Acercamiento entre Turquía y Armenia busca poner fin a una rivalidad de décadas

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© Reuters

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y el primer ministro armenio, Nikol Pashinian, sostuvieron una conversación telefónica que tiene como objetivo la normalización de las relaciones bilaterales luego de las tensiones históricas entre Ankara y Ereván acrecentadas por el apoyo de Erdogan a Azerbaiyán en la guerra de Nagorno Karabaj de 2020.

De un lado del teléfono, Erdogan; del otro, Pashinian. Es la primera vez que ambos líderes conversan, un logro fruto de un nuevo intento de normalización de las relaciones bilaterales que tomó fuerza el 1 de julio cuando delegados especiales de ambos países se reunieron en la capital austriaca, Viena, para trabajar en la realización de un acuerdo.

Tanto el Ejecutivo turco como el armenio respaldaron el acuerdo y en especial uno de los primeros puntos: la apertura del espacio aéreo mediante vuelos de aviones de mercancía. Los ministros de Exteriores de ambas naciones esperan que estos vuelos entren en vigor “lo antes posible”.

Sin embargo, la imagen cordial entre Erdogan y Pashinian no es casual. El proceso de acercamiento ha sido extenso y se produce gracias a gestos de tregua de parte y parte. Uno de los primeros pasos lo dio Pashinian cuando el 1 de enero levantó el embargo impuesto hacía un año a los productos fabricados en Turquía. Además, este es el segundo intento de normalización de las relaciones, luego de que en 2009 las negociaciones resultaran fallidas.

Unas heridas difíciles de sanar

Turquía y Armenia históricamente han sido rivales por razones culturales que datan hasta los comienzos del siglo XX, cuando en 1914 las autoridades otomanas bajo el mando de los Jóvenes Turcos, Partido ultranacionalista, masacraron a un número aún indeterminado de civiles armenios. La cifras de víctimas mortales varían según el bando: Turquía habla de menos de 300.000 personas; mientras que Armenia asegura que fueron más de un millón y medio de connacionales los que perecieron. Estados Unidos y varios países de la Unión Europea califican a estas masacres como genocidio.

A este trágico recuerdo se suma la tensión religiosa actual debido a que la mayoría del pueblo turco es de confesión musulmana y, por su parte, la mayoría de armenios es cristiana.

Pero el punto de inflexión en las recientes relaciones bilaterales se dio durante la primera guerra entre Armenia y Azerbaiyán, cuando en 1993 Turquía decidió romper unilateralmente la naciente relación con Armenia en solidaridad con la derrota que sufrieron los azeríes.

Este primer conflicto entre armenios y azerbaiyanos duró de 1988 a 1994 y se originó por las pretensiones independentistas de Nagorno - Karabaj, región autónoma de Azerbaiyán, que buscaba unirse a Armenia en provecho del desmembramiento de la entonces Unión Soviética.

Nagorno - Karabaj es de mayoría armenia y cristiana, por lo que una parte significativa del pueblo se siente más representada por Armenia que por Azerbaiyán. La guerra dejó más de 30.000 muertos y 700.000 azeríes desplazados. Armenia aprovechó su triunfo para apoderarse de la totalidad de Karabaj.

Sin embargo, posterior al fin de la guerra, Azerbaiyán fue recuperando poco a poco el sur del Alto Karabaj y ha tratado en los últimos años de negociar el control del territorio con Rusia, país que ha tenido una importante presencia militar en Karabaj con sus conocidas 'fuerzas pacificadoras'.

La guerra de los 44 días

La segunda guerra de Nagorno – Karabaj comenzó en septiembre de 2020 y las causas son motivo de disputa narrativa. Armenia afirmó que un ataque contra un asentamiento de civiles por parte de los azeríes fue el detonante de la confrontación. Azerbaiyán defendió el argumento de la contraofensiva al ser supuestamente ellos los primeros en haber sido atacados con el asesinato a manos armenias de una familia en su territorio.

Esta nueva guerra terminó con la vida de al menos 6.000 personas y dejó miles de desaparecidos. El cese de las hostilidades se dio de nuevo por intermediación de Rusia con la firma de un armisticio el 9 de noviembre de 2020.

Durante ese conflicto, Turquía apoyó a Azerbaiyán desde la palestra pública, pero también desde el campo militar con la provisión a Azerbaiyán de drones armados de fabricación turca que fueron decisivos para el desenlace favorable de los azeríes en el control de varias zonas de Nagorno Karabaj antes ocupadas por Armenia.

Por ello, un eventual éxito en la normalización de las relaciones bilaterales entre Ankara y Ereván consolidará temporalmente el fin de las hostilidades en Nagorno Karabaj. Sin embargo, hay puntos que todavía no logran ser acordados entre ambas naciones como el reconocimiento por parte de Turquía del genocidio armenio.

Con EFE y medios locales

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