El año que en el que se desmoronó el ideal de una vacunación equitativa y global

Dos años después de la irrupción de la pandemia de Covid-19, en algunos países las vacunas apenas están llegando y en otros la inoculación se estancó por el rechazo de una parte de la sociedad. A poco más de un año del comienzo de las campañas de vacunación, el balance revela grandes desigualdades. Un panorama que, según apuntan los expertos, muestra la urgente necesidad de la inversión en los sistemas de salud y la mejora de los mecanismos de cooperación entre países con miras a afrontar nuevas pandemias.

El año en el que se derrotaría la pandemia. Así catalogaban con optimismo los diferentes países del mundo al 2021 cuando las campañas de vacunación arrancaban en diciembre de 2020. Una esperanza que se ha visto diluida y que quedará pendiente para 2022.

El rezago en la vacunación es evidente. Los países con mayores ingresos comenzaron con campañas que avanzaban a pasos agigantados, pero que desaceleraron por la resistencia de algunos para recibir la inyección. Mientras, algunos países con menores ingresos intentan desesperadamente conseguir los fármacos para arrancar la inoculación.

Las brechas entre las regiones son evidentes y parecen aumentar con el tiempo. Y la vacunación dispar responde, según los expertos, a las desigualdades socioeconómicas entre los países, al fallo de los mecanismos de cooperación y a los motivos tanto colectivos como individuales de no recibir los fármacos.

Un año marcado por la desigual vacunación

La OMS se había propuesto el objetivo de que antes de septiembre al menos 10% de la población de todos los países recibiera los fármacos. Pero para dicha fecha, al menos 56 países no lograron alcanzar la meta.

Y a finales de octubre, cuando las vacunas de refuerzo se extendían por los países más ricos –a pesar del llamado de la OMS a una moratoria para su aplicación– se habían administrado más terceras dosis en los países de ingresos altos que el total de biológicos en todos los países de ingresos bajos.

Según afirma Francisco Becerra, exsubdirector de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y Consultor de Salud Pública, esto se puede explicar “porque en muchos países, compraron vacunas para tratar de proteger a su población”. Unas políticas que derivan en “que una gran cantidad de personas, sobre todo adultos en poblaciones de países de bajos ingresos no tengan acceso a la vacuna”.

Los datos, tras un poco más de un año de vacunación, revelan inmensas desigualdades. Según las cifras de Our World in Data, mientras que regiones como la europea, la latinoamericana y la norteamericana superan el 55% de su población vacunada; África solo ha podido inocular a cerca del 8% de sus ciudadanos. Y según resaltó recientemente la OMS, dicho continente podría no alcanzar el objetivo de vacunar al 70% de sus 1.300 millones de habitantes hasta la segunda mitad de 2024.

La disparidad tiene importantes consecuencias. Como lo comenta para France 24 Tatiana Andia, socióloga y economista experta en temas de salud pública, “como todo en la pandemia, las consecuencias son reflejo de las desigualdades que ya existían, que la pandemia profundiza, y también la desigual vacunación”. Al mismo tiempo se amplían las brechas económicas y sociales entre los países.

Por su lado, Becerra alerta de los efectos a nivel sanitario: “Por desgracia, a mayor cantidad de gente no vacunada, es más probable que la pandemia siga muy activa, pues la transmisibilidad del virus sigue”. Y agrega: “Si los países vieran que esto es un problema de seguridad pública internacional, creo que habrían actuado de una forma muy diferente”.

Así, el mundo se ve enfrentado a una cuestión moral. Una que, como resalta Becerra, “no solo se trata de dinero y de seguridad nacional. Pero por desgracia los países no están haciendo eco a este llamado”.

América Latina: brechas marcadas y sistemas de salud frágiles

El panorama latinoamericano no dista del resto del mundo. El 2021 mostró los desniveles pronunciados entre países en términos de vacunación. Si bien la media entre todos los países latinoamericanos va en aumento, esta esconde diferencias sustanciales entre los mismos.

