Un año de la vacuna en España, un "hito sin precedentes" que recordarán generaciones

·12 min de lectura

El 9 de noviembre de 2020, cuando todavía no habían pasado doce meses desde el descubrimiento del SARS-CoV-2, la farmacéutica Pfizer dio la campanada al anunciar no sólo que había desarrollado una vacuna contra el coronavirus, sino que además era “eficaz en un 90%”. La noticia se entendió como un soplo de esperanza en un año marcado por los confinamientos sobrevenidos desde marzo. Muchos expertos, en cambio, se lo tomaron con escepticismo y rebajaron las expectativas sobre la fórmula. “Con suerte, tendremos datos fiables para febrero [de 2021]”, dijo entonces un inmunólogo a El HuffPost.

Si algo nos ha enseñado esta pandemia es que no hay que dar nada por sentado. Tres semanas después de que Pfizer y el laboratorio BioNTech hicieran públicos los resultados preliminares de su vacuna, Reino Unido era el primer país del mundo en aprobarla. El 21 de diciembre de 2020, llegaba la autorización de la Agencia Europea del Medicamento (EMA), y seis días después Araceli Hidalgo se convertía en la primera persona en recibir la vacuna de Pfizer/BioNTech frente al covid en España. Más de uno y más de una se emocionó aquel día con Araceli, erigida en símbolo.

Casi nadie, en primer lugar los científicos, confiaba que en tan poco tiempo pudiera desarrollarse una herramienta tan eficaz contra el virus que había puesto patas arriba el mundo en cuestión de meses. Hoy, esos mismos expertos reconocen su estupefacción —para bien— al comprobar que el 27 de diciembre de 2020 la vacunación frente al coronavirus era una realidad en España, y que antes de que se cumpliera un año de aquella fecha, el pasado 15 de diciembre, los niños de entre 5 y 11 años ya recibían sus primeras dosis.

Las generaciones futuras siempre hablarán del éxito sin precedentes, del hito histórico, de tener en tan pocos meses varias vacunas disponiblesMarcos López Hoyos, presidente de la Sociedad Española de Inmunología

“No ha habido un hito igual en la historia”, comienza el doctor Marcos López Hoyos, presidente de la Sociedad Española de Inmunología (SEI). “El 30 de diciembre de 2019 apareció la infección, y en julio de 2020 ya había diseños de vacunas y se estaban haciendo los ensayos de fase 1 y fase 2”, recuerda. Un proceso que habitualmente tarda “diez años” se llevó a cabo en alrededor de seis meses, y más que una preocupación esto era digno de admiración. “Creo que las generaciones futuras siempre hablarán del éxito sin precedentes, del hito histórico, de tener en tan pocos meses varias vacunas disponibles para hacer los ensayos, sacarlas adelante y vacunar a toda la población”, resume López Hoyos.

El inmunólogo hace referencia a “varias vacunas” porque, efectivamente, la de Pfizer dejó de ser ‘única’ enseguida. Moderna (6 de enero de 2021), Astrazeneca (29 de enero) y Janssen (11 de marzo) se fueron sumando en las siguientes semanas a la lista de fórmulas aprobadas en la Unión Europea.

“Ha sido una revolución científica sin precedentes”

Si López Hoyos lo describe como “hito”, el inmunólogo David Bernardo, del Instituto de Biología y Genética Molecular de la Universidad de Valladolid-CSIC, habla de “revolución”. Y se refiere, más concretamente, al desarrollo de las vacunas de ARN mensajero (Pfizer y Moderna): “Ha sido una revolución científica sin precedentes”. “Hasta hace dos años, a mis alumnos les decía que el futuro iban a ser las vacunas de ARN o de ADN porque iban a ser rápidas, baratas y eficientes, pero que había que investigar. Fue llegar ‘santa Covid’ con dinero para poder desarrollarlas y se convirtieron en lo que los inmunólogos ya predecían. Ha sido una auténtica revolución”, insiste Bernardo.

