¿Qué sigue después de los 50 millones de primeras dosis contra el Covid-19 en Francia?

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Tras un retraso en la campaña de vacunación, Francia debe cruzar en este reingreso escolar el hito de las 50 millones de primeras dosis inyectadas. Un éxito innegable para el Gobierno, pero que aún tiene una brecha, especialmente en los territorios de ultramar.

Es un desempeño inimaginable hace solo unos meses. Francia se prepara, en este inicio de mes, para cruzar el umbral de los 50 millones de vacunas por primera vez y figurar entre los líderes europeos y mundiales en el ámbito de la vacunación contra el Covid-19. Reconocido campeón de “antivacunas”, Francia finalmente ganó el título de país modelo después de un auge de inoculaciones este verano.

Entre las dificultades de abastecimiento, los contratiempos de AstraZeneca y la reticencia de parte de la población, esta campaña que comenzó a finales de diciembre ha tenido muchos giros inesperados hasta el 12 de julio, cuando Emmanuel Macron anunció la implementación del pase sanitario.

Sin embargo, el Gobierno todavía no canta victoria. “Aún queda trabajo por hacer. Todavía hay poblaciones que no están vacunadas. Están expuestas y, por tanto, de cierta forma, en peligro”, admitió el primer ministro, Jean Castex, desde el centro móvil de vacunación que visitó a finales de agosto.

Dos millones de personas frágiles a las cuales llegar

De hecho, detrás de esta cifra de 50 millones de personas que se vacunaron por primera vez, se esconden disparidades y vacíos que el Ejecutivo pretende llenar en este retorno.

Primera brecha: la vacunación de las personas mayores solo avanza al margen. Más del 11% de los mayores de 75 años y casi 9 % del grupo de 60 a 74 años no ha recibido ninguna dosis. Además, el 15% de los pacientes con enfermedades crónicas en Francia que padecen cáncer, diabetes, obesidad o hipertensión no están vacunados. A modo de comparación, sus vecinos belgas, españoles y portugueses han logrado vacunar a casi todos los grupos vulnerables.

Además de la campaña de una tercera dosis para los mayores de 65 años, “la prioridad de las prioridades son los dos millones de franceses ancianos o enfermos que aún no han sido vacunados”, ha insistido recientemente el ministro de Sanidad, Olivier Véran.

Ante los límites del efecto incentivador del pase sanitario, las autoridades han puesto en marcha recientemente nuevas medidas para llegar a aquellos franceses susceptibles de contraer las formas más graves del Covid-19 y saturar los hospitales. Así, en las próximas semanas se enviarán cartas directamente a las personas mayores para ofrecerles franjas horarias con un bono de transporte para acudir al centro de vacunación.

“Las personas mayores están todas identificadas en Francia en los registros del seguro de enfermedad, y también en los archivos del censo electoral municipal. Debería ser posible localizarlos rápidamente y acudir a ellos para ofrecerles la vacuna”, asegura el epidemiólogo Antoine Flauhault contactado por France 24 en francés. “La proporción de ‘antivax’ en estos grupos de edad no tiene por qué ser superior a la de la población general, es decir, menos del 3,5% en Francia. Por lo tanto, podemos mantener la ambición de vacunar a más del 95% de las personas mayores de 60 años en Francia”, indicó.

Vacunar mejor y a más personas

Otro eje de la estrategia francesa para este nuevo curso escolar es la vacunación de los jóvenes de 12 a 18 años, que se abrió desde mediados de junio. Para superar la actual tasa de cobertura del 64% en este grupo de edad, el ejecutivo ha decidido encomendar a las escuelas medias y secundarias a la responsabilidad de realizar campañas de vacunación.

Para ello, se ofrecen varios dispositivos: un desplazamiento supervisado de los estudiantes a un centro de vacunación o la ubicación equipos móviles dentro de las escuelas. Luego de una fase de obtención del consentimiento de las familias, comenzaron las primeras inyecciones. El Gobierno tiene como objetivo completar esta operación en dos meses.

Según Antoine Flahault, “los jóvenes de 12 a 18 años podrían incluso beneficiarse de la vacunación obligatoria. Esto aseguraría en gran medida su regreso a la escuela durante la próxima temporada de frío”, argumenta el epidemiólogo. “Debemos hacer todo lo posible para proteger a los jóvenes, pero también a toda la comunidad porque son uno de los principales impulsores del contagio actual”, señaló.

Junto con estas campañas dirigidas, el Gobierno quiere seguir impulsando la vacunación masiva, ya que la tasa de dosis se ha estado debilitando durante varias semanas. Hoy en día se administran un poco más de 100.000 primeras dosis diarias, frente a las más de 300.000 que se aplicaban a principios de agosto. Para remediar esto, las autoridades están lanzando operaciones efímeras este otoño. Así, se adelantaron campañas de vacunación el fin de semana del 4 y 5 de septiembre sin necesitar cita previa.

Maratón de vacunación en territorios franceses en el exterior

La cifra de 50 millones de vacunados también revela enormes disparidades entre la metrópoli y los territorios de ultramar, aunque la brecha tiende a cerrarse.

“Nuestro país ahora está experimentando una epidemia de dos velocidades”, dijo el portavoz del gobierno Gabriel Attal. “La vacunación sigue estando bastante débil y, aunque tiende a progresar, la situación es extremadamente preocupante”, precisó Attal.

En las Antillas Francesas, solamente el 38% de los guadalupeños han recibido al menos una dosis según la Agencia Regional de Salud. Esto contrasta con el 73% de la metrópoli francesa. Si bien la vacunación ha progresado con fuerza este verano, sigue siendo insuficiente en Martinica o Reunión, donde el 54% de la población ha recibido al menos una dosis.

Sumergida en una situación crítica, la Isla Polinesia Francesa también se embarcó en un maratón con el objetivo del 70% de vacunados. “Muchas familias polinesias han perdido a uno de los suyos por la enfermedad, esto los anima a vacunarse”, explica a AFP Daniel Ponia, encargado de vacunación en la plataforma Covid-19 del Departamento de Salud de la Polinesia, que fue a ayudar a organizar un centro de vacunación instalado en el patio de la Presidencia en Papeete, la capital.

"Perdí a una amiga mía que no estaba vacunada”, relata Lii Johr, quien llegó a recibir una dosis el sábado, a pesar de su fobia a las inyecciones. “Le tenemos miedo a la vacuna, no sabemos lo que hay dentro. Pero lo pensamos bien, no solo nos preocupa a nosotros, es global, entonces es mejor tener el pinchazo”, concluyó.

Este artículo fue adaptado de su original en francés

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