Las 24 horas "salvajes" y "brutales" de Fabre logran la catarsis perseguida

Llegada a los Teatros del Canal, en Madrid, de los espectadores de "Mount Olympus. To Glorify the Cult of Tragedy", una obra del director belga Jan Fabre que, durante 24 horas, mostrará el lado más perturbador de las tragedias griegas, incluyendo sexo explícito. EFE

Madrid, 13 ene (EFE).- "Mount Olympus", la obra de Jan Fabre de 24 horas de duración que acoge los Teatros del Canal, ha logrado la anunciada "catarsis" en los espectadores, que describen como "salvaje" y "brutal" una transgresora, oscura y sexualmente explícita versión de las tragedias griegas.

Ochocientos "valientes", los afortunados que lograron una entrada en junio, han atravesado junto a la treintena de "guerreros" de la compañía de Fabre, Troubleyn, 33 tragedias, de "Antígona" a "Prometeo", de "Edipo" a "Electra", pertrechados de bocadillos, almohadas, esterillas y, sobre todo, con la energía suficiente para encarar una "odisea" que no terminará hasta las siete de la tarde.

Tan provocadora como evocadora, la obra más atrevida de Jan Fabre, con texto de Jeroen Olyslaegers, ha conseguido conducir a los espectadores hasta la "catarsis física y mental" porque, si bien el público ya llegaba animado al teatro, su entusiasmo no ha decaído con el paso de las horas.

"Es un gran espectáculo a todos los niveles. Te carga las pilas, te lleva a un mantra, una explosión que es como un fin de fiesta", ha asegurado a Efe Raquel Fernández, que ve por segunda vez -la primera en Sevilla- una obra "muy inspiradora" que, opina, sirve para "reflexionar" y "profundizar en la emoción humana".

Como ella, la mayoría de los asistentes a esa larga "bacanal" teatralizada han soportado el cansancio porque, en palabras de Juan Mortera, "la energía del escenario se contagia" con escenas muy intensas que se han representado en inglés, francés, italiano, alemán y holandés, pero que el público ha podido seguir enespañol con sobretítulos.

La esencia de las Grandes Dionisas, esa gran fiesta en honor al dios del vino, puede apreciarse claramente en todos los capítulos que conforman "Mount Olympus. To Glorify the Cult of Tragedy", donde se muestra el lado más feroz de tragedias griegas como las que protagonizan Hécuba, Edipo o Fedra.

El momento más impactante ha llegado pasadas las siete de la mañana, precisamente cuando las deserciones para echar una cabezadita eran más evidentes en el patio de butacas: Hércules lucha contra una serpiente y un actor le practica el "fisting" -introduce el puño por su ano- en representación de ese animal.

"Me ha impresionado muchísimo. Me ha revuelto el estómago", ha descrito María Ruiz sobre una situación que Jorge Menéndez no podía creerse.

"Pensaba que era un artificio hasta que he visto que incluso ha sangrado el chico", ha añadido aún impresionado el joven.

Ya se había anunciado que el sexo estaría presente en todo el espectáculo, aunque no siempre de forma tan explícita.

Antes, varios personajes repartidos por todo el escenario han protagonizado una orgía en la que fingían mantener sexo con plantas; Dioniso ha guiado un "sueño húmedo" y siete actores desnudos han bailado al ritmo de los tambores.

"Todo hombre necesita un poco de locura", han gritado estos últimos al finalizar la danza "pélvica" que ha sido muy aplaudida, quizá porque, como describían muchos de los espectadores en los descansos, los desnudos y la omnipresente carga sexual no eran "ingredientes gratuitos".

Además, y en esto han coincidido todos los asistentes preguntados por EFE, hay "una gran belleza visual" incluso en las escenas de "lavados de corazón o de hígado", potenciadas por recursos escenográficos como el humo o unas bombillas esféricas que suben y bajan.

A lo largo de la función se han programado tres paradas para dormir. La primera de ellas ha llegado a las 02:00 horas, después de que varios Narcisos se amputasen los genitales para convertirse en mujer con música de Mozart de fondo.

En esos descansos, en los que los actores se han repartido en el escenario en sacos de dormir para descansar, el público ha hecho uso de una zona de descanso con mantas y cojines, preparadas para 48 personas, y de dos "salas dormitorio" -una de 40 plazas y otra de 70- que, a la postre, han resultado insuficientes para todos los que querían dormir.

Para la actriz Irene Escolar, la experiencia en sentido global es "lo más salvaje" que ha visto nunca y, en palabras de la espectadora Paola de Diego, se trata de un maratón "brutal" en el que sorprende también la resistencia física del elenco.

Por eso, a pesar de las horas transcurridas, el público, entre el que estuvo, al comienzo, Pedro Almodóvar, sigue con atención participativa la obra, sin que decaigan los aplausos y los silbidos.

Quizá, como subraya Daniel Tena, la "catarsis" que están viviendo está condicionada por el agotamiento, "consciente o inconsciente". Y eso, recalca, puede llevar al espectador a terminar "de cualquier manera": con risas o con lágrimas.

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