Sólo 127 camioneros extranjeros responden a la oferta de visado de emergencia de Reino Unido

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Un camionero saluda al dejar la refinería de Buncefield en Londres, el pasado domingo. (Photo: Anadolu Agency via Getty Images)
Un camionero saluda al dejar la refinería de Buncefield en Londres, el pasado domingo. (Photo: Anadolu Agency via Getty Images)

El Gobierno de Reino Unido había ofertado 300 permisos iniciales para paliar las carencias en el sector del transporte de mercancías, que ha causado una crisis de combustible. Pero su puerta abierta no se ha colapsado, no: el primer ministro, Boris Johnson, ha reconocido que sólo 127 solicitantes han respondido a la oferta de emergencia. Son 27 para conducir camiones cisterna -necesarios para la distribución de combustible- y el resto, para camiones de productos alimenticios. El déficit es de hasta 100.000 transportistas, por lo que los números no salen.

Desde el lunes, 200 miembros del Ejército colaboran en la conducción de camiones cisterna y el suministro a las estaciones de servicio, una ayuda claramente insuficiente para hacer frente a la demanda de los automovilistas.

Aunque el Brexit y sus límites de visados es el principal causante de esta crisis, a él se le suma la pandemia, que ha creado un problema por falta de mano de obra en toda Europa y EEUU.

El primer ministro, de hecho, ha vuelto a echar la culpa de la actual situación a la industria de transporte y a problemas globales derivados de la pandemia. Esto es una muestra “de la escasez global” y de las malas condiciones laborales que ofrecen las empresas, ha afirmado Johnson, antes de añadir: “Hay un problema particular en el Reino Unido. Ser un camionero puede ser un gran trabajo. Si se invierte en las áreas de servicio, en los vehículos, en las condiciones salariales, sería algo que la gente de este país querría hacer. La gente lo ha hecho durante muchos años”.

Esfuerzo a las empresas

A las empresas les ha dicho que deben adaptarse a la realidad pos-Brexit y esforzarse por atraer a mano de obra nacional en lugar de depender de extranjeros, aunque ello suponga un desabastecimiento a corto plazo. Johnson sostiene que no hay una crisis laboral como tal, ni de suministro -pese a la escasez de combustible en las gasolineras por falta de transportistas y de personal en sectores como el cárnico o la hostelería- sino que la economía británica está experimentando “la presión” que sufriría “un gigante que se levanta” tras el letargo por la pandemia.

El país se encuentra “en un punto de inflexión” para dejar atrás un sistema que dependía de “mano de obra barata y poco cualificada” foránea, en favor de una economía con sueldos y cualificaciones altos, afirmó Johnson en declaraciones a la BBC durante el congreso anual del Partido Conservador en Manchester (norte inglés).

“Si miramos la productividad del Reino Unido, hemos estado por debajo de nuestros mayores competidores durante más de dos décadas, y es porque tenemos un enfoque basado en salarios y costes bajos y las empresas “no invierten” en formación o servicios, argumentó.

El primer ministro puso de ejemplo el sector de los transportistas, del que dijo que, al no mejorar la paga ni invertir durante años en facilidades para su bienestar, se ha quedado “sin gente joven en el país que quiera convertirse en camioneros”. “Esto va a cambiar y será positivo”, apostilló.

Empleos... para británicos

Johnson indicó que el Gobierno ha recibido solamente 127 solicitudes de visados para transportistas, de 300 que ofertó con efecto inmediato para hacer frente al desabastecimiento sobre todo en las gasolineras, lo que, en su opinión, refleja “un problema de suministro global” de ese tipo de profesionales.

“Le dijimos al sector del transporte rodado: ’bien, dennos los nombres de los conductores que quieran traer (del extranjero) y les arreglaremos los visados, les daremos 5.000 visados. Y solamente han facilitado 127 nombres”, explicó.

Un portavoz de la Asociación del transporte por carretera (RHA, en inglés) dijo que el hecho de que pocos extranjeros, sobre todo de la Unión Europea (UE), hayan tramitado un visado -que les permitiría trabajar aquí hasta marzo- demuestra que los permisos a corto plazo “no son atractivos” y adujo que deberían ser al menos “por doce meses”.

Johnson insistió en que quiere fomentar la contratación de trabajadores locales en lugar de traerlos de otros países, a fin de reajustar el mercado laboral, aunque puntualmente haya puesto 5.000 visados a disposición del sector del transporte y 5.500 de la industria avícola.

“Lo que no podemos hacer es volver al viejo y fracasado modelo donde la principal línea de empleo es mano de obra poco cualificada con sueldos bajos, a menudo gente que trabaja muy duro, maravillosa y valiente, que vienen y trabajan en condiciones que son muy duras, y no deberíamos volver a eso”, ha declarado.

El Daily Telegraph, periódico de referencia de los tories, publica que el Gobierno cree que la crisis actual de suministro de productos y fuerza laboral no resulta de una mala gestión estatal sino que se debe a que muchas empresas “embriagadas de mano de obra barata” no se prepararon para las consecuencias del Brexit o salida británica de la UE. En cuanto al desabastecimiento en las gasolineras, que ha acaparado la atención informativa por las largas filas de conductores para repostar, el Gobierno insiste en que la situación se está “estabilizando” y prevé que pronto se equilibren la oferta y la demanda.

