Abderramán III, el califa cordobés que hizo más por la Historia de España que muchos de los considerados como ‘héroes patrios’

Se conoce como patriotismo al sentimiento de amor, defensa y lealtad hacia la nación y sus símbolos y que, en numerosas ocasiones, suele demostrarse de una manera encendida o irracional e incluso desconociendo realmente quiénes fueron y que hicieron sus héroes nacionales, despreciando todo aquello y a aquel que, según sus doctrinas patrias, son considerados como enemigos históricos.

Es muy común que uno de los errores del sentimiento patriótico sea quedarse solo con una parte sesgada (y a menudo manipulada) de la Historia; lo que da a lugar a equívocos y enfrentamientos políticos.

Abderramán III, el califa cordobés que hizo más por la Historia de España que muchos de los considerados como ‘héroes patrios’ (Wikimedia commons)

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Mucho se está hablando en los últimos días sobre la retirada del busto conmemorativo de Abderramán III, en la población zaragozana de Cadrete, como la primera acción de gobierno del recién constituido ayuntamiento local, debido a la solicitud por parte de los representantes del partido VOX, quienes gracias a sus dos concejales facilitaron que la formación conservadora del Partido Popular recuperase la alcaldía. La primera petición del partido ultraderechista, tras formarse el nuevo consistorio, fue retirar y trasladar a otra ubicación el mencionado busto que había sido colocado en la Plaza Aragón (la más representativa del municipio) en 2016 por el anterior equipo municipal. Dicha decisión, que no ha dejado de estar rodeada de polémica, enfrentamientos políticos e incluso entre historiadores, se tomó, según el nuevo consistorio, porque tal monumento había sido motivo de división y enfrentamiento entre los vecinos desde el momento de su colocación y se procedía al traslado (momentáneamente a una exposición en el castillo de la misma población) con el fin de que en dicha plaza tan solo se coloquen símbolos que unan a todos los vecinos por igual y con los que éstos se sientan identificados.

Pero el hecho de cuestionarse (desde una perspectiva patriótica) que la figura de Abderramán III representa una afrenta a la Historia de España constituye un lamentable error, debido a que este célebre dirigente, que reinó en el Califato de Córdoba a lo largo de medio siglo, hizo mucho más por la cultura, sociedad e Historia en general de lo que actualmente conocemos como España que muchos de los considerados como ‘héroes patrios’ y que hoy en día reciben homenajes por su participación en la ‘Reconquista’.

Tras la conquista musulmana de la Península Ibérica (711-726), gran parte de ésta fue conocida bajo el nombre de ‘al-Ándalus’, siendo incorporada al Califato Omeya. Dos siglos después, a partir del año 912, Abd al-Rahmán ibn Muhámmad (comúnmente conocido como Abderramán III), heredó, a los 21 años de edad, el califato directamente de su abuelo el emir Abd Allah I (a causa del asesinato de su padre Muhámmad a manos de su propio hermano Al-Mutarrif).

Abderramán fue un joven instruido e interesado por la cultura, las artes y la ciencia. Estaba enamorado de Córdoba, población en la que nació y que consideraba como ‘la más hermosa del mundo’, convirtiéndola en la capital y eje central del Imperio Musulmán (Califato de Córdoba, a partir del año 929).

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En los últimos días mucho se ha hablado despectivamente de la figura de Abderramán III, desde colectivos ultraderechistas que defienden y justifican la retirada del busto en la población zaragozana de Cadrete, por representar la cultura árabe y el islamismo en España. Siendo ignorantes de las grandes aportaciones que este Califa realizó durante sus años al frente del califato: arte, urbanismo, cultura, política social o los avances más importantes y novedosos de la época en cuanto a agricultura, sanidad o arquitectura, deben serle reconocidos.

Pero ya no solo su figura como representante de la cultura y religión musulmana en la Península Ibérica, debido a que no toda la sangre que corría por sus venas era árabe y una gran parte de ésta era de procedencia hispana. Su madre, llamada Muzayna, era en realidad una concubina cristiana de origen vasco y su abuela (la madre de su progenitor) fue Onneca Fortúnez, una princesa vasca del Reino de Pamplona (que junto al de Asturias continuaba bajo el dominio cristiano) y tras el asedio musulmán de Navarra fue capturada junto a su padre (el caudillo Fortún Garcés) y llevados hasta córdoba. Allí contrajo matrimonio con el emir Abd Allah.

Por tanto, Abderramán III, descendía no solo de un largo linaje musulmán sino también cristiano, algo que siempre tuvo muy en cuenta y que influyó de manera significativa en el amor y respeto que sintió hacia todos los rincones de la Península Ibérica.

Evidentemente, durante la expansión de su imperio batalló, atacó e intentó conquistar numerosas poblaciones; pero esto no es algo diferente a lo que otros grandes estadistas han realizado en sus conflictos bélicos.

Por último, cabe destacar que el motivo por el que en Cadrete había un busto conmemorativo de Abderramán III (y que tanta polémicas ha levantado su colocación en 2016 y reciente retirada) es debido al castillo que este califa mandó construir en las inmediaciones de la población zaragozana (Castillo de Cadrete, declarado de ‘Bien de interés cultural’ en 2006 por el Ministerio de Cultura de España). Dicha la fortificación, construida en el año 935, le sirvió para comandar el asedio a Zaragoza (Saraqusta), en aquellos momentos bajo control de los rebeldes tuyibíes, que llevó a cabo durante dos años.

Fuente de la imagen: Wikimedia commons

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