Dos años de la explosión en Beirut, la catástrofe que profundizó los males endémicos de Líbano

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AFP - JOSEPH EID

Este 4 de agosto se cumplen dos años de la explosión en el puerto de Beirut, en la que estallaron 2.700 toneladas de nitrato de amonio, causando la destrucción del centro de la capital, más de 200 muertos y 6.500 heridos. Entonces, se puso de relieve el desgobierno y la crisis endémica que sufre el país a todas las escalas. En la actualidad, todavía urge una investigación independiente sobre lo ocurrido en 2020, tras el estancamiento de las indagaciones impulsadas por las autoridades locales.

Un país en una debacle perpetua. La explosión en el puerto de Beirut, la capital del Líbano, que este jueves 4 de agosto cumple su segundo aniversario, no fue sino la guinda que evidenció la crítica situación socio-política y económica que vive la nación mediterránea.

Hace dos años, más de 2.700 toneladas de nitrato de amonio dejaron más de 200 muertos y más de 6.500 heridos, además de acabar con el paisaje urbano de gran parte de Beirut. En la actualidad, las causas de la deflagración que antecedió a la explosión no se han investigado a fondo y la sociedad libanesa continúa exigiendo responsabilidades, un pedido al que se han sumado numerosas ONG.

La de Beirut es una de las explosiones no nucleares más devastadoras de la historia, pero dos años después ningún alto cargo ha sido llamado por la Justicia a rendir cuentas.

"Llamamos a los miembros del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas a que presenten en la próxima sesión del órgano en septiembre de 2022 una resolución que despache sin demora una misión de investigación independiente e imparcial para la explosión del 4 de agosto de 2020 en Beirut", dijeron una decena de organizaciones internacionales en una misiva conjunta.

Además, denunciaron que las pesquisas que tuvieron lugar en los días posteriores a la catástrofe sufrieron "repetidas" obstrucciones de las autoridades libanesas.

Tarek Bitar, el magistrado que lidera la investigación, acusó a cuatro ex altos cargos del Gobierno por delitos de homicidio intencional y negligencia. En paralelo, algunos de los representantes políticos que podrían estar presuntamente implicados en el suceso presentaron a lo largo de estos últimos años más de una veintena de solicitudes contra los jueces que llevan el caso.

La última de las enmiendas llegó a suspender la investigación a finales de diciembre de 2021, con lo que todavía no se han retomado las indagaciones promovidas en el interno de la nación, un extremo que la sociedad considera un ejemplo más de la corrupción que envuelve a la clase política.

Bitar, además, no es el primer juez a cargo del caso. El primer magistrado fue expulsado luego de que dos ministros del Gobierno pusieran sendas denuncias en su contra. Ahora, el fantasma de que se pueda repetir el mismo modus operandi contra él genera zozobra entre las víctimas, que cada vez ven más lejos su reparación.

Así las cosas, "está ahora más claro que nunca que la investigación doméstica no puede impartir justicia, haciendo todavía más urgente el establecimiento de una misión de investigación encargada por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU", subrayaron las ONG en su comunicado.

Críticas a Macron por "recular" en su petición de una investigación independiente

Por su parte, Human Rights Watch (HWR), firmante de la petición a Naciones Unidas, denunció que el presidente francés, Emmanuel Macron, "reculó" en su promesa inicial, hecha en su visita después del estallido, de promover una investigación internacional, lo que pone palos en las ruedas a que las pesquisas puedan llegar a buen puerto.

Macron "ha desempeñado un papel muy problemático en este asunto y hay otros Estados que estuvieron o están interesados en hacerse cargo de la resolución ante el Consejo de Derechos Humanos para establecer una misión de investigación, pero nadie quiere actuar en relación al Líbano sin la luz verde de Francia", dijo Aya Majzoub, investigadora de HRW.

Por su parte, el papa Francisco también se pronunció sobre la tragedia libanesa de 2020 y exclamó que la sociedad debe ser reparada tras la catástrofe porque "la verdad nunca puede ser ocultada".

En su alocución semanal, el sumo pontífice de la Iglesia católica expresó su deseo de que la nación oriental pudiera pronto ser protagonista de su "renacimiento" y, con la ayuda internacional, convertirse en una tierra en paz y plural, donde todas las confesiones puedan convivir en armonía.

El colapso de los silos, símbolo de la magnitud de la catástrofe

El pasado 30 de julio, casi por azar, y en simultáneo a la trágica efeméride, colapsaron parte de los silos del puerto de la capital libanesa, último reducto en pie tras el estallido de 2020 y que se cree sirvió de dique de contención para minimizar los efectos de la onda expansiva en el oeste de la urbe luego de la explosión.

El granero, que permaneció en llamas durante varios días y ya había sido epicentro de otro incendio a principios del mes de julio, continuaba abandonado. Las condiciones climatológicas, sumadas a la fermentación de maíz y trigo que estaban allí desde el estallido del 4 de agosto de hace dos años, no evitaron el derrumbe parcial de la estructura.

