El último adiós a Moi: la despedida de "un buen hombre" y el fin de un tirano

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EFE/EPA/DANIEL IRINGU

Nairobi, 11 feb (EFE).- Con solemnidad y caras serias sin lágrimas, Kenia dio hoy su último adiós oficial al expresidente Daniel Toroitich arap Moi, a quien muchos consideran "un buen hombre", pero otros recuerdan por su puño de hierro y las detenciones y torturas cometidas durante sus 24 años de Gobierno.

El estadio Nyayo de Nairobi, con capacidad para 30.000 personas, acogió esta despedida, a la que acudieron decenas de miles de kenianos, las más altas autoridades del Estado y representantes de otros países, incluidos presidentes africanos como el sursudanés Salva Kiir, el ruandés Paul Kagame o la etíope Sahle-Work Zewde.

"Hoy, no quiero lamentar la muerte de un icono sino conmemorar a un hombre de Estado y un gigante de la Historia", dijo el actual presidente de Kenia, Uhuru Kenyatta, considerado uno de los aliados del expresidente, que falleció el pasado 4 de febrero a los 95 años en un hospital de Nairobi.

Moi, un exprofesor de escuela de la etnia minoritaria kalenji (en un país dominado por los kikuyus y los luos) nacido el 2 de septiembre de 1924 en la aldea de Kabarak (suroeste), fue primero ministro del Interior y luego vicepresidente durante el Gobierno de Jomo Kenyatta, el primer presidente keniano tras su independencia del Reino Unido en 1963 y padre del actual jefe del Estado.

Llegó a la Presidencia de Kenia en 1978, tras la muerte de Kenyatta, en un puesto que debía ser transitorio pero que quedó oficializado con carácter permanente, y ostentó hasta 2002.

"UN BUEN HOMBRE"

Para los asistentes al funeral de Estado oficiado este martes en su honor en el estadio Nyayo, Moi fue, en general, "un buen hombre", y hoy todos se quieren acordar de su iniciativa de dar leche gratis en las escuelas, que provocó incentivos para que muchos niños asistieran al colegio y mejoró las tasas de escolaridad.

"Yo iba al colegio en ese momento, y recibía leche. No teníamos leche en casa, por lo que yo incluso podía coger tres paquetes y llevarlos a casa para hacer té", recordó, en declaraciones a Efe, la keniana Mery Anne Boke, una de los miles de asistentes al acto.

"Fue un hombre bueno y lo que hizo por nosotros es lo que cualquier presidente del mundo debería hacer", estimó esta keniana de 40 años, que recuerda tiempos de paz, sin corrupción ni peleas.

La mayoría de los presentes superaban la cuarentena, pero algunos jóvenes se quisieron acercar para rendir homenaje a quien no conocieron como presidente, pero recuerdan lo que les contaron de él. "No estaba vivo cuando gobernaba, pero mi madre me lo ha contado", alega Wycliffe Onynhwa, de 19 años.

También acudieron para presenciar un gran momento de la historia keniana, como asegura otro joven.

Para los jefes de Estados vecinos, Moi fue "un panafricanista" y uno "de los grandes hijos de Kenia", y le recordaron por su labor de unión de comunidades africanas, por su "trabajo pionero" y su alma conciliadora.

Kiir incluso aludió al expresidente keniano como "el héroe de la independencia de Sudán del Sur", por sus labores de mediación en el proceso de independencia de Sudán.

Los más mayores le recuerdan como un hombre cercano, que se reunía con la gente. "Era un hombre bueno, un hombre con don de gentes", le describió otro de los asistentes, Kamande Juma, de 72 años y que fue secretario general regional del partido del expresidente, la Unión Kenia-África Democrática (KADU).

"Incluso sin ser elegido por los votos de la gente, fue quien impulsó Kenia hacia delante, a la Kenia que conocemos y que vivimos hoy", explicó Onynhwa. "Durante su Gobierno, realmente todo el país era perfecto".

