Acude indignada al bar de debajo de su casa por abrir sin permiso de madrugada y se encuentra a la policía tomando algo

Una mujer ha decidido tomarse la justicia por su mano y ha acudido de madrugada al bar ubicado justo debajo de su casa, en Galicia, para protestar y quejarse por estar abierto hasta altas horas de la noche sin permiso. Lo ha hecho con el teléfono en la mano y grabando en todo momento la tensa escena. En un vídeo difundido a través de las redes sociales se puede apreciar a la protagonista bajando las escaleras de su casa y metiéndose en el bar para denunciar la situación: “Como veis son las tres menos cuarto y la terraza sigue abierta”. La improvisada reportera quiere dejar así constancia de la infracción que, según ella, está cometiendo el dueño del establecimiento. Asegura que más de “la mitad del vecindario” está cansado de tener que soportar el ruido que sale de sus paredes. En el interior hay varios clientes apostados en la barra. Pero su sorpresa llega cuando observa a cuatro agentes del Cuerpo Nacional de Policía tomando algo en una de las mesas de dentro: “Son las tres menos cuarto y este señor no tiene permiso para tener el local abierto y ahí está quien tiene que dar acta del servicio y no lo está haciendo”. Esta escena indigna todavía más a la autora de la grabación y arremete contra los agentes: “Ustedes son los que tienen que dar acta de lo que está pasando aquí y si no lo hacen son igual culpables”. Al parecer, la mujer ha tenido que cambiar de habitación varias veces para poder dormir por las noches, tal y como se desprende de la locución del vídeo. Pero la cosa no queda aquí, sino que se acerca a la mesa en la que se encuentran los policías y les echa en cara que estén allí: “Por favor, si pueden me dan su número de placa… porque estos saben perfectamente que no puede ser. Ni hay distancia de seguridad, ni hay mascarillas, ni ustedes pueden estar como están ahora”. Con la mujer desbocada y prácticamente encima de los uniformados, estos le piden que mantenga la distancia de seguridad o que, al menos, se ponga las mascarilla. Pero ella no parece tomárselo demasiado bien y sigue arremetiendo contra ellos y contra el propietario del bar, que le pide que cese de su actitud. Tras ocho minutos de discusión, la mujer acaba marchándose del local desahogada y con la grabación como prueba de la supuesta infracción.