El 12 de octubre, explicado por quienes no tienen “nada que celebrar”

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Marcha del colectivo 'Descolonicémonos. 12 de octubre, nada que celebrar'. (Photo: CEDIDA)
Marcha del colectivo 'Descolonicémonos. 12 de octubre, nada que celebrar'. (Photo: CEDIDA)

Francia celebra su fiesta nacional el 14 de julio para conmemorar la toma de la Bastilla, símbolo del fin de la monarquía absoluta. Alemania hace lo propio el 3 de octubre, conmemorando el aniversario de la reunificación del país tras la caída del muro de Berlín. Portugal eligió el 10 de junio por la muerte del escritor Luís de Camões y, aunque durante la dictadura de Salazar la fecha pasó a llamarse ‘Día de la Raza’, con la Revolución de los Claveles de 1974 se eliminó este epíteto.

Los nombres y los símbolos importan. De hecho, Alemania descartó el 9 de noviembre, día en que realmente cayó el muro, porque esa fecha también fue en la que se produjo la Noche de los cristales rotos en 1938, el primer gran ataque nazi contra ciudadanos judíos, y los alemanes no vieron apropiada la coincidencia.

España, por su parte, no ha tenido tantas dudas. Desde 1892 celebra su fiesta nacional el 12 de octubre para conmemorar el descubrimiento de América, y la fecha se ha mantenido inalterable durante la guerra, la dictadura, la transición y la actualidad. Sólo ha variado, en ocasiones, su denominación, pasando del Día de la Raza al Día de la Hispanidad —que alcanzó su máximo reconocimiento con el franquismo— y, desde 1987, Día de la Fiesta Nacional de España. El decreto que lo establece, firmado por el entonces presidente Felipe González, dice así:

“La fecha elegida, el 12 de octubre, simboliza la efemérides histórica en la que España, a punto de concluir un proceso de construcción del Estado a partir de nuestra pluralidad cultural y política, y la integración de los Reinos de España en una misma Monarquía, inicia un período de proyección lingüística y cultural más allá de los límites europeos”.

“¿Qué es lo que hace ese día algo de lo que enorgullecerse?”

Desde hace diez años, además de todo esto, además del desfile militar con la presencia del rey y las autoridades, en Madrid y en otras ciudades españolas se lleva a cabo una celebración paralela con el lema ′Descolonicémonos: 12 de octubre, nada que celebrar’. Adriana, miembro del colectivo que lo organiza, se plantea: “¿Por qué España tiene que celebrar el 12 de octubre como su fiesta nacional? ¿Qué es lo que hace ese día algo de lo que enorgullecerse?”.

Cada año, centenares de manifestantes protestan contra “el orden colonial” y lo que, en su opinión, es el símbolo por antonomasia de este sistema: el 12 de octubre como fiesta nacional. “La iniciativa parte de personas migrantes que venimos de territorios que son excolonias, pero que vemos una continuidad muy clara entre el proceso de colonización histórica y las políticas racistas actuales”, explica Adriana, que anima a España a “tomar nota, conciencia y acción”, como ya han hecho otros países del entorno revisando sus pasados coloniales. “Desde el sentimiento y la experiencia de las personas migrantes, esas fechas y conceptos están totalmente desfasados y son hirientes”, señala.

La colonización ha sido un proceso de violencia y opresión, no es algo que pueda producir orgulloÁlex

Teniendo en cuenta las muertes, la esclavitud, las enfermedades y la imposición cultural y religiosa que llevó consigo la conquista de América, los activistas antirracistas rechazan rotundamente que se siga festejando este día. Para Álex, portavoz de la asamblea que organiza los actos este año, lo que se celebra el 12 de octubre no es “un encuentro de pueblos”, sino “una invasión violenta y un intento de aniquilación de saberes y culturas”. “La colonización ha sido un proceso de violencia y opresión, no es algo que pueda producir orgullo”, dice.

“Para nosotros, es una fecha marcada porque representa el genocidio a toda la cultura y la vida de América Latina”, critica también Edith Espínola, miembro de la Red de Mujeres Latinoamericanas y del Caribe.

Para nosotros, es una fecha marcada porque representa el genocidio a toda la cultura y la vida de América LatinaEdith Esp

Este año, además, los ánimos llegan caldeados. Primero fue la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, afirmando que “el indigenismo es el nuevo comunismo”. Luego fue el expresidente José María Aznar, burlándose del presidente de México. Ayuso subió después la apuesta reprochando al papa Francisco que pidiera “perdón” por los “pecados” cometidos en el ‘nuevo continente’. Y todo esto, con el telón de fondo del Festival de la Hispanidad promovido por la Oficina del Español de Toni Cantó, que sostiene que España fue a América a liberarla de un “poder salvaje y caníbal”.

“Ayuso y el PP han superado a Vox en los últimos días”

“Ayuso y el PP han superado a Vox en los últimos días”, opina la escritora peruana Gabriela Wiener, que acaba de publicar Huaco retrato (Penguin Random House), un libro precisamente sobre la “herida colonial” que marca todavía a migrantes como ella.

Al margen de lo que diga la derecha, la escritora y periodista dice sentir “vergüenza” por que se conmemore el 12 de octubre. “Vives aquí, eres migrante y ves que toda una nación celebra como sus fiestas patrias el día que comienza una etapa imperial, colonial, que trajo una cantidad de violencia brutal contra poblaciones enteras, su exterminio en muchos casos, su explotación, y la imposición de una cultura y una religión sobre otras… es impresionante”, zanja.

