2020, el año de la debacle de la derecha

Asier Martiarena
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Santiago Abascal y Pablo Casado conversan durante la sesión constitutiva del Congreso de los Diputados.
Santiago Abascal y Pablo Casado conversan durante la sesión constitutiva del Congreso de los Diputados. (Photo by Europa Press News/Europa Press via Getty Images)

El nuevo arco parlamentario dibujado por la repetición electoral de 10 de noviembre de 2019 permitió a la derecha apuntalar sus posiciones en el Congreso de los Diputados. En comparación con los resultados de las elecciones de abril, el Partido Popular engordó en 23 escaños hasta sumar 89. Y Vox pulverizó su registro previo pasando de 24 a 52 escaños. De esta forma ambos se colocaban, respectivamente, como segunda y tercera fuerza parlamentaria. Muy por delante de Unidos Podemos, presente en el gobierno de coalición con el PSOE. Sin embargo, esa pugna entre iguales, sumada al descalabro de Ciudadanos enredado en sus eternos volantazos entre la derecha moderada y el centro, es la que ha acabado de debilitar a la derecha en España.

Con un Gobierno de coalición recientemente nombrado, con importantes faltas de sintonía internas, con un creciente rechazo en las calles y en medio de una pandemia en la que a duras penas logró sacar las ampliaciones del estado de alarma, la derecha se empezó a frotar las manos en primavera ante la posibilidad de que el Ejecutivo no lograra aprobar sus cuentas quedando así asfixiado y obligado a tener que llamar a las urnas antes del segundo año de legislatura.

Para ello azuzaron a sus respectivas terminales mediáticas, instaurando el mensaje del caos en las tertulias políticas y provocando sonoras concentraciones en muchos puntos de España con especial mención a la de la ‘Caye borroka’ del barrio de Salamanca de Madrid. El trabajo de desinformación y de polarización llegó incluso a las Fuerzas Armadas con el inadmisible chat en el que se fantaseaba con "fusilar a 26 millones de personas" y defender así, ojo a la contradicción, las "libertades recortadas por el gobierno comunista de PSOE y Unidos Podemos" -y sus amigos "filoetarras", en materias tan diversas como la eutanasia, la ley de Educación o los estados de alarma derivados de la gestión de la pandemia.

La verdad, sin embargo, se opone a la mentira por muy tozuda que esta sea. Y España acaba el año con la Ley Celaá aprobada sin que el castellano sea un idioma en peligro o perseguido, la eutanasia no ha provocado la legalización del parricidio y la aprobación de los presupuestos generales del estado no han llenado el país de colas del hambre.

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Buena parte de culpa es el error táctico del PP de pasar de pugnar, y ganar, a Cs en la pelea por el liderazgo de la derecha en un terreno de juego moderado, a pelear, y enfangarse, con Vox en la pelea por el liderazgo de una derecha más escorada y en un terreno de juego más radical y resbaladizo.

Igualar su estrategia a la de Santiago Abascal para evitar ser devorado por el hermano pequeño solo ha alimentado debates que benefician a Vox más que al PP. La pugna por la bandera, el himno, la españolidad y el patriotismo han hecho que Pablo Casado haya caído en la trampa de Santiago Abascal. Asumiendo discursos impropios del líder de la oposición de un país como España como cuando llegó a compararse a sí mismo con los líderes opositores venezolanos o cubanos. Incluso llegando a decir públicamente que está dispuesto a "arriesgar su vida en esa lucha por la democracia". O intentando que fracasara el plan de rescate de Europa dejando a España en bancarrota.

Eso hace que su valoración como político no pase del 3,6. Que su papel principal sea el de intentar evitar que Vox le supere en votos en Cataluña y no el de hacer oposición al Gobierno, papel que se ha apropiado la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Casado está a tiempo de cambiar. Pero su querencia por querer liderar la derecha escorada le impide liderar la derecha.

Su estrategia ha fracasado. Y con ella, también sale perdiendo la derecha como tal. Si el PP se hubiera centrado políticamente hablando, auspiciando pactos de estado... aunque el resultado de los presupuestos hubiera sido también favorable a los intereses del PSOE, habría una gran diferencia. El PP estaría posicionado como alternativa real para gobernar España, gozando de un status de seriedad que Casado solo ha disfrutado el día que le paró los pies a Vox en el debate de moción de censura. Pero aquello le duró tan poco, que el 2020 que tan bien pintaba para la derecha en primavera ha terminado dejándole en una mala posición para arrancar el 2021.

En vídeo | Vecinos del barrio de Salamanca rechazan las “cacerolas de odio”

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