Vigo pone millones de luces por Navidad, pero los atletas de élite se entrenan a oscuras

Abel Caballero, alcalde de Vigo. Foto: Europa Press News/Europa Press via Getty Images.

"Que sepan los alcaldes de Londres, de Tokio, de Nueva York, la alcaldesa de París y el alcalde de Berlín que vamos a ser el no va más. Vamos, ya no cito Madrid y Barcelona porque esos se nos quedan allá pequeñitos". De esta forma tan moderada y comedida se expresaba Abel Caballero, el regidor de Vigo. Se trata de la ciudad más grande de Galicia, pero aun así, con menos de 300.000 habitantes, quizás ande un poco lejos de las grandes metrópolis a las que se refería su primer edil.

A lo que aludía Caballero, no obstante, es a lo que se está convirtiendo en una tradición que, hay que reconocerlo, está poniendo el nombre de Vigo en el mapa: la iluminación navideña. Este 2019 se han instalado diez millones de LEDs, un árbol de 32 metros, una noria gigante, arcos luminosos en cientos de calles y todo tipo de fastos que van por el buen camino para convertir la urbe del noroeste peninsular en el gran referente nacional, y quién sabe si pronto también continental o hasta mundial. A costa de un gasto de 1,1 millones de euros, que se espera recuperar con creces gracias a la afluencia de turistas.

Pero tantísima luz genera también sus sombras. Bien lo sabe David Gómez, un nombre muy destacado en el panorama del atletismo español: ha representado al equipo nacional ya dos veces en Juegos Olímpicos (Atenas 2004 y Pekín 2008) en la competición de decatlón. David, gallego de O Rosal, milita en la sección de atletismo del Celta de Vigo y, por tanto, se entrena normalmente en las pistas de Balaídos, una instalación de titularidad municipal vecina del estadio del equipo de fútbol. Y, según denuncia, las condiciones en las que tiene que hacerlo dejan mucho que desear... sobre todo por la falta de luz.

Paradójicamente, mientras el ayuntamiento vigués invierte fortunas en que las noches parezcan días, Balaídos permanece a oscuras desde hace, al menos, cuatro semanas. Gómez protesta porque, para practicar disciplinas de cierto peligro como el salto con pértiga, se ve obligado a recurrir a soluciones artesanales y un tanto precarias, tales como alumbrarse con la linterna de un teléfono móvil.

Los problemas van más allá. Los defectos en el drenaje y la falta de mantenimiento que, según lamenta, sufren las pistas hacen que, con las lluvias (un fenómeno extremadamente frecuente en esa parte del mundo), la superficie se inunde. A David no le queda otra que bromear acerca de quienes se han convertido en sus compañeros habituales de entrenamiento: las gaviotas.

¿De quién es la culpa de que en una de las ciudades más importantes del noroeste español los deportistas tengan que sufrir semejante despropósito? Legalmente, el titular de la pista es el Concello, palabra que se utiliza en idioma gallego para referirse al gobierno municipal. Es decir, la entidad que dirige Abel Caballero desde ni más ni menos que 2007. De hecho, el propio consistorio las cerró durante el mes de septiembre para hacer pequeñas obras de mejora.

Sin embargo, cuando se le pregunta por la situación, Caballero (del Partido Socialista) echa balones fuera y responsabiliza a la Xunta, el gobierno regional en manos del Partido Popular. Y es cierto que durante los últimos años se han firmado varios convenios entre ambas administraciones para emprender una reforma en profundidad; la cantidad necesaria lleva tiempo presupuestada. Pero los desencuentros entre los políticos y el hecho de que para la opinión pública no sea un tema prioritario (a la mayoría le parece más grave la situación del estadio del Celta, que tampoco se encuentra en muy buen estado) lo han ido retrasando de manera indefinida.

Caballero alegó en su momento que las pistas son “instalaciones supramunicipales”, ya que las usan atletas no solo de Vigo, sino de toda la comarca, por lo que la responsabilidad debería recaer en los dirigentes autonómicos. Protesta también porque la inversión prometida inicialmente iba a ser de cinco millones de euros pero que en 2018 “se bajó a cero”. Pero el secretario general de Deporte de la Xunta, José Ramón Lete, ha dicho que hay discrepancias graves sobre aspectos técnicos del proyecto y que esta falta de acuerdo es la que lo paraliza todo.

Los unos por los otros, la casa sin barrer. Mientras los políticos siguen con sus guerras habituales, todo un representante olímpico de España sufre condiciones tercermundistas en sus entrenamientos, que serían fácilmente solucionables con que una parte mínima del dinero destinado a otras partidas se empleara para, por lo menos, tener un foco encendido. Ahora que Gómez ha logrado hacer un poco de ruido, ¿le harán caso?

Más historias que te pueden interesar: