“Acéptate”, el grito de una joven “diferente” contra el odio y el acoso

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Mérida, 7 jun (EFE).- “Hola, soy Inma Franco. Cuando era pequeña me diagnosticaron el síndrome de Saethre-Chotzen. Tuve que pasar varias veces por el quirófano y me quedaron secuelas. Para algunos mi rostro era 'diferente' y por ello sufrí acoso escolar”.

Así de claro explica Inma Franco (Badajoz, 1999) su difícil infancia y adolescencia en la contraportada de su primer libro, “Acéptate”, que llega estos días a las librerías y que, como ella misma define, “es una historia de amor verdadero, del más puro que existe: el amor propio, es decir, aceptarte y quererte tal y como eres”.

Pero hasta llegar a eso, Inma cuenta su historia de hospitales y operaciones que arrancó cuando a los tres meses el pediatra notó que ya se la habían cerrado los huesos de la fontanela y que su cráneo había dejado de crecer, mientras que su cerebro tenía que seguir haciéndolo.

Esto la llevó a una operación de diez horas de la que salió con una incisión “de oreja a oreja” y en la que tuvieron hasta que coserle los ojos para que no sufrieran ningún daño.

Tras llegar el diagnóstico del síndrome de Saethre-Chotzen, un mal hereditario que hace que los huesos del cráneo se fusionen antes de tiempo, Inma pasó una infancia feliz en su pueblo, en la provincia de Badajoz, junto a sus hermanos y amigos, a pesar de que a los siete años una nueva operación la obligó a llevar “un tornillo a cada lado de la cabeza” que su madre se encargaba de apretar cada día un poco con un destornillador especial para que “la frente, que la tenía hundida, fuese saliendo hacia adelante”.

La situación empeoró, sin embargo, cuando sus padres se vieron obligados a llevarles a otro colegio, donde Inma comprobó que, a pesar de sus esfuerzos, no tenía amigos en una de las historias más tristes que relata en su libro, la de la fiesta de su 12 cumpleaños, que preparó con ilusión y a la que invitó a todos los niños de su clase, pero en la que ninguno apareció, ni siquiera la que ella entonces consideraba su única amiga.

El horror, no obstante, estaba aún por llegar y se materializó en los años de la Educación Secundaria: insultos, rechazo y humillaciones, de la que todos, incluidos algunos profesores, la culpaban por una supuesta falta de higiene que atribuían a un pelo graso y apelmazado por los productos para curar la cicatriz de su cabeza.

“Nadie me apoyó, algunos me acusaron y otros simplemente me dieron la espalda”, relata Inma en su libro, en el que reconoce que durante sus años de instituto pasó "mucho tiempo sola en los recreos, deseando que llegara ya la hora" de irse a casa "y no tener que volver nunca más”.

También reconoce que en aquella época se le pasó “muchas veces por la cabeza la posibilidad de saltar por la ventana y acabar con todo el sufrimiento” y que incluso llegó a escribir una carta para explicar cómo se sentía por si finamente optaba por “esa opción”.

En ese momento de “tocar fondo”, que vino acompañado de fracaso escolar y abandono de los estudios, a esta chica, igual y diferente, como somos todos, no le quedó más salida que empezar a hablar consigo misma, un diálogo interior que llegó junto a otro externo a través de un canal de YouTube en que se hacía llamar “Dreamer07” y en el que se atrevió a comenzar a contar su historia de “bullying".

Todo cambió para Inma Franco al decidir retomar los estudios y trasladarse a Mérida para hacer el Bachillerato de Arte. Sin embargo, cuando por primera vez se sentía aceptada en clase y querida por sus compañeros, también todo volvió a cambiar y no solo para ella, porque un virus, el SARS-CoV-2, vino a demostrarnos que todos somos iguales, que todos somos vulnerables.

Entonces llegó el confinamiento e Inma decidió explicar en TikTok, donde ahora tiene más de 300.000 seguidores, que a su cara no le pasa nada, cansada de que se lo preguntaran continuamente en redes sociales.

Aclaró que “lo único que le pasaba” es que había sufrido muchas operaciones y que aunque le habían ofrecido volver a operarse por estética, para “verse más guapa”, lo había rechazado.

“Este tipo de preguntas me molestan, porque yo creo verme normal y luego a lo mejor no y no sabéis lo que yo me odio a mí misma por eso”, concluía con la voz entrecortada en un vídeo que fue compartido en Twitter por Lola Indigo, Brays Efe o Anabel Alonso y que se hizo viral en pocas horas.

Ante la avalancha de “comentarios tan bonitos” Inma se pensó que “todo era un sueño” del que en cualquier momento podía despertar. Pero no, sus compañeros de clase vivieron la emoción y el orgullo junto a ella, y llegaron las primeras entrevistas y la oferta de escribir su experiencia en un libro.

Y es que “Acéptate” es eso, explica ella, un ejercicio de aceptación para ayudar a los demás a que también se acepten y para “crear conciencia sobre el hecho de que lanzar comentarios ofensivos no es ninguna broma”.

“Eres precios@ tal y como eres, no necesitas cambiar tu forma de ser para contentar a nadie ¡Acéptaté!, concluye Inma Franco su opera prima, una quimera hecha realidad, que le ha animado a cumplir otro de sus grandes sueños, ir a la universidad para en el futuro poder ser profesora de Lengua y Literatura.

Jero Díaz Galan

(c) Agencia EFE

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