A los tiburones no les afecta que nademos con ellos

Tiburones del atolón Palmyra. Crédito: Darcy Bradley

Dependiendo de nuestros gustos e intereses, nadar entre tiburones nos puede parecer una magnífica experiencia o una forma de arriesgar la vida sin la más mínima gracia. Pero lo que no podemos negar es que se trata de un negocio multimillonario en mucho lugares del mundo. Pero ¿qué impacto tiene sobre los propios tiburones? Esta pregunta es la que pretende responder un artículo reciente.

Como bien saben los buceadores – y se ha demostrado en distintos artículos científicos – los tiburones tienden a evitar a los humanos. En contra de lo que se podría pensar, estos peces muestran un comportamiento de huida cuando detectan seres humanos.

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Y sin embargo, las jaulas sumergidas que permiten acercanos a ellos funcionan. Lo hacen porque están cebadas. Es decir, se ofrece comida a los tiburones para que se acerquen. La duda que existe es si con esta práctica lo que se consigue es acostumbrar a los tiburones a la presencia de seres humanos, y con ello se combate el comportamiento natural de huida.

La idea es sencilla: diseñar un estudio que permita comprobar si los tiburones se acostumbran a la presencia de humanos o si, por el contrario, aprenden a evitar estas zonas. Pero claro, ponerlo en marcha no lo es tanto… porque resulta casi imposible encontrar lugares donde la influencia humana no sea clara, patente y constante.

Casi imposible, pero existe un lugar así. El atolón de Palmyra se encuentra en mitad del océano Pacífico, y es una libre de impactos humanos casi por completo: es un refugio marino, donde está prohibida la pesca, las embarcaciones a motor y otras actividades con impacto sobre la fauna.

Salvo por un detalle: el atolón cuenta con un centro de investigación. Y en este centro se realizan inmersiones para estudiar la fauna. Vaya, que en las aguas que rodean al atolón hay zonas donde los buceadores son comunes y otras donde los humanos apenas tienen presencia. La localización perfecta para un estudio como el que se propone.

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Ya tenían el lugar, así que los científicos necesitaban recoger los datos. Para ello emplearon pequeños vehículos sumergibles dotados de cámaras, que permitían recoger información sobre el comportamiento de los tiburones. Los vehículos iban cebados – es decir, llevaban carne para atraer a los escualos – para simular la situación real.

Y lo que descubrieron los científicos es que no existía cambio en el comportamiento. Que los tiburones ni incrementaban su tendencia a huir, ni se acostumbraban a la presencia humana. En definitiva, que la práctica de nadar con tiburones no tiene un impacto sobre estos animales. Ni para bien ni para mal.

Lo que son buenas noticias. Por una parte, porque el buceo bien regulado no afecta a los tiburones. Pero también porque los resultados demuestran que estas prácticas se pueden emplear para estudiar mejor a los escualos, y con ello protegerlos.

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