Según un estudio de Médicos del Mundo, la inversión pública y filantrópica sólo en investigación y desarrollo de las vacunas frente al covid asciende a casi 5 billones de euros. Lo que Bernardo llama “santa Covid” es lo que el epidemiólogo Mario Fontán elabora de la siguiente manera: “El éxito sin precedentes de la vacuna se explica muy bien porque esta pandemia ha afectado principalmente a los países ricos, así que se ha movilizado tal cantidad de recursos que se ha dirigido todo por y para esta enfermedad, pues se necesitaba una herramienta que permitiera seguir funcionando con normalidad”. “A nivel científico, es un logro y una herramienta decisiva que cambia el impacto de la pandemia en sus peores consecuencias”, concede Fontán.

El éxito sin precedentes de la vacuna se explica muy bien porque esta pandemia ha afectado principalmente a los países ricosMario Fontán, médico especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública

Con las vacunas de BioNTech/Pfizer y Moderna se introducen en el organismo nanopartículas lipídicas que contienen ARN mensajero con instrucciones para que nuestras células fabriquen proteínas S similares a las del virus. Así, nuestro organismo reconoce que esta proteína no debería estar en el cuerpo y produce anticuerpos y linfocitos T frente a ellas, protegiéndonos en caso de que el verdadero coronavirus entre en contacto en el futuro.

Los científicos llevan dos décadas investigando las vacunas de ARN mensajero, pero hasta el año pasado eran “experimentales”, explica David Bernardo, pues su potencia hacía que el sistema inmune “reaccionara con mucha fuerza” contra ellas. “Las investigaciones de estos meses nos han permitido aprender a encapsularlas para que sean efectivas y seguras”, añade el inmunólogo. Además, “esto nos permitirá desarrollar otras vacunas frente a otros virus, bacterias, etcétera, de forma mucho más efectiva”, celebra Bernardo. “Es un gran adelanto que nos ha traído la pandemia”, coincide su colega Marcos López Hoyos.

Entonces surgieron las dudas iniciales...

El hecho de ser vacunas nuevas, basadas en genes y desarrolladas con tanta rapidez también levantó suspicacias entre la población. A David Bernardo le hace gracia cuando alguien comenta que las vacunas de ARN mensajero vuelven “transgénica” a la gente. “Ojalá fuera tan fácil”, responde, entre risas. “Hay tratamientos contra tumores que sí consisten en hacer los linfocitos transgénicos y cuestan medio millón de euros. Ojalá fuera posible conseguirlo con una vacuna de 9 euros a precio de coste”, comenta Bernardo.

Una sanitaria vacuna a un policía contra el covid, en el Hospital Isabel Zendal de Madrid, el 1 de junio de 2021.   (Photo: Eduardo Parra/Europa Press via Getty Images)
Una sanitaria vacuna a un policía contra el covid, en el Hospital Isabel Zendal de Madrid, el 1 de junio de 2021. (Photo: Eduardo Parra/Europa Press via Getty Images)

Curiosamente, las principales dudas de la población recayeron después sobre la vacuna de AstraZeneca —esta más ‘convencional’, basada en vectores víricos— por su relación con un raro efecto secundario que producía trombos en algunos vacunados. Y por los dimes y diretes entre la compañía farmacéutica anglosueca y la Comisión Europea, que ejerció la compra centralizada en la UE y acabó denunciando (y después retirando la demanda) contra AstraZeneca por incumplimiento del contrato inicial en el envío de dosis.

Al margen de ese traspiés, la compra centralizada de vacunas por parte de la Unión Europea demostró ser un éxito. Y en España, la inicial reticencia sobre la vacunación fue disipándose a medida que el proceso avanzaba, que tus padres, vecinos y amigos se vacunaban, y que se empezaba a ver que los beneficios superaban con creces los posibles riesgos: se calcula que sólo en el primer trimestre de 2021 las vacunas evitaron 3.500 muertes en residencias de ancianos, los lugares más castigados de la pandemia.