Es impresionante ver que toda una nación celebra como sus fiestas patrias el día que comienza una etapa imperial, colonial, que trajo una cantidad de violencia brutalGabriela Wiener

Así que a Wiener, después de casi dos décadas en España, “no [le] queda otra” que marchar cada año. “El 12 de octubre, nada que celebrar, todos a la plaza de Colón a un ceremonial que es un momento de reparación, con un pasacalle alegre y feliz, tan distinto a las marchas militares y los paracaidistas que se quedan atrapados”, bromea.

La huella del colonialismo en el presente

Lo cierto es que la cuestión no queda sólo en el pasado, y los activistas antirracistas ven un hilo conductor entre el imperialismo de entonces y las políticas migratorias que a día de hoy se aplican en Europa. Mantener los símbolos coloniales “sirve para poder seguir persiguiendo, deteniendo, deportando y asesinando a migrantes que vienen de las excolonias”, argumenta Daniela Ortiz, artista anticolonial y antirracista. “Es la forma que ha encontrado Europa para reproducir la violencia y la explotación que ha ejercido durante siglos, pero ahora en sus fronteras”, sostiene.

Ortiz se refiere, entre otras cosas, al goteo incesante de muertes en el Mediterráneo, a las detenciones por perfil racial que lleva a cabo la Policía, a la Ley de Extranjería española, que impide a centenares de miles de personas regularizar su estatus, o incluso al reparto desigual de vacunas en el mundo.

Es la forma que ha encontrado Europa para reproducir la violencia y la explotación que ha ejercido durante siglos, pero ahora en sus fronterasDaniela Ortiz

Para Ortiz, los homenajes a Cristóbal Colón y al 12 de octubre son, más que ofensivos, una manera de “normalizar el racismo” por la forma “en que se narra y se reivindica la historia”, dice.

La artista sabe mejor que nadie lo delicado de este asunto, y las sensibilidades que levanta en España, porque su intervención hace un año en el programa Espejo Público, de Antena 3, desencadenó una campaña de acoso y amenazas contra ella que la obligó a abandonar Barcelona, donde residía, y volver a su Perú natal.

Daniela Ortiz, con su hijo en un acto. (Photo: CEDIDA)
Daniela Ortiz, con su hijo en un acto. (Photo: CEDIDA)

Aun así, Daniela Ortiz no se arrepiente de haber aparecido en un programa de gran audiencia para hablar de antirracismo y anticolonialismo. Ella no cree demasiado en los políticos, o los papas, que se limitan a pedir perdón por lo que pasó hace 500 años. Tampoco le importan tanto “las palabras de Ayuso o de Vox sobre el tema”. “Lo que me preocupa es que su ideología no se convierta en normalización ni en ley ni en institucionalización, que no puedan ejercer violencia con esto”, aclara.

Esas personas que dicen que no hay que pedir perdón por lo que ocurrió hace 500 años son las mismas que siguen una religión que dice que el camino es el perdón

Edith Espínola, en cambio, sí que se siente concernida cuando escucha por parte de la derecha que no hay nada de lo que pedir perdón. “Es una clara muestra de clasismo y racismo, como si los indígenas que murieron no fueran personas”, sostiene. “Esas personas que dicen que no hay que pedir perdón por lo que ocurrió hace 500 años son las mismas que van a la iglesia a rezar y son muy católicas. Siguen una religión que dice que el camino es el perdón. Pedir perdón, por más que hayan pasado cientos de años, y procurar el cambio, les honraría”, opina.

A Adriana, por su parte, no le sorprenden las provocaciones que lanza últimamente el PP a cuenta de la “hispanidad”. “Es la estrategia que la ultraderecha ha utilizado en otros contextos para situarse en los medios de comunicación, para generar ruido y likes”, sostiene esta peruana de 45 años. “Nos utilizan. Se sienten en ese poder de maltratar, y de no reconocer la dignidad y el valor de otros pueblos. Se permiten usarnos, como nos han usado siempre, para sus intereses”, lamenta.

“Un patriotismo barato que está entre el ridículo y el peligro”

Para Álex, el ensalzamiento que está haciendo la derecha en torno al 12 de octubre es “un patriotismo barato, y fascista, que está entre el ridículo y el peligro”, dice, pues es consciente de que esos discursos no caen en saco roto, sino que “refuerzan el racismo, la idea de supremacía blanca, y la violencia”.

Adriana reconoce que siente “muchísima rabia” por esta oleada de declaraciones racistas en la política, pero recuerda que más allá de eso “hay un racismo estructural y cultural” en la sociedad, y no hace falta sólo “mirar a la ultraderecha”. Echa en falta, por ejemplo, que con un Gobierno progresista no se haya regularizado a las personas migrantes que viven en España, como se solicitó durante la pandemia, y como hicieron en su momento los Gobiernos de Aznar (PP) y Zapatero (PSOE).

Hay partidos más cercanos que podrían hacer algunos cambios, pero los cambios en torno al 12 de octubre y a la ley de Extranjería no son parte de la agenda

“Evidentemente, hay partidos más cercanos que podría hacer algunos cambios, pero los cambios en torno al 12 de octubre y a la sobrevivencia de las personas más golpeadas por las políticas racistas no son parte de la agenda”, critica Adriana.

Para ella, también es importante señalar que los reclamos de los colectivos antirracistas “no son un ataque personal hacia ningún español en concreto”, sino “un cuestionamiento, una reflexión que se hace a toda la sociedad”. “La resolución de las necesidades más básicas de las personas que vivimos en España pasa por los cuerpos de las personas racializadas, y eso no es la culpa individual de cada español que camina por la calle, sino una responsabilidad y un privilegio que tenemos, ante los cuales podemos actuar o no”, explica. “Pero si decidimos no actuar, de alguna manera también nos estamos responsabilizando”, razona.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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