La nula actuación de los equipos de bomberos, que por orden del Gobierno no trabajaron en las labores de extinción para evitar riesgos para su salud generó, no obstante, polémica entre los ciudadanos de la capital, que consideraban los silos un símbolo de la resistencia en Beirut.

Hace dos años, el Ejecutivo fue también blanco de la detracción social tras el deceso de varios bomberos que luchaban contra la deflagración que precedió a la explosión.

Un país ad portas del colapso económico

Desde la explosión del 4 de agosto de 2020, la ya precaria situación económica de Líbano no ha hecho más que empeorar. Las ayudas económicas para la reconstrucción de viviendas, negocios y otras infraestructuras, en la mayoría de los casos sólo procedieron de organismos de asistencia humanitaria. Pero la catástrofe sólo vino a agravar y dejar en el abismo un panorama que ya estaba previamente en estado crítico.

Hoy, el 80% de la población libanesa vive por debajo del umbral de la pobreza y la inflación acumulada en lo que va de año roza el 40%. Por su parte, el aumento del costo de los alimentos alcanza el 500% y la devaluación de la divisa nacional, la libra libanesa, ha perdido el 90% de su valor en los últimos tres años.

La escasez de productos básicos es también una constante desde 2019, año en que tuvieron lugar unas masivas protestas contra la clase política del país mediterráneo.

En los últimos meses, la guerra entre Rusia y Ucrania, principales proveedores de trigo para el Líbano, ha condicionado aún más la situación. El Gobierno no dispone de liquidez para subsidiar buena parte de la compra de harina, por ejemplo, y la falta de bienes de primera necesidad se ha hecho más visible.

La ausencia de pan de pita ha generado tensión entre comerciantes y clientes, que hacen largas filas para conseguir uno de los ingredientes elementales de la gastronomía local.

Así las cosas, el Ministerio de Economía ha venido denunciando en los últimos meses que los negocios están comerciando con harina de trigo subsidiada y vendiéndola en el mercado negro al doble de su precio real.

En este sentido, el desembarco en los próximos días de 27 mil toneladas de grano ucraniano en la ciudad de Trípoli puede ser un revulsivo para tratar de amainar la situación.

El pasado abril, el Gobierno llegó a un acuerdo preliminar con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para el desembolso de una suma de aproximadamente 3.000 millones de dólares en un plazo de cuatro años, que obligaría a llevar a cabo una severa reforma económica cuyo costo político es elevado, en un territorio donde la parálisis entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo impiden desarrollar proyectos ambiciosos.

Por su parte, las estimaciones del mes de mayo del Banco Mundial asumieron que la economía libanesa sufriría una contracción del 6,5% a lo largo del presente ejercicio si no se presentan medidas de calado.

"El retraso continuo y deliberado para abordar los factores causantes de la crisis no solo representa una amenaza a nivel socioeconómico, sino también un riesgo de fracaso sistemático por parte de las instituciones estatales y de presión sobre una paz social ya frágil", dijo entonces Saroj Kumar Jha, director regional del ente supranacional.

Para el Banco Mundial, los políticos del Líbano crearon un sistema "disfuncional" y un Estado que no garantiza la preservación de su gobierno frente a los conflictos.

Por supuesto, la crisis también es política

Aunque la explosión en el puerto de Beirut exacerbó el desgobierno que sufre el país desde hace años, la última gran crisis inició en 2019, con numerosas protestas sociales en contra de propuestas de reformas económicas que ahogaban aún más a la clase media. En los siguientes tres años, las dimisiones se cuentan por decenas y los recambios en el poder han sido numerosos, pero esto no ha tenido mayor reflejo en la realidad diaria.

La Unión Europea hizo un llamado la semana pasada para que Líbano forme su nuevo gobierno luego de las elecciones parlamentarias del pasado 15 de mayo. Asimismo, desde el club comunitario se instó a la nación mediterránea a impulsar definitivamente las reformas necesarias para dar salida al acuerdo con el FMI.

"La Unión Europea y sus Estados miembros siguen muy preocupados por la grave crisis socioeconómica que atraviesa el Líbano y su impacto en todas las poblaciones vulnerables del país", indicó Josep Borrell, alto representante de la UE para Asuntos Exteriores.

Tras los comicios y el nombramiento de Najib Mikati como primer ministro el pasado 23 de junio, “la formación del gobierno es ahora imperativa”, exhortó Borrell.

En el país, rige un sistema de reparto de poder entre las confesiones católica maronita y musulmana chiita y sunita, cuyos representantes ocupan los cargos de presidente, primer ministro y presidente del Parlamento, lo que hace que los altos mandos no gobiernen para la mayoría sino para sus fieles.

Este sistema, que la clase política se niega a reformar o superar, ha sido el germen de la parálisis, que sumado a todos los demás agravios, han imposibilitado que Líbano recupere el impulso y salga adelante.

Con información de EFE, Reuters y medios internacionales

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