... y vino el éxito español, algo “histórico”

Así, si en septiembre de 2020, antes de la aprobación de las vacunas, un 35% de los españoles decía no estar dispuesto a vacunarse, en junio de 2021 el porcentaje bajaba al 3,4%. Actualmente el 92% de la población mayor de 12 años ha recibido al menos una dosis de la vacuna, siendo España uno de los ejemplos a seguir en el mundo en cuanto a vacunación. Porque el primer reto era tener vacunas, y el siguiente ponerlas.

En esto hubo también agoreros —principalmente en la oposición al Gobierno— que desacreditaron el compromiso del Ejecutivo de Pedro Sánchez de tener vacunada al 70% de la población antes de que acabara el verano de 2021. El reto era difícil, pero se cumplió.

El pasado 31 de agosto España marcó un hito “histórico”, un hecho “absolutamente excepcional”, en palabras de Amós García Rojas, presidente de la Asociación Española de Vacunología (AEV). “En ocho meses se han administrado más de 66 millones de vacunas en nuestro país, algo que no se ha hecho en la vida”, comentó entonces García Rojas en declaraciones a El HuffPost. “Estamos en una situación envidiable y envidiada por nuestra capacidad vacunadora”, reconoció el vacunólogo.

En ocho meses se administraron más de 66 millones de vacunas en nuestro país, algo que no se había hecho en la vidaAmós García Rojas, presidente de la Asociación Española de Vacunología

De nuevo, los más descreídos celebran ahora haber estado equivocados. “Yo era bastante escéptico con el tema de la vacunación, y finalmente ha sido muy, muy positivo”, admite Manuel Franco, portavoz de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS). “No sólo porque hayamos tenido diferentes fórmulas, sino porque en España ha funcionado una cosa fundamental: con el sistema de salud pública y la distribución de las vacunas, en conexión con nuestro potente sistema nacional de salud, la vacunación ha sido fantástica”, recalca el epidemiólogo.

Comienza la vacunación infantil frente al covid en Toledo, el 15 de diciembre de 2021. (Photo: Pablo Blazquez Dominguez via Getty Images)
Comienza la vacunación infantil frente al covid en Toledo, el 15 de diciembre de 2021. (Photo: Pablo Blazquez Dominguez via Getty Images)

“Hay que dar las gracias a la población española, a los sanitarios, al sistema de salud pública, al Ministerio de Sanidad, a la Unión Europea”, enumera Manuel Franco. “Hasta que no hemos puesto las vacunas, habíamos sido algo escépticos. Pero ahora mismo es algo de lo que debemos congratularnos”, resume. “Hemos demostrado que podemos, que sabemos hacer las cosas bien, y al final España y Portugal le han sacado los colores a mucha gente”, comenta Franco, en referencia a las altísimas tasas de vacunación de la Península Ibérica pese a ser considerados en Europa países desaventajados por su economía.

España ha vacunado a porcentajes altísimos de su población y ha logrado hacerlo muy rápido, pero, además, ha vacunado “muy bien”, según los expertos, que califican de éxito rotundo el plan del Ministerio de Sanidad de ir inoculando por grupos de edad y vulnerabilidad, empezando por las residencias. Así, a principios de marzo, el 96% de las personas institucionalizadas tenían al menos una dosis puesta. Otros países que empezaron a vacunar antes, como Israel o Estados Unidos, no han conseguido coberturas tan elevadas entre su población más vulnerable. Finalmente, la confianza en el sistema funciona.

La “maratón” no ha terminado aún

El proceso de inmunización era como una “maratón”, describe Manuel Franco, y esta “no ha terminado todavía”, añade el portavoz de SESPAS. Si algo ha demostrado, también, esta pandemia es que todo lo que sube baja y que cuando parece que el virus duerme resulta que sólo estaba cogiendo más fuerza.

