2021 en El Salvador, un año entre medidas gubernamentales y protestas ciudadanas

El año 2021 estuvo marcado en El Salvador por la decisión del Congreso, de mayoría oficialista, de destituir y reemplazar a los magistrados constitucionales de la Corte Suprema de Justicia y al fiscal general, acción que provocó una condena internacional y de sectores de la oposición, que denunciaron un atropello a la separación de poderes.

Washington incluyó en una lista de actores corruptos o antidemocráticos a personajes cercanos al presidente Nayib Bukele, iniciando así las tensas relaciones que El Salvador y Estados Unidos sostienen hoy en día.

Por otro lado, el mandatario salvadoreño convirtió a El Salvador en el primer país en adoptar el bitcoin como divisa de curso legal. La medida ha sido rechazada por buena parte de la población.

Bukele también cerró la puerta a la legalización del aborto al excluir ese punto de su propuesta de reforma constitucional, dando un duro golpe a esta lucha impulsada por el movimiento feminista.

El presidente llega a la mitad de su período, según diferentes encuestas, con elevados índices de popularidad, pero ciertas decisiones como la adopción del bitcoin y su intolerancia a todo tipo de crítica o cuestionamiento han exacerbado algunas manifestaciones de rechazo dentro del país que, aunque pequeñas, pueden significar una disminución del optimismo de la ciudadanía frente al desempeño gubernamental.

Uno de los puntos críticos para el próximo año, como advierten algunos economistas, será si se concreta o no un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, en caso de que sí, significará un ajuste al cinturón de la economía salvadoreña de un 4% del Producto Interno Bruto, un apretón que podría resultar impopular para el Gobierno. De lo contrario, el país se quedaría sin un préstamo de 1.300 millones de dólares necesarios para dar un respiro a las maltrechas finanzas públicas.

Un aspecto importante a favor de Bukele y del que depende en gran parte la valoración positiva de su gestión es el control de la delincuencia y la inseguridad. Este caudal de simpatía política lo mantendrá si al menos sostiene la tendencia en la reducción de homicidios, que este año tuvo un promedio de 3 asesinatos diarios, cuando años atrás El Salvador fue considerado uno de los países más violentos del mundo.

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