7 claves para elegir los mejores zapatos infantiles para el colegio

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Una mujer comprando zapatos para su hijo en una tienda. (Photo: Juanmonino via Getty Images)
Una mujer comprando zapatos para su hijo en una tienda. (Photo: Juanmonino via Getty Images)

Los días previos a la vuelta al cole son sinónimos de compras y preparativos para los padres. Aunque a muchos el uniforme escolar les viene dado, no ocurre así con el calzado, que estos días deben elegir por su cuenta.

Más allá de que parezcan resistentes o cómodos, la gran mayoría no dispone de muchas más pautas para elegir unos buenos zapatos, adecuados para el desarrollo del niño. Con estas sencillas claves de la podóloga infantil Neus Moya les será más fácil tomar buenas decisiones en la zapatería.

Cómo tienen que ser la suela y la puntera

“A partir de los 3 o 4 años, en general, la suela tiene que ser de unos 8 milímetros o un centímetro, igual por delante que por detrás (es decir, no tiene que llevar tacón) y, sobre todo, muy flexible por la zona de los metatarsianos”, enumera la experta.

Según su experiencia, “nos encontramos muchos niños que tienen que llevar colegiales que parecen auténticos zapatos de seguridad, muy duros, muy rígidos”. “Lo hacen para que les duren, porque se consideran como de trote, pero esto es fatal”, puntualiza.

Otro elemento importante que hay que tener en cuenta es la puntera, “que debe ser amplia y permitir el libre movimiento de los dedos”. Esto es así porque en el caso de “una puntera estrecha, acabada en punta, hay estudios que demuestran que da lugar a deformidades digitales (dedos flotantes, desviación de la primera falange del hallux...) y es debido a la falta de espacio en los zapatos desde bien pequeñitos”.

¿Son malos los zapatos de caña alta?

No, pero con matices. “La caña alta no importa, puede ser todo lo alta que queramos, siempre y cuando no ferulice el tobillo”, apunta Moya.

“Del tobillo para arriba, todo lo que suba el zapato tiene que ser ropa. Tiene que dar un confort térmico, pero nunca debe limitar el movimiento del tobillo, que es el que le permite al niño coger fuerza. El niño tiene que tener la libertad de mover el tobillo y poder coger esa estabilidad por él mismo”, añade.

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¿Cómo tiene que ser el calzado deportivo?

La principal recomendación de la podóloga es usar “calzado específico para actividad específica”: “Por ejemplo, si el niño hace baloncesto, no le podemos comprar unas zapatillas de running, tienen que ser de basket. Y lo más probable es que sea alta y ferulice el tobillo, porque así lo exige el deporte. Aquí tenemos que cambiar nuestras premisas”.

Como lamenta, “el problema está cuando se pone de moda llevar las deportivas de Magic Jordan para ir a clase cada día”.

¿Hay que ir cambiando mucho de calzado?

“Mientras se cumplan los criterios de zapato ergonómico, lo demás nos da igual. Recomiendo más que nada tener un par por si un día se mojan unos tener una opción válida, pero cambiar por cambiar no”, aconseja.

“Si la suela es delgada, dura y flexible, aguantará y no tenemos por qué tener muchos pares”, agrega.

Pistas para saber cuándo cambiar de talla

Como cuenta Moya, es bueno fijarse cada día en cómo está el pie del niño cuando llega a casa y se descalza: “Miras el pie, que no tenga rojeces ni nada”. Y cada dos semanas recomienda sacar la plantilla del zapato y poner el pie del niño encima: “Veremos claramente si le va grande o pequeño”.

Y avisa: “Los niños crecen de manera irregular e inconstante. Si veo que hace tiempo que no se le queda pequeño, no lo hago cada dos semanas, lo hago cada tres días porque en cualquier momento pegará el estirón”.

Menos es más para ir a la escuela infantil

En su opinión, “en la guardería hay que seguir la premisa de ‘como si el niño fuera descalzo’. Siempre lo mínimo de lo mínimo de lo mínimo”.

Para los niños que lleven menos de seis meses andando “los padres deberían luchar para ponerles como máximo un calcetín, un zapatito tipo Mocks de piel. Y una vez lleven más de seis meses andando, lo más parecido posible a un zapato de ir por casa, porque al final es lo que van a hacer”, según Moya.

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En el caso de la escuelas infantiles en las que los niños salgan a un jardín o a un huerto, sí recomienda “un zapato más específico que se pueda lavar bien. Incluso los Crocs [cuyo uso desaconseja] tampoco pasaría nada porque al final es un ratito y no pasa nada, no es ocho horas al día”.

Mejor que tus hijos no hereden calzado

La podóloga infantil se muestra contraria a que los niños hereden calzado ya usado: “Dentro de los patrones de normalidad, cada niño va según un desarrollo y un patrón torsional un poquito diferente. Un niño que tiene una caída del pie hacia dentro más acentuada que otro deforma más el zapato por dentro aunque tú no lo veas. Si se lo pones a otro, le estás fomentando que le caiga el pie hacia dentro”.

Además, cada niño tiene un pie diferente: “Tú compras un zapato que sabes que le va bien a uno, pero no sabes si le irá bien al otro”.

“Muchas madres me dicen ‘si es que está nuevo’. Si un zapato que lo pones mucho se queda nuevo es que tampoco es adecuado: los que no se rompen nunca es que son como piedras”, subraya.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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