Esto es lo que pasa cuando pones a una persona con silla de ruedas en el espacio

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Los 12 pasajeros del vuelo patrocinado por AstroAccess posan antes de subirse al avión de Zero Gravity Corporation. (Crédito imagen: AstroAccess Zero G Corporation).
Los 12 pasajeros del vuelo patrocinado por AstroAccess posan antes de subirse al avión de Zero Gravity Corporation. (Crédito imagen: AstroAccess Zero G Corporation).

Cuando era niño, Eric Ingram soñaba con ser astronauta. De hecho lo intentó un par de veces presentándose a pruebas organizadas por la NASA, en ambas ocasiones fue descartado. Eric, que ahora tiene 31 años es CEO y cofundador de la compañía SCOUT Inc. dedicada al sector espacial, donde son especialistas en la eliminación de riesgos mediante la instalación de complejos sistemas de sensores. ¿Por qué fue rechazado por la NASA? Bien, nuestro protagonista se mueve habitualmente en silla de ruedas ya que nació con una enfermedad rara, llamada síndrome de Freeman-Sheldon, que afecta a sus articulaciones.

Hoy os voy a hablar de gente como Eric y otros 11 colegas, que recientemente han tenido la oportunidad de hacer que su sueño de ser astronauta se hiciera “casi” realidad, gracias a la ayuda de una organización llamada AstroAccess que intenta hacer el espacio accesible a todo el mundo. Tal cosa será pronto posible ahora gracias a la irrupción de múltiples empresas privadas dedicadas al sector espacial, algunas de las cuales han sido fundadas por multimillonarios por todos conocidos.

Gracias a estos pioneros ya se atisba un futuro en el que el turismo espacial llegue a todos los públicos, y los 12 protagonistas del vuelo que AstroAccess fletó el pasado domingo 17 de octubre (todos ellos afectados con alguna discapacidad motora, visual o de oído) quieren aprovechar este momento, en el que aún todo está por hacer, para que se escuchen sus demandas para un espacio accesible para todos.

Eric Ingram experimentando microgravedad durante el vuelo parabólico. (Crédito imagen AstroAcces / Zero G Corporation).
Eric Ingram experimentando microgravedad durante el vuelo parabólico. (Crédito imagen AstroAcces / Zero G Corporation).

¿Recordáis como cuando erais niños, en aquellos largos viajes veraniegos en coche hacia la costa, de tanto en tanto el vehículo alcanzaba un cambio de rasante tras una larga subida, y en cuanto comenzaba a bajar sentíais un extraño e inquietante vacío en el estómago, como si brevemente flotaseis? Bien, pues eso es lo que han experimentado los 12 embajadores de AstroAccess aunque “aumentado”. Cambia el coche por un avión modificado, que realiza vuelos parabólicos para que sus pasajeros experimenten una gravedad lunar simulada (al menos durante 20 o 30 segundos en cada test) y entenderás el símil.

El vuelo, gestionado por la empresa goZeroG, no ha sido - sin embargo - el primero en que una persona con discapacidad ha experimentado la ingravidez. A muchos os vendrá a la mente la imagen de Stephen Hawking en 2007, flotando y divirtiéndose enormemente en un Boeing 727-200 adaptado para la ocasión. Más recientemente, Hayley Arcenaux viajó al espacio como miembro de una tripulación de 4 persona a bordo del SpaceX. Se convirtió en la primera persona en alcanzar la órbita con una pierna protésica.

Pero volvamos al viaje de AstroAccess. Al contrario que el que realizó Hawking, el propósito de este vuelo era el de investigar las capacidades que las personas con discapacidades tienen para funcionar de manera independiente en el espacio, así como la desarrollar herramientas específicas, tales como trajes adaptados, o señalización lumínica y sonora para pasajeros sordos o ciegos.

Sawyer Rosenstein disfrutando de la experiencia durante el vuelo patrocinado por AstroAccess. (Crédito imagen AstroAccess / Zero G Corporation).
Sawyer Rosenstein disfrutando de la experiencia durante el vuelo patrocinado por AstroAccess. (Crédito imagen AstroAccess / Zero G Corporation).

El resultado fue tan productivo como divertido. Eric Ingram por ejemplo, encontró tan extraño volar ingrávido de un punto a otro como la posibilidad de mantenerse en pie, algo que no había podido realizar jamás. Otro de los pasajeros, Sawyer Rosenstein, paralizado de cintura para abajo desde que sufrió un accidente en el instituto, y que llevaba un traje de vuelo modificado con una correa que podía agarrar para doblar las rodillas y maniobrar sus piernas, sintió después de mucho tiempo que tenía el control sobre la totalidad de su cuerpo.

Rosenstein descubrió además que era más flexible en gravedad cero y que los dolores crónicos que le acompañan en tierra, desaparecían cada vez que el avión se zambullía en picado, regalándole 20 o 30 segundos de ingravidez. ¿Veremos en el futuro aplicaciones terapéuticas basadas en experiencias como esta? 

No se a vosotros, pero a mi las imágenes de la experiencia me han dejado con un magnífico sabor de boca. 

Me enteré leyendo New York Times.

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