El acuerdo posbrexit entre la UE y el Reino Unido... y sus desacuerdos

Jitendra JOSHI
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El jefe del grupo de trabajo para las relaciones con el Reino Unido, Michel Barnier, durante el debate sobre el acuerdo de comercio y cooperación entre la UE y el Reino Unido en el Parlamento Europeo en Bruselas, el 27 de abril de 2021

El Parlamento Europeo se dispone a aprobar este martes el acuerdo comercial posbrexit alcanzado entre el Reino Unido y la Unión Europea (UE), cuya aplicación provisional desde el 1 de enero ya ha enfrentado varios problemas.

- Aduanas y reglamentación -

El Reino Unido abandonó la unión aduanera y el mercado único europeos. El acuerdo permite evitar la reintroducción de cuotas y aranceles en la mayoría de mercancías, pero las exportaciones británicas deben respetar unas normas europeas que afectan al comercio.

Las exportaciones británicas a la UE de mejillones, ostras y otros mariscos vivos ya no son posibles. La mayoría proceden de Escocia, donde el sector dice estar en peligro de colapso.

El valor de las exportaciones británicas hacia la UE registró una caída récord en enero. Pese a un repunte del 46,6% en febrero, su nivel sigue siendo inferior respecto al año anterior.

El gobierno británico asegura que la caída se debe principalmente a la pandemia.

Irlanda del Norte cuenta con un protocolo propio en el acuerdo de divorcio por su pasado marcado por tres décadas de conflicto sangriento.

Esta provincia británica continúa de hecho en el mercado único europeo para evitar controles en la frontera con Irlanda, país de la UE y con el cual comparte la isla.

Las mercancías que atraviesan el mar de Irlanda procedentes de Gran Bretaña deben así someterse a controles, una solución que enfadó a los unionistas norirlandeses, que se sienten traicionados por el primer ministro británico, Boris Johnson.

El protocolo norirlandés es una de las principales causas citadas durante los disturbios registrados en la provincia británica a principios de mes y protagoniza nuevas discusiones entre Londres y Bruselas.

- Sin libre circulación -

Británicos y europeos se ven ahora privados de la libertad de circulación que les permitía fácilmente vivir o trabajar de un lado u otro del canal de la Mancha.

Los viajes profesionales de corta duración están exentos de visado, pero no para músicos, artistas y empleados del mundo del espectáculo que necesiten más de 30 días para sus giras en Europa.

Los derechos de más de un millón de británicos instalados en la UE están preservados, pero sujetos a ciertos plazos para obtener el permiso de residencia, so pena de ser expulsados.

Los ciudadanos europeos que viven en el Reino Unido deben por su parte completar sus solicitudes antes del 30 de junio.

- Pesca -

La delicada cuestión del acceso de los pesqueros europeos a las ricas aguas británicas se saldó con un acuerdo: la flota de la UE renunciará progresivamente al 25% de sus cuotas de pesca durante un período de transición de cinco años y medio.

Las capturas europeas serán objeto, a continuación, de negociaciones anuales.

Si Londres impone límites al acceso a sus aguas o a las capturas, Bruselas puede responder con aranceles a los productos pesqueros y otras mercancías británicas o incluso suspender una buena parte del acuerdo comercial.

- Competencia -

La UE quiere impedir que las empresas británicas puedan ofrecer precios inferiores a los de sus rivales europeos con la aplicación de normas laborales, ambientales o fiscales menos estrictas o al recibir subvenciones injustas.

El Reino Unido creó una autoridad independiente en materia de competencia, que refleja el papel desempeñado por la Comisión Europea. Ambas instituciones defienden principios comunes.

Las subvenciones temporales en caso de "emergencia económica nacional o mundial" como la pandemia están autorizadas si son "proporcionadas".

La justicia --especialmente el Tribunal de Justicia de la UE, aunque no está designado específicamente en esta parte del tratado-- decidirá sobre las medidas a adoptar en caso de subvenciones injustas.

- Servicios financieros -

El acuerdo no incluye los servicios financieros, importantes para la economía británica. Ambas partes llegaron el mes pasado a un protocolo de acuerdo de cooperación, cuyos detalles se desconocen.

Los bancos internacionales ya se habían preparado para lo peor reforzando sus posiciones en Europa y permitiendo así una transición suave cuando el Reino Unido abandonó la unión aduanera.

Pero la City de Londres, que perdió en enero el puesto de principal mercado de acciones de Europa en beneficio de Ámsterdam, desea que se alcance un acuerdo a largo plazo.

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