Algo así ha ocurrido en las últimas semanas en Europa con el latigazo de la variante ómicron, que vuelve a llevar al sistema sanitario al límite poco antes de Navidad, y pese a las altas tasas de vacunación en el viejo continente. Probablemente hay que mirar más al sur para entender la raíz de este (nuevo) problema.

La vacuna ha sido, por un lado, fuente de muchas alegrías, pero por otro lado no ha dejado de ser un reflejo de la desigualdad a nivel mundialMario Fontán

“La vacuna ha sido, por un lado, fuente de muchas alegrías, pero por otro lado no ha dejado de ser un reflejo de la desigualdad a nivel mundial”, apunta Mario Fontán. Pese a los llamamientos a la solidaridad y a las advertencias de lo que podía ocurrir con medio mundo sin vacunar, a día de hoy apenas el 8% de los habitantes de países en desarrollo ha recibido al menos una dosis de la vacuna.

“La gran sombra” de las vacunas

“Esa ha sido la gran sombra de las vacunas”, sostiene Fontán. “Estamos vacunando más con terceras dosis en nuestro entorno que en otros países con primeras dosis, y ese desajuste es un síntoma de fracaso como modelo de sociedad a nivel mundial”, lamenta el epidemiólogo, que no puede disociar el éxito de la vacunación del hecho de que se hayan priorizado los beneficios de las empresas sobre todas las cosas, que Occidente se haya negado a suspender temporalmente las patentes para que el resto de países pudiera utilizar la vacuna, o incluso que haya rechazado “compartir la tecnología que permite desarrollar vacunas en otros países”, critica Fontán.

Paradójicamente, y como venían alertando los expertos, una mutación del coronavirus detectada en Sudáfrica a finales de noviembre es la que ha puesto de nuevo en jaque a los países ricos. Y se ha demostrado que las vacunas funcionan, sí, pero también que por sí solas no son suficientes para atajar la epidemia.

Se ha demostrado que las vacunas funcionan, pero también que por sí solas no son suficientes para atajar la epidemia

Las vacunas contra el covid no son esterilizantes; esto es, no impiden la infección, pero sí reducen las posibilidades de contagio y, sobre todo, el riesgo de hospitalización y muerte. Esto no resta valor a las inyecciones, aclara Mario Fontán, pero “una vacuna administrada en meses, cuando la transmisión está disparada, tiene unos límites en su capacidad para solucionar el problema, y eso es lo que estamos viendo ahora”, señala.

Lo que vemos es que muchos países, pese a estar bastante bien ‘inmunizados’, están marcando estos días récords de contagios en toda la pandemia, incluido España. ¿Quiere decir esto que las vacunas han decepcionado? En absoluto. Si no fuera por ellas, ahora podríamos estar viendo cifras de muertes hasta 16 veces superiores a las actuales en nuestro país.

La conclusión de Marcos López Hoyos, presidente de la Sociedad Española de Inmunología (SEI), es clara: “La investigación y la ciencia aportan y responden a problemas de la vida real y a emergencias como esta pandemia”. “El mensaje que sacamos de esto es que, por favor, invirtamos en ciencia todo lo que se pueda y un poco más”, pide el inmunólogo.

Puestos a pedir, Mario Fontán, preventivista, va más allá. “No podemos vivir como sociedad pensando que todas las pandemias las vamos a resolver con vacunas”, advierte. “También hay que preguntarse si nuestras actividades humanas, si nuestro sistema productivo, si nuestras prácticas favorecen estas zoonosis, estos saltos de animales a humanos susceptibles de generar pandemias, tal y como nos dice la ciencia”, plantea Fontán. “La vacuna es un muy buen parche, pero no va a la raíz de los problemas como tal. Hay que preguntarse qué estamos haciendo como sociedad para que en los últimos 50 años haya aumentado la frecuencia de estas zoonosis”, dice.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente