El afable octogenario que resultó ser el autor de un atroz crimen sin resolver ocurrido 43 años antes

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El 7 de marzo de 2019, Raymand Vannieuwenhoven, un anciano de 82 años de edad que residía en la pequeña población de Lakewood (en el Estado de Wisconsin), recibió en su hogar la visita del jefe de la policía local, quien andaba realizando una encuesta entre los vecinos del condado para determinar el grado de satisfacción y seguridad que existía con los servicios policiales en toda aquella zona. Tras un rato de agradable conversación, el funcionario solicitó al afable ciudadano que metiera la hoja del test cumplimentada en un sobre y cerrase éste (con el fin de preservar el anonimato e inviolabilidad del documento), pero al no tratarse de un sobre con cierre de autopegado, tuvo que hacerlo lamiendo con un poco de saliva la solapa posterior.

Fotografías de la ficha policial del octogenario Raymand Vannieuwenhoven  (imagen vía Marinette County Sheriff)
Fotografías de la ficha policial del octogenario Raymand Vannieuwenhoven (imagen vía Marinette County Sheriff)

Acto seguido, el jefe de policía se despidió del amable octogenario y se dirigió hacia un automóvil que estaba estacionado cerca de la casa, entregando el mencionado sobre a un investigador que lo debía hacer llegar urgentemente hasta el laboratorio ‘Parabon NanoLabs’, especializado en análisis forense de pruebas de ADN.

La supuesta encuesta había sido una artimaña con el fin de conseguir alguna prueba genética de Raymand Vannieuwenhoven (la saliva en el sobre) y tras analizarla comprobar si se trataba del responsable de un doble asesinato y una violación cometidos cuatro décadas antes (el 9 de julio de 1976) en la zona de acampada McClintock Park (en Wisconsin, a apenas una treintena de kilómetros de allí).

Se trataba de un antiquísimo crimen sin resolver que había llevado de cabeza a los diferentes agentes de policía, que durante los últimos 43 años se habían ido haciendo cargo de la investigación para no dejar el caso en el olvido, y que por fin parecía que podrían dar con el asesino gracias a las novedosas técnicas de análisis forense del ADN realizadas por el laboratorio Parabon NanoLabs.

Las víctimas mortales habían sido una joven pareja (Ellen A. Matheys, de 24 años, y su novio David J. Schuldes, de 25) que habían decidido ir de acampada, en julio de 1976, McClintock Park. Poco después de instalar su tienda de campaña, decidieron ir a pasear por las inmediaciones del camping, cruzándose con una persona armada con un rifle del calibre 30 que acabó con sus vidas.

El primero en morir fue David, quien recibió un disparo en el cuello, siendo encontrado su cadáver frente a los baños del camping. Hasta varias horas después no fue hallado el cuerpo sin vida de Ellen, quien se encontraba dentro del bosque (a unos 90 metros de donde murió su novio) y presentando dos disparos (uno en el pecho y otro en el estómago). Por la posición de la joven, en el momento de recibir los impactos mortales, se encontraba subiéndose los shorts y la policía halló restos de semen en los pantalones, pudiendo determinar que, previamente, había sido víctima de una agresión sexual.

Nada se sabía del posible autor de doble crimen y la violación, a excepción de un vago testimonio de dos jóvenes campistas que dijeron haber visto aquel mismo, por aquella zona, día a un hombre armado con un rifle, creyendo que era un cazador. La descripción dados por estos, para realizar el retrato robot, determinaba que se trataba de un hombre blanco, de algo más de 180 centímetro de altura, pelo corto, bigote estrecho y que tendría entre los 20 y los 30 años de edad.

Con estos escasos datos se comenzó la investigación, pero no se conseguían resultados. Los escasos sospechosos tenían coartadas sólidas y ninguna de las pocas pruebas que se iban obteniendo llevaban a buen puerto. Los años iban pasando, al igual que los diferentes agentes de policía que se hacían cargo.

La única prueba contundente era el rastro de semen encontrado en el pantalón de Ellen A. Matheys, pero por aquel entonces todavía no existían los análisis forenses que determinaban a quién podía pertenecer.

No fue hasta bien entrados en el siglo XXI, cuando los novedosos avances científicos y tecnológicos empezaron a dar sus frutos y numerosísimos antiguos casos conseguían ser resueltos.

Ello fue posible gracias al ‘GEDmatch’, una base de datos online de genealogía genética que permite a los usuarios compartir y comparar sus resultados de ADN autosómico provenientes de distintas compañías de genealogía genética y utilizada por muchas personas que deseaban encontrar raíces genéticas con otros individuos, saber de dónde provienen genéticamente e incluso para localizar familiares (sobre todo en caso de robos de bebés, adopciones…). Esa BBDD también fue fundamental para que los investigadores policiales pudiesen encontrar a criminales gracias a los restos biológicos encontrados en las escenas del crimen.

En 2018, los investigadores del doble asesinato del McClintock Park transfirieron los restos de semen encontrados en los shorts de Ellen A. Matheys y recibieron la grata noticia de que se había encontrado un rastro genético en la base de datos que coincidía.

Eso sí, tan solo se podía determinar por aquellos restos a qué familia pertenecía el asesino (que ya era un gran avance en la investigación, después de más de 40 años de espera) y éste debía de ser un descendiente directo del matrimonio formado por Edward K. Vannieuwenhoven y Gladys M. Brunette, quienes habían fallecido bastantes años atrás y habían tenido cuatro hijos.

La policía localizó a los cuatro descendientes del matrimonio Vannieuwenhoven Brunette y a partir de enero de 2019 comenzaron a buscar restos genéticos de cada uno de ellos. Lo quisieron hacer por orden de edad, así que fueron localizando uno por uno, empezando por el mayor de los hermanos, se consiguió una muestra, se analizó y se determinó que no era el asesino, aunque sí que dejaba claro los análisis de que se trataba del hermano. A continuación, el mes siguiente hicieron lo propio con el segundo de los hermanos Vannieuwenhoven, también descartándose.

Fue en el mes de marzo cuando llegó el turno del tercer hermano, Raymand y conocido por todos como Ray. Un viudo de 82 años de edad, algo afable, aunque a veces se había comportado de forma violenta tras ingerir alcohol (según relataron posteriormente sus vecinos). Tras conseguir las ansiadas pruebas fisiológicas (la saliva en el sobre) y analizar el ADN se pudo determinar rotundamente de que se trataba del criminal que llevaban buscando cuatro décadas.

El 18 de marzo de 2019, de 43 años Raymand Vannieuwenhoven era detenido y puesto a disposición judicial, siéndole requerida una fianza de un millón de dólares. Durante los siguientes meses hubo un continuo torpedeo por parte de la defensa, con el fin de librar a su cliente de la cárcel y el juicio, llegando incluso a inventarse que había padecido un ictus (algo que se demostró que era totalmente falso) y tras numerosos tira y aflojas (y la pandemia de Covid19 por medio) se celebró el juicio, siendo encontrado culpable del doble asesinato de la joven pareja Ellen A. Matheys y David J. Schuldes el 9 de julio de 1976 (aunque no del delito de violación, el cual ya había prescrito), siendo condenado, cuando contaba con 84 años de edad, a una pena de cadena perpetua, por lo que pasará el resto de sus días en prisión.

Cabe destacar que en investigaciones posteriores realizadas alrededor de Ray Vannieuwenhoven y su vida, se pudo determinar que había tenido un importante historial de agresiones sexuales en su juventud (llegando a ser condenado a seis meses de prisión en 1957) y otros intentos durante los siguientes años, pudiendo vivir tranquilamente tras el asesinato y violación que cometió en 1976 sin que nadie sospechara de él.

Fuentes de consulta e imagen: criminopatia / abcnews / wbay / mprnews / greenbaypressgazette / Marinette County Sheriff

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