Mano dura

Además, el Gobierno británico anunció que endurecerá aún más las condiciones para obtener el estatus de refugiado o entrar de manera ilegal en el Reino Unido, según proclamó este martes la ministra del Interior, Priti Patel, ante los vítores de los militantes del Partido Conservador.

Patel mostró de nuevo la cara más intransigente del Gobierno tory, que la ha convertido en uno de los miembros más controvertidos del gabinete, para asegurar que “por fin” el sistema migratorio está bajo control, tras la salida del Reino Unido de la Unión Europea. En los momentos de zozobra que vive el Ejecutivo de Boris Johnson, el discurso inflexible con la inmigración -que ya estuvo detrás del voto británico en favor del Brexit- asegura la unidad de las bases ante las dudas suscitadas por la crisis que vive el país debido a la falta de mano de obra.

“Mi nuevo plan de inmigración ya está siendo tramitado por el Parlamento con un principio fundamental: control. Bajo este sistema, el Reino Unido será justo, pero firme”, dijo.

Y apuntó al continente para lanzar sus salvas en dirección al otro lado del canal de la Mancha: desde Calais (Francia) salen las pequeñas embarcaciones que Patel se ha marcado como objetivo frenar, aunque para ello tenga que recurrir a “nuevas tácticas marítimas para obligarles a dar la vuelta”, como dijo sin dar más detalles.

No es de extrañar, pues, que los mayores aplausos se los llevase cuando adelantó que quienes entren en su país a bordo de esas barcas no podrán aspirar a recibir asilo.

“Francia es un país seguro. ¡No hay razón por la que ningún demandante de asilo deba venir directamente de Francia!”, espetó ante el estallido del público que abarrotaba el auditorio de Manchester Central, la antigua estación ferroviaria reconvertida en centro de conferencias que acoge el encuentro anual de los conservadores.

Patel consideró “inseguro, injusto e inaceptable” el tránsito de pateras por el canal de la Mancha, que beneficia a “viles criminales que amenazan incluso con ahogar a niños para llenar sus bolsillos”.

Londres estudia desde hace semanas la forma en que las autoridades fronterizas harán retroceder a las embarcaciones con inmigrantes, después de que este año se haya incrementado su llegada a las costas británicas. A mediados de septiembre el Ejecutivo calculaba en más de 13.000 el número de personas que han cruzado el canal en 2021.

Asilo más complicado

Interior también pretende acabar con los resquicios legales que permiten a los demandantes de asilo recurrir de forma continuada cuando se les deniega la petición, así como acelerar los trámites para su expulsión del país.

“El sistema de asilo en el Reino Unido pudo haber funcionado hace veinte años, pero ya no lo hace más. Está derrumbándose por las presiones que ejercen las rutas ilegales paralelas que son facilitados con bandas de traficantes”, insistió.

Dentro de la reforma que propone la ministra, que ya ha sido muy criticada por las organizaciones de defensa de los derechos humanos, se contempla que la mayor pena por entrar ilegalmente en el Reino Unido pase de seis meses a cuatro años de cárcel.

Del mismo modo, el máximo castigo para los traficantes de seres humanos aumentará de los seis años en la actualidad hasta la cadena perpetua.

Patel aprovechó para atacar a la oposición laborista, a la que “no le importa” el impacto de la inmigración “sobre los servicios públicos, el mercado laboral y los salarios” y que defiende, a su juicio, una política de “fronteras abiertas”. “Y lo que es peor, no les preocupa garantizar que las víctimas de delitos cometidos por delincuentes extranjeros puedan reconstruir sus vidas en seguridad sabiendo que sus agresores ya no están aquí”, añadió.

Contra los ecologistas

Dentro de un discurso de mano dura que le permitiese conectar con las bases -tras protagonizar varias polémicas en los últimos meses que levantaron las especulaciones sobre su continuidad en el gobierno-, Patel prometió actuar con dureza contra los activistas medioambientales que llevan a cabo sabotajes.

“No toleraré que los supuestos ‘ecoguerrerros’ pisoteen nuestra forma de vida y desangren los recursos policiales (...) La libertad de protestar es fundamental y siempre la protegeremos, pero debe ser dentro de la ley”, dijo Patel.

Por ello, aseguró que se van a cerrar los “vacíos legales” que aprovechan los saboteadores, de forma que se aumenten los castigos por interrumpir el tráfico en una vía rápida (como han hecho en las últimas semanas los activistas de la ONG Insulate Britain)” y se criminalice la “interrupción de infraestructuras clave como carreteras, trenes o nuestra prensa libre”.

Además, se dará a la policía y a los tribunales nuevos poderes para castigar a “la pequeña minoría de infractores”.

El propio primer ministro, Boris Johnson, catalogó previamente en una entrevista a esos manifestantes de “roñosos irresponsables” y afirmó que “hacen un daño considerable a la economía” al cortar las vías.

Precisamente, será Johnson quien hoy protagonice el momento más esperado del congreso tory, al pronunciar un discurso al mediodía en el que avanzará las líneas maestras de su política para los próximos meses.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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