UN ACTO SOLEMNE

Con las banderas a media asta y un estadio lleno pero no abarrotado, decenas de miles de personas, protegiéndose de un sol abrasador con gorras de la Unión Nacional Africana de Kenia (KANU, partido con el que se fusionó la KADU) o simples periódicos que hoy, un día más, llevaban al expresidente en su portada, escucharon, algunos con atención y otros inmersos en conversaciones joviales, los homenajes de su familia y presidentes.

"El presidente Moi, al ser humano, no era perfecto (...), pero Moi siempre fue generoso, siempre hizo lo mejor para Kenia y lo hizo lo mejor que pudo", aseveró el vicepresidente keniano, William Rutto.

Envuelto en la bandera nacional, el ataúd entró al estadio custodiado por un imponente séquito de soldados ataviados con uniformes de gala representativos de los ejércitos de Tierra, Mar y Aire de Kenia, en un remolque unido a una pick-up militar, después de desfilar desde el Parlamento.

Acompañado de su familia, el séquito dio una vuelta al estadio para que los espectadores en las gradas pudieran saludar por última vez el féretro de Moi, o grabarlo en vídeo, como la mayoría de kenianos hizo con sus teléfonos móviles.

Su hijo pequeño, el senador Gideon Moi, evocó al expresidente en términos cariñosos, aludiendo a su capacidad de perdón.

Y lo ejemplificó con una anécdota: cuando era pequeño, estrelló el coche de su padre, y cuando volvió a casa, sabiendo lo religioso que era su progenitor, entró a explicárselo con una Biblia en la mano. La reacción de Daniel arap Moi fue estallar en carcajadas.

El cuerpo del exmandatario fue trasladado el pasado sábado al Parlamento, donde tanto Kenyatta como casi 25.000 personas fueron a dar su adiós solo ese mismo día. El domingo, unos 100.000 pasaron a contemplar el cuerpo de quien fuese su gobernante hace 18 años.

Kenia solo ha celebrado, hasta ahora, cuatro funerales de Estado: los de Jomo Kenyatta, que murió en ejercicio de la presidencia; el exvicepresidente Kijana Wamalwa; la ex primera dama Lucy Kibaki y Wanguri Maathai, la primera mujer africana en ganar un Premio Nobel de la Paz y crítica con el régimen de Moi, de quien muchos se acuerdan estos días.

Moi será finalmente enterrado este miércoles en su finca de Kabarak, condado de Nakuru, a unos cien kilómetros de Nairobi, en un acto al que espera que acudan 30.000 personas y donde el Gobierno ha asegurado que habrá bebidas gratis para los primeros que asistan.

FIGURA CONTROVERTIDA

Más allá de las loas a su figura escuchadas en el estadio, no todo el país recordará a Moi como ese "hombre bueno" y "cercano al pueblo", y sí permanecerán en su memoria las torturas y el miedo que acechaba a la población durante su régimen.

Tras un intento de golpe de Estado en 1982, liderado por un mando del Ejército de bajo rango y apoyado por universitarios, Moi prohibió todos los partidos políticos y eliminó cualquier oposición, alegando que Kenia aún no estaba preparada para unas elecciones multipartidistas.

Se inauguró un periodo negro de la historia de un país que comenzaba a despegar como independiente, donde se persiguió cualquier disidencia política, atisbo de levantar la voz o pedir apertura.

Por las cárceles y centros de detención -y tortura- pasaron centenares de jóvenes y no tan jóvenes, y figuras de relevancia como el célebre escritor Ngugi wa Thiong'o, eterno candidato al Premio Nobel de Literatura, o la propia Maathai.

"El mejor legado de Moi es el uso de la violencia para asegurar el antiintelectualismo. Sus seguidores no están ayudando al demostrar su ignorancia histórica y una egoísta falta de empatía hacia las víctimas de las atrocidades de su Gobierno", consideraba la profesora y comentarista política Wandia Njoya estos días en sus redes sociales.

Como ella, muchos recuerdan los toques de queda, la posibilidad de que te detuvieran arbitrariamente por la calle de vuelta del colegio, el trabajo o la universidad, y los millones de kenianos que prefirieron buscar fuera la libertad que Kenia no les daba.

Irene Escudero