Se acabó viajar a Punta Cana para ponerse ciego

Paula M. Gonzálvez
Adiós a esta imagen.

″¿En serio te vas a Punta Cana? Buah, aprovecha. Te vas a pasar el día bebiendo al sol. Qué gustazo”. Me contaréis cómo se puede disfrutar si tu estómago alberga tanto líquido como el mar Caribe.

Ya tenemos una edad para empezar a buscar otras cosas alejadas de los chavales que van de viaje de ecuador de carrera a República Dominicana y se hacen los dueños de Punta Cana. Aunque esa invasión ya no nos preocupa, porque el resto hemos encontrado un rincón idílico que hay que visitar al menos una vez en la vida. Y un apunte: se puede ir solo y gozarlo, aunque seguro que querrás enseñárselo a alguien. 

Puedo prometer que el significado incesante de viajar a Punta Cana (al menos para los españoles) ha tocado techo. No hay por qué temer. Ya no tienes por qué encontrarte con esos universitarios compitiendo por saber quién desfasa más, ni con los que están despidiéndose de la soltería compitiendo por saber quién desafasa más, ni con el que viaja para desfasar más que nadie. Puedes huir del grupo de ‘los pulseras amarillas’ y ponerte la tuya propia. 

Un rincón desconocido (por ahora)

Hay elección en República Dominicana, y se llama Cap Cana. Ese rincón idílico —y todavía desconocido— que conserva todo lo bueno de Punta Cana y aleja todo lo malo (y ya viejuno). Es un destino de lujo, y esto no es una forma de hablar. Pura exclusividad. Y si encima te quedas en el TRS Cap Cana... ya te olvidas de que existe el asfalto. 

Comprobado. Existen lugares curativos para la mente, y éste encabeza la lista. Y sí, se puede dejar la mente en blanco, porque si existen los golpes de realidad —que siempre suelen ser malos—, Cap Cana es un golpe de fantasía, o un sueño en el que afortunadamente todo es real. Y que nadie se atreva a despertarte.  

Por no existir, no existen ni los problemas de adaptación. Eso de que cuando empiezas a cogerle el gusto a un destino...

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