Abrazos contra la pandemia en Roma

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Parece que los abrazos ya no son gratis y la pandemia nos ha hecho creer que hay momentos en los que no se pueden dar. Pero este local del centro de Roma se compromete a garantizar que la gente nunca se quede sin ellos. Poco después de registrarse, los clientes se encuentran entre los brazos de un desconocido. Un cariñoso profesional al que le pagan por dar abrazos.

"La pandemia nos ha permitido comprender lo que realmente importa en la vida, ya sea que nos cojan de la mano o simplemente nos den una palmadita en el hombro en el momento adecuado. Algunos de estos gestos ya no son naturales. Poder encontrar un lugar o alguien que te permita encontrar la tranquilidad, es un valor adicional e n nuestras vidas, por eso la demanda ha aumentado", asegura Laura Nardini, fundadora de Cuddle Place.

Las sesiones duran de media hora a una hora y el coste de los primeros 30 minutos ronda los 60 euros. Walter es un cliente habitual. Viene aquí desde el comienzo de la pandemia. Cuenta que la consulta no es únicamente para relajarse: "Los beneficios son a largo plazo. Estar en una situación en la que no tienes nada que hacer, excepto escucharte a ti mismo y estar presente, es muy útil a la hora de concentrarte y fijar objetivos"

El principal desencadenante de este tipo de negocios ha sido la pandemia, que ha mostrado a la gente lo que significa la falta de contacto físico. A pesar de que los confinamientos nacionales más estrictos han desaparecido en todas partes la gente sigue queriendo abrazos.

La vida ha vuelto casi a la normalidad, pero el contacto humano no. Y parece que muchos esperaban que esta realidad fuera reconocida. "La necesidad de afecto ya existía. La pandemia ha contribuido a convertirla en una cuestión aguda porque la gente ha tenido que autoaislarse y hoy se ha convertido en algo crónico", explica Sebastiano Maffettone profesor de Filosofía Política Universidad de LUISS.

Italia fue el primer país occidental afectado por el virus, y el hecho de que sea uno de los primeros en experimentar con este tipo de empresas no debería sorprender, asegura Maffettone: "Nadie hubiera pensado que este tipo de negocio pudiera existir en Italia... pero fuimos los primeros en enfrentarnos a la emergencia, lo que sin duda ha empujado a los italianos a reaccionar y encontrar soluciones antes que los demás"

Los trastornos de ansiedad y depresión van a aumentar en la era post-pandémica. Ya sea una tendencia temporal o a largo plazo, este tipo de temas nos recuerdan que la contención de la propagación del virus para volver a encauzar nuestras vidas ha tenido un coste importante en la sociedad y en las relaciones humanas.

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