Accionistas de Shell aprueban su estrategia climática, muy criticada por ecologistas

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El logo de Shell

Los accionistas de Royal Dutch Shell aprobaron el martes por gran mayoría la estrategia climática del gigante de los hidrocarburos, muy criticada por las oenegés, destinada a reducir su dependencia del petróleo y el gas y llegar a la neutralidad carbono en 2050.

El plan establece objetivos de reducción, pero no el abandono de los hidrocarburos, que representan la mayor parte de los beneficios del grupo, pese a que la Agencia Internacional de la Energía dijo el martes que el sector debe detener todos los nuevos proyectos de exploración para mantener el calentamiento global bajo control.

Durante la junta general del gigante angloholandés, casi el 89% de los accionistas votó a favor del plan, según un comunicado.

Era la primera vez que una gran empresa energética sometía a votación de los inversores su estrategia de reducción de las emisiones de CO2.

Otra resolución, presentada por la organización ecologista Follow This, que pedía a Shell que estableciera objetivos más ambiciosos, solo recibió un 30% de los votos. La dirección de la empresa había pedido a sus accionistas que votaran en contra de esta segunda resolución, calificándola de "redundante".

Greenpeace consideró que el apoyo recibido por la resolución de Follow This, más del doble que el año pasado, "muestra la falta de confianza en el caótico plan climático de Shell".

Recordó que el grupo quiere aumentar su producción de gas en un 20% para 2030, y pidió al gobierno británico que prohíba nuevos proyectos de gas y petróleo.

Shell dio a conocer en febrero los detalles de su estrategia para llegar a ser neutra en carbono, mediante inversiones en nuevas energías y la reducción de su dependencia del petróleo.

El grupo prevé reducir su producción de petróleo entre un 1% y un 2% cada año. Shell había dicho anteriormente que su producción de petróleo alcanzaría su punto máximo en 2019, antes de que la pandemia golpeara con fuerza el mercado del crudo.

Además, pretende reducir gradualmente su intensidad neta de carbono, es decir, las emisiones de CO2 sobre el total de la energía producida, entre un 6% y un 8% para 2023, un 20% para 2030, un 45% para 2035 y totalmente (100%) para 2050, incluyendo en ese cálculo la compensación mediante mecanismos de captura.

Esos sistemas son muy criticados por las oenegés porque no se traducen en una reducción real de emisiones sino en la financiación de proyectos verdes para equilibrar la contabilidad.

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