El año en el que las y los superdeportistas se humanizaron

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El 2021 fue el escenario de un cambio de paradigma para el deporte mundial. De súper humanos capaces de las hazañas más extraordinarias, pero ajenos a los avatares de un individuo común, los grandes atletas pasaron a abrazar causas y mostrar sus fragilidades. Simone Biles y Naomi Osaka llevaron la bandera de la salud mental y otros deportistas aprovecharon la brecha que se abrió en la proverbial neutralidad del olimpismo para defender sus ideales.

Más alto, más rápido, más fuerte… El lema olímpico exalta la característica de los atletas capaces de las hazañas más extraordinarias, de récords que desafían los límites de la condición humana, amos y señores del asombro. Este año, las grandes estrellas del deporte lucieron, como nunca antes, cercanas a las preocupaciones de quienes los admiran.

Dos circunstancias detonaron este cambio de paradigma: por una parte figuras como Naomi Osaka y Simone Biles se atrevieron a hablar públicamente de un tema frecuentemente ignorado en el deporte: la salud mental. Por otro, la Comisión de Atletas del Comité Olímpico Internacional reinterpretó la polémica Regla 50, que protege la proverbial neutralidad del olimpismo e impedía a los atletas realizar manifestaciones durante su participación en competencias.

Hablar antes de que sea demasiado tarde

El mayor ganador de medallas olímpicas de la historia, Michael Phelps, había compartido abiertamente capítulos de su lucha contra la depresión. Pero antes y después de él, otros no habían tenido tiempo de pedir ayuda.

Fue el caso de Robert Enke, portero suplente de la selección alemana de fútbol, quien se arrojó en 2009 a las vías de un tren para poner fin al sufrimiento ocasionado por la depresión.

Jeret Peterson, atleta olímpico de esquí acrobático, se suicidó apenas año y medio después de ganar una medalla de plata en los Juegos de Invierno de Vancouver 2010 y Dave Mirra, el mejor atleta en la historia del BMX freestyle, acabó con su vida en 2016, afectado por la encefalopatía traumática crónica, un trastorno relacionado con la depresión.

María Milagros Ezquerro, exdirectora del servicio de Psicología del Deporte de la Universidad de La Coruña y autora de libros sobre el tema, aclara que la actividad atlética no predispone a trastornos mentales, pero sí puede detonarlos en individuos que ya los padecen.

“Cualquier persona, deportista o no, puede tener una cierta predisposición a ataques de ansiedad, cuadros obsesivos o cualquier tipo de trastorno con mayor o menor gravedad, pero no siempre se desencadena”, explica Ezquerro, quien ha tratado a atletas de alto rendimiento.

“Hace falta que haya en el entorno algunos estímulos que puedan precipitar que eso se ponga en marcha. Puede suceder que se disparen, por ejemplo, trastornos alimentarios en deportes en los que el peso desempeña un papel crucial, pero no sería lo mismo que la anorexia nerviosa que puede tener una estudiante, una adolescente. En general tiene mejor pronóstico porque es inducida por el esfuerzo de cara al pesaje”.

Un paso al costado que valió una vida entera

Hablar de salud mental estando en la cúspide y, sobre todo, en el momento clave de sus respectivas carreras, fue la gran lección de Osaka y Biles.

La ganadora de cuatro Grand Slams decidió no participar en Roland Garros para evadir la obligatoriedad de ofrecer entrevistas a la prensa y reveló que lidiaba con ansiedad y depresión prácticamente desde que su carrera comenzó a despegar. Luego extendió su pausa hasta Wimbledon.

Biles, la mejor gimnasta de todos los tiempos, sorprendió cuando decidió retirarse de cuatro de las finales a las que había clasificado en los Juegos Olímpicos de Tokio.

Inicialmente atribuyó su decisión al llamado “twistie”, una especie de bloqueo mental que afecta a los gimnastas cuando pierden el sentido de la ubicación espacial mientras están en el aire.

Pero luego, cuando ganó su medalla de bronce en el riel de equilibrio, reveló su verdadera lucha: “Traer el tema de la salud mental; creo que se debe hablar mucho más al respecto, especialmente con los atletas, porque sé que algunos de nosotros pasamos por las mismas cosas y siempre se nos dice que las superemos”.

Luchar por algo más que una medalla

Durante los últimos años muchos atletas se habían involucrado en causas diversas, motivados por movimientos sociales como Black Lives Matter o Me Too.

Gwen Berry emuló en el podio de los Panamericanos de Lima 2019 el famoso gesto del puño en alto en el podio que en 1968 costó la carrera de Tommie Smith y John Carlos. En esa misma justa, el floretista Race Imboden recibió el oro por equipos con una rodilla en tierra al estilo de Colin Kaepernick.

Ambos protestaban contra el racismo y terminaron con una advertencia por parte del Comité Olímpico Estadounidense, pero contener el activismo amparados en la neutralidad del deporte se volvió cada vez más complejo.

Noah Lyles corrió los Trials de Estados Unidos (selectivos de atletismo a los Juegos Olímpicos) con una mano enguantada al estilo de Smith y Carlos, y hasta Lewis Hamilton se unió al gesto del puño en alto.

Finalmente, llegó el momento de reinterpretar la Regla 50, que textualmente indica a los atletas abstenerse de hacer “ningún tipo de manifestación o propaganda política, religiosa o racial en los sitios, sedes y otras áreas olímpicas”. El texto no cambió, pero la Comisión de Atletas recomendó adoptar un marco para la libre expresión de los atletas.

Desde el mismo primer día de competencia en Tokio 2020, equipos de fútbol de cinco países se arrodillaron durante su presentación en protesta contra el racismo.

Atletas de diversas disciplinas, dentro y fuera del contexto olímpico, terminaron convirtiéndose en voces de distintas causas, desde los derechos humanos hasta la preservación ambiental.

La voz de los tenistas profesionales y el involucramiento directo de la WTA ha obligado a varios países, como Estados Unidos y Australia, a imponer un boicot diplomático a los Juegos de Invierno de Beijing 2022, ante las dudas sobre el bienestar de Peng Shuai, la excampeona de Wimbledon que denunció haber sido violada por un ex viceprimer ministro, Zhang Gaoli, aunque luego desmintiera esa denuncia.

Los derechos humanos, la preservación del medio ambiente y la no discriminación, entre muchas otras, se sumaron al repertorio de causas que ahora los atletas pueden defender aprovechando la palestra que su actividad deportiva les brinda, todo eso gracias a un 2021 en el que los súper humanos decidieron humanizarse.

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