10 pistas que te dicen que debes alejarte de ese chiringuito

Javier Sánchez

Chiringuito es, sin duda, una de las palabras más hermosas del idioma castellano. “Quiosco o puesto de bebidas al aire libre”, enuncia el diccionario sin ser capaz de captar en su totalidad el poder de atracción de esos lugares que, llegado el verano, permiten beber y comer con los pies en la arena. Esto es algo que al ser humano le vuelve loco porque permite estirar un poco más la estancia playera. Sin embargo, entre tanto chiringuito que prolifera en estas fechas hay que tener una cosa clara: no es oro todo lo que reluce. Es más, hay algunos que son una trampa para turistas o para incautos. He aquí 10 signos que nos pueden indicar que estamos ante uno de ellos. Es el momento de huir en dirección contraria.

(Foto: Pixabay)

(Foto: Pixabay)

Tenemos paella ¡y pizza! Sí, ya sabéis a que nos referimos. Se trata de esos carteles verticales que son iguales a los del restaurante cutre de tu barrio. Tienen paella, sí, pero es paella prefabricada. Y lo mismo podemos decir de la pizza. En ese chiringuito hay menos cocina que en un minipiso del centro de Madrid. Huye, incauto.

Oda a la Unión Europea. Si la carta tiene más de 600 páginas debido a que hay traducciones en todos los idiomas europeos imaginables, no lo dudes: es un sitio enfocado a turistas. Desconfía aún más si el español queda relegado por detrás del alemán y del inglés.

El síndrome del camarero tarumba. Servicio que va como loco, con la camisa blanca desabrochada, hablando a grandes voces, platos que caen, vasos que estallan contra el suelo… Si el servicio es de locura, ten en cuenta que la comida no va a ser gran cosa. Abandona toda esperanza.

Echa un vistazo a las redes. No es que los sitios de opiniones vayan a guiar tu elección, pero seguramente podrán darte algunas pistas sobre dónde te estás metiendo. Consultar Internet antes de elegir uno u otro puede proporcionarte una idea de qué te vas a encontrar.

(Foto: Wikipedia)

Pide una caña… y toma nota. Juega al detective gastrónomo y fíjate en los platos de las mesas cercanas. ¿Paella radioactiva? ¿Croquetas pedregosas? No pasa nada. Paga la caña, que seguramente será lo único que no pueden arruinar, y busca otro lugar en el que llenar la barriga.

La prueba del algodón. Ojito con la limpieza en los chiringuitos, porque el hecho de ser locales al aire libre hace que estén más expuestos a la suciedad y el desorden. Ante restos de suciedad en platos o cubiertos y manchas en manteles o servilletas, abandona el lugar lo más rápido posible.

SI hay comida expuesta, lárgate. Esto engloba cualquier posibilidad imaginable, desde pescaíto frito hasta hamburguesas ya montadas. Es verano. Hace calor. Esa comida lleva hecha desde quién sabe cuándo y eso dice muy poco acerca de la forma de trabajar de ese chiringuito.

(Foto: Flickr)

Si tienen de todo, desconfía. Las cartas kilométricas están hechas para tapar defectos. Si hay desde comida mexicana a platos tailandeses y si son capaces de ofrecer fresas o platos de caza en verano, no lo dudes: en ese restaurante tiran de congelados y no tienen especialidad alguna. Recuerda el dicho: “Quien mucho abarca…”.

Ojito con las ofertas. Hay chiringuitos que buscan la atención de los potenciales clientes con ofertas que incluyen un par de platos y bebidas a un precio muy competitivo. Recuerda: nadie regala nada. Por el mismo precio, os vamos a dar otro consejo: los precios desorbitados tampoco son garantía de nada…

Pregunta a la vecindad. Si hay alguien que puede mantenerte a salvo de los chiringuitos tramposos son los lugareños. Trata de localizar a alguien que no sea un turista y pídele una recomendación. Es casi seguro que te llevará por el buen camino hacia unos calamares frescos y deliciosos o hacia un arroz marinero de chuparse los dedos.

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