3 intoxicaciones alimentarias que pueden fastidiarte el verano

En verano aumentan las toxiinfecciones debido a las temperaturas y al descuido en el almacenamiento y preparación de los alimentos, entre otros factores.

El consumo de agua o los alimentos contaminados por gérmenes patógenos también son los causantes de esta enfermedad que conlleva problemas digestivos realmente molestos como nauseas, vómitos, diarreas (en algunas ocasiones sanguinolentas), dolor abdominal y fiebre.

El periodo de incubación puede variar entre las 12 y las 72 horas, y el malestar que genera puede durar horas o hasta una semana, dependiendo del germen causal.

En algunos casos, puede ser tan grave “que requiera la hospitalización debido a una situación de deshidratación, alteraciones electrolíticas, insuficiencia renal, afectación sistémica y shock que, incluso en casos extremos, pueden llegar a ser mortal", cuenta la Dra. Julia Ocón, miembro del comité gestor del área de nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

Las intoxicación alimentaria más común es la que se produce por Salmonella Enteritidis, siendo los huevos y derivados, la carne de pollo, pavo, vaca y cerdo, la leche y los helados, los alimentos más implicados.

Le siguen los calicivirus, incluyendo norovirus, que se encuentra en el agua, el hielo, los crustáceos, mariscos y moluscos y en las comidas de buffete.

"El Campylobacter es uno de los agentes etiológicos más comunes del desarrollo de diarrea en niños y en viajeros (diarrea del viajero) y los alimentos portadores del germen son fundamentalmente la carne de pollo aunque también la leche cruda, los quesos no pasteurizados, las carnes rojas y las aguas no tratadas", explica la experta.

El Escherichia Coli, otro de los gérmenes frecuentes en la etiología de las toxiinfecciones alimentarias, habitualmente se trasmite a través del consumo de carne triturada y poco cocinada (hamburguesas), leche, yogur, mayonesa, vegetales crudos y agua.

Se consideran alimentos de alto riesgo los alimentos frescos que contienen gran cantidad de agua como las frutas y verduras y los alimentos ricos en proteínas como las carnes, pescados, mariscos, huevos, mayonesas, lácteos y derivados (cremas y natas).

Si sospechas que puedes sufrir una intoxicación debes tomar medidas: acudir al médico de Atención Primaria para realizar una evaluación clínica general, tomar líquidos para rehidratarte y modificar la dieta.

En cuanto a la dieta, conviene reducir la estimulación de las secreciones gastrointestinales y ralentizar la velocidad del tránsito intestinal. “En las primeras horas se aconseja cierto reposo digestivo aunque el aporte alimentario debe mantenerse, en particular en el sujeto desnutrido”, aclara la experta.

Asimismo, se deben suprimir los alimentos que contienen fibra insoluble (frutas, verduras, cereales integrales y legumbres), leche, grasas, café, alcohol, chocolate y zumos de frutas muy azucarados.

En su lugar se recomienda el consumo de alimentos como el arroz, patata, zanahoria, manzana no cruda, yogur, pescado, pollo y pavo hervido.

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