‘Trabajos forzosos’ entre presos malayos para sacar adelante la producción del aceite de palma

M. J. Arias
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El mercado del aceite de palma de Malasia se nutre de trabajadores de fuera que, con la actual pandemia, no pueden entrar en el país. Eso ha provocado un déficit de mano de obra que los productores proponen cubrir con presos y pacientes de clínicas de rehabilitación, ya que, debido a las condiciones laborales imperantes, los locales se niegan a aceptar. Esta solución no ha sido bien vista por los expertos consultados por The Guardian, que califican esta vía como una posible suerte de “trabajos forzosos”.

La imposibilidad de contratar mano de obra de fuera por la pandemia ha hecho que exista un déficit de trabajadores de 40.000. (Foto: AP Photo/Andy Wong/FILE)
La imposibilidad de contratar mano de obra de fuera por la pandemia ha hecho que exista un déficit de trabajadores de 40.000. (Foto: AP Photo/Andy Wong/FILE)

“Debemos tener cuidado de buscar alternativas que perpetúen las malas prácticas laborales, especialmente en el contexto de un poder de negociación tan desigual”, ha advertido al diario británico Liva Sreedharan, especialista en derechos laborales y de los migrantes. Los expertos en derecho señalan que esta idea podría llegar a conformarse como un “trabajo forzoso institucionalizado”.

Sreedharan lleva años investigando y estudiando las condiciones laborales poco óptimas de los trabajadores del sector. Entre los testimonios recogidos en el avance de su investigación hay relatos que incluyen salarios por debajo del mínimo, ausencia de contrato, pasaportes confiscados, amenazas e, incluso, acoso sexual.

De ahí que el camino correcto a seguir sea el de mejorar las condiciones de estros trabajadores. Estas son, en parte, una de las razones por las que los locales no aceptan estos puestos libres que ha provocado la falta de mano de obra barata al cerrarse las fronteras por la pandemia. Apuntar en esa dirección y no en la búsqueda entre colectivos vulnerables que perpetúe la situación actual es la recomendación de los expertos.

Según explican en The Guardian, el 80% de la ‘plantilla’ de trabajadores del sector del aceite de palma en Malasia provienen de países como Indonesia, Bangladesh, Nepal e India, cuyos ciudadanos, obligados por la necesidad, se desplazan a estas plantaciones malayas para conseguir un salario por mínimo que sea.

Ahora que estos trabajadores no pueden llegar por las restricciones fronterizas, se ha generado un déficit de mano de obra de alrededor de 40.000 personas. Un problema de gran envergadura si se tiene en cuenta que de Malasia procede el 25% de la producción mundial de aceite de palma.

La necesidad de cubrir esos puestos para sacar adelante la producción y la dificultad de que los malayos acepten ha hecho que los productores sugieran la búsqueda de trabajadores en cárceles y entre pacientes de centros de rehabilitación.

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