Por ejemplo, a finales de noviembre, más de la mitad de las personas de la región estaban completamente vacunadas. Pero, al mismo tiempo, cerca de 19 países no habían alcanzado a inocular al 40% de su población.

“Cuando hablamos de medias ocultamos muchas realidades. La media regional nos hace pensar que toda la región está bien cuando hay países que no tienen vacunas suficientes o apenas están comenzando la vacunación o han dejado la vacunación a medias porque no les han llegado las vacunas que necesitan”, asegura Becerra.

De nuevo, las cifras brindadas por la Universidad de Oxford permiten comprender las disparidades entre los países. Así, se puede observar que, si bien Chile o Cuba ya superaron el 80% de su población vacunada, naciones como Nicaragua no han logrado alcanzar el 40% y hay casos como los de Haití que no han llegado ni siquiera al 1%.

Unas brechas que, como muestran los expertos, se reproducen al interior de los propios países con unas diferencias en términos de “cobertura a nivel urbano, a nivel rural, a personas indígenas o afrodescendientes”, anota Becerra.

Mientras que Andia cree que cada país de la región responde a “unas desigualdades socioeconómicas que están racializadas en unos países, mientras que en otros responden más a criterios de clase.”

En una región que superó los 1,5 millones de muertes por Covid-19 en octubre, la inequitativa vacunación ha desvelado un aspecto esencial: el atraso de los sistemas de salud. “La pandemia mostró la fragilidad de los sistemas de salud en todo el mundo. En América Latina no fuimos la excepción y aquí muchos países no están invirtiendo lo suficiente”, concluye Becerra.

Por lo que una de las grandes lecciones que deja el balance del 2021 es que “los países tienen que invertir en preparación, en prevención, en investigación y en desarrollo, y en el fortalecimiento de sus sistemas de salud de una manera muy importante”.

Además, las inmensas brechas entre los países exponen el rol clave de la diplomacia de la salud, debido a la capacidad que tuvieron muchos gobiernos en términos de negociación. Alejados de los sistemas de cooperación mundiales, optaron por llegar a acuerdos con las propias farmacéuticas.

Así lo afirma Becerra: “Aquellos países que tuvieron una mejor estrategia de hacer negociaciones bilaterales con las farmacéuticas para comprar vacunas están en una mejor situación”.

Al contrario, los países que esperaron por esquemas como Covax, que pretendían generar un sistema de distribución de vacunas equitativo, siguen atrás en su intento por encontrar fármacos para su población.

Covax: ¿un mecanismo truncado por la falta de cooperación?

El esquema global Covax defendía objetivos nobles: prometía un acceso justo y equitativo a las vacunas en todos los países del mundo. A raíz de una alianza entre Gavi, la Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias, la Organización Mundial de la Salud y UNICEF, se lanzó con la finalidad de entregar 2.000 millones de dosis en 2021.

Una meta que pronto tuvo que ser reducida a 1.425 millones. A poco tiempo de acabar el año, solo se ha alcanzado el 40% de ese objetivo.

El mecanismo ha sufrido varios problemas, entre ellos, logísticos. Covax lidió con la entrega de vacunas que ya habían caducado y con la falta de jeringas.

Al mismo tiempo Becerra asegura que una de las razones por las que Covax se ha demorado en cumplir sus promesas es porque “tiene que esperarse a que la propia OMS verifique que las vacunas son correctas, que los lugares de fabricación de las vacunas cumplen con todas las características y que los resultados de las investigaciones sobre la eficacia, seguridad y eficiencia de las vacunas se puedan demostrar.”

Sin embargo, uno de sus más grandes vacíos ha sido el incumplimiento de las promesas de donación por parte de las potencias mundiales e incluso por las propias farmacéuticas.

