¿Abrir o no abrir las escuelas?... esa es la cuestión

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La vuelta al colegio plantea incontables dudas sobre el papel de los niños en la transmisión y las medidas que deberían adoptarse para abrir las escuelas | Foto Reuters/Kyung-Hoon
La vuelta al colegio plantea incontables dudas sobre el papel de los niños en la transmisión y las medidas que deberían adoptarse para abrir las escuelas | Foto Reuters/Kyung-Hoon

La pandemia de Covid19 nos ha colocado frente a multitud de dilemas incómodos a los que hemos ido aplicando soluciones, con mayor o menor acierto, tras un análisis de las ventajas e inconvenientes. En pocos días se nos presenta otro de estos grandes dilemas con la apertura de las escuelas y, al menos en nuestro país, la duda sigue en el aire. Muchas de estas decisiones se han aplazado demasiado y, en una crisis sanitaria como la que estamos viviendo, no parece buena idea tardar demasiado en aplicar medidas. Nos encontramos a las puertas de septiembre y, exceptuando el anuncio en el lejano junio de que el gobierno quiere abrir las escuelas, aún no sabemos demasiado más… No están muy claras las medidas que se han adoptado, si es que hay alguna firme, y si algo nos ha enseñado esta pandemia es que las prisas y la falta de previsión son las peores consejeras.

Otra de las enseñanzas que deberíamos haber obtenido en los últimos meses es la de fijarnos bien en otros países para ver la evolución de la pandemia, las medidas que resultan eficaces y los errores que se están cometiendo más allá de nuestras fronteras. La vuelta al cole se ha convertido en un objetivo principal e inmediato para todo el mundo, una preocupación para cualquier padre, un temor presente en todos los profesores y el más importante foco de contagio para los epidemiólogos en las próximas semanas.

Los estudios que tenemos sobre contagio y transmisión del SARS-Cov-2 en niños aún no son demasiados, y en muchos casos se contradicen. En julio aparecía una publicación en el journal Pediatrics afirmando que “El coronavirus rara vez se transmite entre niños o de estos hacia adultos”. Un estudio en Irlanda también indicaba que el entorno escolar no había supuesto una mayor transmisión secundaria.

Por otro lado, y hace tan solo unos días, el informe más reciente de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos advierte que la Covid-19 puede propagarse más fácilmente entre los niños de lo que se pensaba. La American Society for Microbiology ha publicado un artículo recopilando los datos y estudios que sugieren que los niños en edad escolar transmiten fácilmente el SARS-CoV-2. Los datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) muestran que el grupo de edad de 5 a 17 años tiene la tasa más alta de positividad en la prueba de SARS-CoV-2 de cualquier grupo de edad. Un nuevo estudio de Corea del Sur sugiere que los niños de 10 a 19 años transmiten el SARS-CoV-2 a tasas similares a las de los adultos. Un segundo estudio reciente mostró que los niños menores de 5 años tenían niveles más altos de SARS-CoV-2 en su tracto respiratorio que los niños de 5 a 17 años, que tenían niveles similares a los de los adultos.

Este gráfico de los CDC en Estados Unidos muestra que los niños en edad escolar han tenido la tasa más alta de positivos por SARSCoV2 de cualquier grupo en las últimas semanas.
Este gráfico de los CDC en Estados Unidos muestra que los niños en edad escolar han tenido la tasa más alta de positivos por SARSCoV2 de cualquier grupo en las últimas semanas.

Admitámoslo claramente: aún no disponemos de las investigaciones, serias y contundentes, que nos muestren cuál es el papel específico de los más jóvenes en la transmisión y propagación de la epidemia, pero no parece ser cosa menor. La propia Organización Mundial de la Salud advierte a los países que pretenden abrir los colegios que por ahora desconocemos la transmisión del Covid en niños. Los escasos estudios que restaban importancia a la propagación de la enfermedad a través de los niños, se están viendo superados por los nuevos y más recientes análisis que indican lo contrario.

Una de las pistas más reveladoras sobre este asunto la encontramos en situaciones similares a una escuela que han ocurrido durante estos días. Los campamentos y cursos de veranos podrían ser un buen indicador del riesgo al que nos enfrentaremos, y en este caso, las noticias no son nada alentadoras. Hace tan solo unos días, las autoridades del estado de Georgia informaron de un gran brote de coronavirus entre los jóvenes asistentes a un campamento escolar: Más de 260 campistas dieron positivo por COVID-19 en un campamento de la YMCA. En las últimas semanas, más y más campamentos de verano se han visto obligados a cerrar debido a la propagación del SARS-CoV-2.

Si algo nos está enseñando este año 2020 es que debemos imaginar la peor situación para estar, al menos, un poco preparados. Así pues, la recomendación más evidente para preparar la vuelta al colegio en septiembre debería ser considerar que los niños representan un importante foco de transmisión del virus. Ante esta lógica conclusión y sabiendo que abrir las escuelas es un objetivo prioritario para todas las administraciones, deberíamos ir pensando de inmediato (volvemos a ir con mucho retraso) en las medidas que se van a implementar en los centros educativos.

En primer lugar deben ser medidas drásticas, efectivas y, sobre todo, obligatorias. El campamento de verano en Georgia con 260 contagiados tomó muchas precauciones, pero no obligó a los campistas a usar máscaras ni a tener una ventilación adecuada en los edificios, según un informe del gobierno publicado el viernes. Los fuertes rebrotes en España nos recuerdan, con demasiada tristeza, que dejar demasiadas cuestiones abiertas al sano juicio y criterio de la población no funciona bien.

Un ejemplo a tener en cuenta podría ser Alemania: Berlín vuelve al cole y establece cuatro reglas básicas para evitar contagios. Los tres primeros días del curso escolar se dedicarán exclusivamente a explicar las nuevas medidas que consistirán en:

1) Uso de las mascarillas en todo el colegio, una norma excepcional ya que en Alemania aún no se ha instaurado la obligatoriedad de las mascarillas en la calle.

2) “Caminar por la derecha”. Evitar cruces frontales con los incontables niños en los pasillos de la escuela va a ser todo un reto.

3) Desinfección y limpieza de manos después de cada clase

4) Ventilar las aulas para evitar concentración del aire.

Son solo cuatro reglas sencillas que, a todas luces, se quedarían cortas en cualquier centro educativo español. La masificación de las aulas, la falta de personal y la ausencia palmaria de rastreadores son solo algunos de los elementos que dificultarían, por no decir impedirían, una adecuada vuelta al colegio en nuestro país.

Mientras tanto, el recuerdo de lo que ocurre cuando las cosas no se hacen bien sigue presente en otros ejemplos. Israel reabrió las escuelas cuando el coronavirus amainó. No fue buena idea, el aleccionador brote en una escuela secundaria de Jerusalén debería ponernos las pilas y empezar a tomar medidas ahora mismo, sin perder más tiempo. La amenaza de abrir y tener que volver a cerrar rápidamente está demasiado presente como para seguir dilatando más estas decisiones.

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