado que pasan el verano en los pastos de montaña.

Como consecuencia de la menor presencia de ganado, se ha reducido el consumo de los arbolillos por los animales, permitiendo la expansión de los pinos. Dicho proceso está, además, favorecido por la paulatina reducción en intensidad y frecuencia de las heladas.

En definitiva, al cambio global está permitiendo a los pinos recuperar los espacios en lo alto de las montañas pirenaicas que ocupaban antes de la llegada de los primeros pastores en el Neolítico.

En las laderas, los pinares están creciendo más

En las zonas medias de los Pirineos, el pino dominante es el pino silvestre, también llamado pino albar o royo. Estas zonas suelen tener fuertes pendientes. Aquí, las limitaciones para el crecimiento de los pinos son tanto las heladas como las sequías de verano. Además, los árboles también dependen de la capacidad del suelo para proporcionar nutrientes.

En estas zonas, el cambio global también está teniendo efecto. Además de la reducción de pastos, también ha habido una reducción en las actividades forestales. Cada vez se recogen menos leñas y se hacen menos claras intermedias. Esta menor actividad es de nuevo consecuencia del abandono rural y también del desarrollo tecnológico. En los últimos años se ha reducido tanto el uso de la leña como combustible como los recursos disponibles para realizar actividades selvícolas.

Como consecuencia, los pinares tienen cada vez más pinos (son más densos). También están expandiéndose a pastos infrautilizados. Además, las entradas de nitrógeno por la contaminación han aumentado y también se han reducido las bajas temperaturas.

Todo esto está permitiendo que los pinos y el resto de plantas tengan más nutrientes disponibles y más días al año para crecer. Según nuestros estudios, este aumento será cada vez más acusado con el paso del tiempo. En definitiva, en las altitudes medias de los Pirineos los pinares se están cerrando y tienen cada vez más biomasa.

En zonas bajas, los pinos están en aprietos

En los pies de los Pirineos, se mezclan los límites de los bosques de pino silvestre con plantaciones y masas naturales de pino laricio. Aquí, las laderas son en general más suaves. Los pinares también suelen estar más cercanos a los centros de población. Por ello, la actividad humana sigue estando presente.

Sin embargo, en estas zonas las sequías limitan el crecimiento de los pinos. Estas sequías están siendo cada vez más acusadas, provocando tanto una reducción del crecimiento anual como una mayor mortalidad entre los árboles más débiles.

Además, en estas zonas se están expandiendo enemigos naturales de los pinos, como la procesionaria y el muérdago. Dichos organismos contribuyen al descenso de crecimiento y al aumento de mortalidad entre los pinos.

Todos estos factores están conduciendo a un descenso de la producción de madera (tanto en cantidad como en calidad) en las zonas tradicionalmente más productoras. Nuestros estudios han pronosticado que dicho descenso aumentará de forma progresiva según el cambio climático vaya siendo cada vez más notable y severo.

Los pinares, un reflejo de la actividad humana

Como hemos visto, los pinares se extienden a lo largo de todos los Pirineos. Debemos entender que los cambios que están ocurriendo en los pinares pirenaicos son un reflejo de la actividad humana pasada y presente. Estos cambios son las bases sobre las que debemos reconstruir de nuevo nuestra relación con los bosques.

El desplazamiento de la producción de madera a las zonas de media montaña, más lejanas de los pueblos y carreteras y de acceso más difícil supondrá una reorganización del sector maderero.

Por otro lado, la densificación del bosque y el aumento de la mortalidad crearán situaciones cada vez más peligrosas respecto a la gestión de los incendios forestales.

Por último, el declive del sector ganadero tradicional, productor de carne y leche, debe reconocerse, pero existe la oportunidad de reconocer su valor como herramienta mantenedora del paisaje. En definitiva, los pinares pirenaicos están cambiando. ¿Podemos cambiar nosotros la forma en la que los utilizamos?

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Juan A. Blanco recibe fondos del Ministerio de Economía y Competitividad, la Comisión Europea, y el Gobierno de Navarra.

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