Ese es el caso de la Unión Europea, que prometió donar 300 millones de dosis entre 2021 y 2022, pero que hasta el momento solo ha entregado un poco más de la mitad. Y casos específicos como el español o el francés, que solo llevan algo más de 30% de su oferta. Estados Unidos, por su parte, hasta ahora ha logrado brindar el 20% de las dosis que prometió.

Lo mismo ocurre con las farmacéuticas. Según el informe ‘A Dose of Reality’, estas solo han entregado el 12% de los biológicos.

Con esas cifras en mente, Andia asegura que Covax ha sido un fracaso: “Es una catástrofe. Es un gran fallo global, de cooperación global. Su intención inicial era muy loable, es lo que esperaría cualquier ciudadano global, en medio de una pandemia que nos afecta a todos y es nivelar la cancha. Al final yo digo que es un fracaso porque no es su objetivo último”.

Las promesas incumplidas han afectado a millones de personas en el mundo. Y se les suma otro problema de grandes dimensiones: la imposibilidad de liberar las patentes.

Según Andia se trata de una equivocación mundial. “Las vacunas contra el Covid-19 deberían ser un bien público global, sin derechos de propiedad intelectual”, remarca.

¿Cómo explicar la resistencia a las vacunas?

Las calles de algunas ciudades de Austria, Bélgica, Alemania, Países Bajos, Francia y otros países europeos han presenciado manifestaciones en contra de la obligatoriedad de las vacunas y algunas medidas sanitarias. La intensidad de las protestas parece ir en aumento con cada nueva restricción.

El continente europeo está viendo, según Andia, un “surgimiento muy agresivo de los movimientos antivacunas y, en general, de la suspicacia de la población frente a la vacunación.” Al mismo tiempo existe un rechazo a la vulneración en “términos de garantías de las libertades de las personas a elegir sobre su cuerpo”.

Unos movimientos que abarcan grupos sociales diferentes, pero que persiguen un mismo objetivo: defender una noción de libertad históricamente construida. Esa es la explicación que le da Jairo Clavijo Poveda, doctor en antropología, a la resistencia de la vacunación en múltiples países europeos.

Para él, en la región latinoamericana las razones son otras. “Aquí no podemos afirmar que la gente no se vacune por un movimiento antivacunas, habrá algunas personas, pero no es un movimiento", afirma para France 24.

En cambio, en muchos casos la decisión de no recibir la vacuna en los países de la región responde a una negación al Estado. “Hay una posición política sin que la gente lo etiquete como tal, pero sí hay una resistencia frente al Estado”, sentencia el antropólogo.

Una visión que va de la mano con la explicación que le da Andia al rezago de la vacunación en América Latina: “Se trata de una desconfianza en el Estado que viene generalmente desde las minorías que ven sus políticas como una amenaza”.

Clavijo argumenta también que en varios países de la región, hay una cultura tanática, relativa a la muerte, profundamente pesimista. Se trata de una relación cotidiana donde las personas tienen “una sensación de que a la muerte se le reta.”

En paralelo, los expertos coinciden en que hay una fuerte ruptura comunicativa entre el conocimiento de los expertos y la manera en que se ha presentado la vacunación a la ciudadanía. Una que ha fallado en generar credibilidad sobre la vacunación y que ha fallado, como dice Becerra, en acabar con “la desinformación y la mala intención en redes de mensajes que crean dudas y hacen que la gente desista”.

Así, en medio de promesas incumplidas, desigualdades más pronunciadas y mecanismos fallidos, el mundo deberá hacerle frente a una pandemia que no cesa.

2022 viene con otro reto: frenar el avance de la variante Ómicron que, como muchos expertos advierten, es parte de las consecuencias del rezago de la vacunación en regiones como la africana. Y que pone en jaque, de nuevo, los sistemas hospitalarios y de cooperación internacional que siguen estando lejos de estar preparados para luchar contra futuras crisis sanitarias.

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